A principios del siglo IV, una mujer, Elena, la madre del emperador Constantino, emprendió una ardua búsqueda de los objetos vinculados a la pasión de Cristo en la ciudad de Jerusalén: la cruz, los clavos, la lanza… Su hallazgo supuso un auténtico impulso para la fe de los cristianos que con la libertad religiosa del Edicto de Milán se apresuraron a peregrinar, aprovechando la red de calzadas del Imperio, a los lugares de la pasión del Señor donde sucedió el misterio pascual.
A finales del siglo IV, una mujer española, Egeria, emprendió un viaje magnífico desde Galicia hasta la tierra del Señor, de Alejandría a Antioquía, pasando por el Sinaí y Jerusalén, para participar en la celebración de lo que, con el paso del tiempo, se llamaría Semana Santa. No sólo recorrió la Tierra Santa sino que, además, fue escribiendo cartas a sus amigas en España explicando lo que iba viendo y las celebraciones en los lugares del Señor.
Es decir, para los cristianos ya era prioritario no solamente celebrar el misterio pascual, sino exprimir al máximo la experiencia central de la fe, la muerte y resurrección de Jesucristo.
La fe inquieta de estas dos mujeres tiene mucho que ver con lo que nosotros celebramos hoy y con cómo lo hacemos. Egeria cuenta a sus amigas que, el domingo antes de Pascua, hoy, “al acercarse la hora undécima se lee el pasaje del Evangelio en que los niños con ramos y palmas acudieron al Señor diciendo: “Bendito sea el que viene en nombre del Señor”. E inmediatamente se levanta el obispo con todo el pueblo, y entonces, desde lo alto del monte de los Olivos, se viene, todo el mundo a pie… Todos los pequeños de la región, hasta los que no pueden andar por ser demasiado pequeños y a quienes llevan sus padres en brazos, todos tienen ramos, unos de palmeras, otros de olivos; y así se escolta al obispo a la manera que se escoltó al Señor aquel día”.
Lo hemos hecho también ahora nosotros, era todo un homenaje a Cristo Rey, un reconocimiento de su forma de entrar en Jerusalén para la pasión. La misa de hoy nos dice que Jesús entra como Rey en Jerusalén porque va a entrar como Rey en la Jerusalén del cielo. Egeria continuaba diciendo: “Desde lo alto del monte hasta la ciudad… toda la gente hace todo el camino a pie, incluso las mujeres e incluso los altos personajes, todos escoltan al obispo…; se va así muy despacio para no fatigar a la multitud de modo que ya ha caído la tarde cuando se llega a la Anástasis. Llegados allí, aun siendo tarde, se hace, sin embargo, el lucernario y después todavía una oración a la Cruz y se despide al pueblo”.
Tan detallada descripción nos ayuda a tomar conciencia de la intensidad con la que los cristianos debemos entrar en estos días santos. Situémonos bien. ¿Qué sucede en estos días, qué vamos a celebrar?
En la Semana Santa nos encontramos ante una experiencia vital, no sólo ante una tradición cultural; nosotros los cristianos reconocemos en estos días algo más que folklore, reconocemos un misterio. La paradoja del rey que es ajusticiado en la cruz, del señor que se manifiesta como tal siendo siervo, que proclamábamos en la primera y segunda lectura, no puede ser reducida a una costumbre social, ha de ser comprendida por nosotros como lo que es, un misterio que nos habla de Dios. La mayor experiencia de Dios que nos ofrece el año no la hacemos nosotros, no la cocinamos a nuestro gusto, nos la da la Iglesia: ¿Entramos? ¿Cómo de serio es esto de encontrarnos con Dios?
Cómo decidamos nosotros organizar y vivir esta semana, cuáles sean nuestras prioridades, qué estemos dispuestos o no a hacer, nos van a situar en una línea meramente cultural o en otra fundamentalmente creyente.
Desde luego que mujeres como Elena y Egeria son un modelo de cómo afrontar estos días. Dos mujeres modernas, de su tiempo, fuertes, creyentes, decidieron sumergirse con intensidad en el misterio de la cruz de Cristo, en la liturgia de la Iglesia para iluminar así su vida cotidiana. ¿Cómo de inquieta es nuestra fe? ¿Qué planes hemos hecho ya para estos días? ¿Es prioridad la celebración de la Semana Santa? ¿Cuál es nuestro esfuerzo?
Elena y Egeria nos hablan de tomar en serio estos días y apostar por las celebraciones de la Iglesia antes que por días libres: venzamos las dificultades y comodidades de este tiempo, ha comenzado nuestro camino hasta la Pascua.

