Misa Víspera de Navidad

25 de diciembre de 2025

Misa Víspera de Navidad

Misa Víspera de Navidad

¡Qué evangelio más soso y más largo con la prisa que todos parece que tenemos esta noche! La genealogía de Jesucristo nos parece indescifrable, pero es justo por esa genealogía que José y María van, porque son descendientes, él, al menos, de la casa de David, a su capital, Belén, a empadronarse.

Jesús entronca con Abraham, nuestro padre en la fe; Jesús, humano en una lista de seres humanos, Dios verdadero y hombre verdadero. Sin embargo, en esta lista de cabezas de familia que ofrece san Mateo, contrasta la presencia de cuatro mujeres. Vamos a acercarnos a ellas porque las mujeres son el signo de lo que celebramos en la Navidad.

¿Quiénes aparecen? La primera Tamar, que se hizo pasar por prostituta para dar descendencia a Judá; la segunda Rahab, la prostituta de Jericó que ayuda a huir a los enviados de Moisés a conocer la tierra prometida; la tercera fue Rut, una extranjera; la cuarta Betsabé, la mujer de Urías al que es infiel con el rey David.

Y ¿qué tienen en común? Con ellas Dios nos enseña que va a cambiar los criterios del mundo: Él se sirve de lo débil para ofrecer su gracia y perdón. Navidad es la noche de la debilidad, no la de los grandes logros humanos. Viene bien recordarlo ante tantas muestras de poder como nos permitimos estos días: Dios salva por un camino humilde y misterioso.

Pero aquellas cuatro mujeres paganas forman parte de una genealogía de judíos y gentiles, imagen de la Iglesia. Ellas son lo que somos todos, son la Iglesia. En la Navidad, Cristo ha emparentado con nosotros. Se ha hecho cercano de unos y otros. Pobrecitos nosotros si, al comer con la familia en estos días, nos pensamos que nuestra familia es el gran éxito de la Navidad. Cristo ha emparentado con todos porque se ha hecho uno como nosotros, se ha metido en nuestra genealogía, es de nuestra familia, no ha querido evitarnos, ha querido darnos su amor para que vivamos como Él nos enseña y llegar al cielo, a la casa de la que vino. Igual esta noche cenamos con muchos o con pocos, tristes o contentos, igual son más los que están o los que añoramos: hoy nuestra familia nos recuerda a la familia inmensa en la que nos introduce la Navidad, la familia de Dios.

Pero digamos una cosa más de esta genealogía: todo ese recorrido en la historia desemboca en una quinta mujer, en María. Mateo no dice en su lista que “José engendró a Jesús, de María”, sino que “de María nació Jesús”. María es el origen de nuestra familia, de nuestra fiesta, ella es la madre que acoge.

Dos últimas apreciaciones, que nos vienen esta tarde por san José. José no pasa una feliz navidad, la vive en una profunda inquietud, en una guerra interior, en una lucha exterior. En él encontramos la imagen de miles y miles de cristianos que hoy no pueden celebrar en paz como hoy hacemos nosotros. Millones de cristianos son perseguidos en todo el mundo por creer que Dios vino en la carne, nacido de María. En Nigeria, Siria, Gaza… Familias enteras, padres con sus hijos, abuelos con sus nietos, han tenido que huir de sus tierras, abandonar sus trabajos y sus bienes, a cambio de salvar su vida, una vida que sólo tiene sentido con fe. Muchos han perdido a sus familiares más queridos, no pueden reunirse en sus iglesias, con sus hermanos, con sus hijos, porque los han matado por odio a la fe en Cristo. Y los que se reúnen lo hacen bajo amenaza: nosotros andamos pensando a cuál de tantas misas de Navidad nos viene mejor ir, ellos, los que puedan, van esta noche a misa sin saber si volverán a su casa. Esto no es exigencia, es un inmenso don.

Si queremos celebrar la Navidad como cristianos, no olvidemos a nuestros hermanos que sufren hoy. Ya que Dios nos ha regalado a nosotros una fe, una iglesia, una paz, oremos por los que, teniendo ese regalo como nosotros, lo sufren de forma violenta, indigna, inhumana. Ellos nos enseñan lo que es creer en medio de la noche, de la tiniebla, de la soledad.

Por último, en José encontramos al hombre que necesita meditar el misterio, que aparece sin terminar de comprender el milagro que contempla: forma parte de algo tan inmenso que necesita profundizar más. Eso es lo que hace la Iglesia con la misa de mañana, que es distinta de la de hoy. Por eso, aunque, ciertamente con esta misa cumplimos el precepto del día de Navidad, yo les digo: hagan por ir a misa mañana, para entrar en el misterio, como san José, para acercarse un poco más al misterio de Navidad, para que mañana no sea un día de Navidad sin Dios, sino con el Dios hecho hombre, el Dios hecho hijo.

Que el Señor nos conceda a todos los creyentes en Cristo, el Verbo encarnado, una feliz Nochebuena, y mañana una feliz Navidad.