Jueves Santo

2 de abril de 2026

Jueves Santo

Jueves Santo

Como si de un díptico se tratara, la misa del Jueves Santo se entiende en un precioso contraste con los Oficios del Viernes Santo. Hoy todo sucede en casa, mañana todo sucederá en el Templo. Hoy, con una entrega, se anuncia una muerte, y mañana, con una muerte, se cumple la entrega. Un elemento común nos dice que no tiene sentido el Jueves sin el Viernes, ni la celebración del Viernes sin la del Jueves: es un cordero.

Pero, dentro de este díptico, la tabla del Jueves Santo se divide también en dos mitades: en el Éxodo, nos encontramos en la tierra de Egipto a unos esclavos, antes de comer la Pascua y pasar a la Tierra Prometida. En el evangelio, estamos ya en la Tierra Prometida, antes de celebrar la Pascua y pasar de la tierra al cielo.

En la primera lectura, la víctima es un cordero, porque se trata de un pueblo de pastores. En el evangelio, la víctima es otro cordero, porque Él es el pastor. En la primera lectura, se reúne a celebrar la familia de los israelitas. En el evangelio, se reúne a celebrar la familia de Jesús, a los que Él ha llamado y amado “hasta el extremo”.

Nuestra alegría en esta tarde es que también nosotros, como todos ellos, somos nómadas. Aquellas celebraciones rituales, la de Egipto y la de Jerusalén, anticipaban una liberación deseada. Igual sucede aquí. Dios ha realizado una elección, un pueblo, unos discípulos, una familia… si vivimos la Semana Santa como pueblo empezaremos a entenderla, pero si nos acercamos a ella como cosas que tengo que hacer, siete visitas, un ayuno, unas torrijas, entonces no, entonces ya habremos recibido nuestra paga.

Los primeros cristianos rezaban cuando celebraban la eucaristía de esta manera: “Como este pan partido estaba disperso por los montes ha llegado a ser uno, reúne así a tu Iglesia desde los confines del mundo”. El pan, que se hace con granos de trigo por miles dispersos por el campo y que son reunidos en una masa, nos dice lo que somos nosotros realmente. Si vivimos dispersos, hacemos violencia contra nosotros mismos, contra nuestra naturaleza y nuestro alimento.

Ya, pero cada uno tenemos nuestra vida, nuestros gustos, nuestra agenda… claro, pero a la hora de creer, celebrar, y vivir la fe, estamos y queremos estar unidos. Eso es creer en la eucaristía, eso es la Iglesia. El cordero se entrega para establecer un vínculo de unidad. El cordero debe ser comido para establecer vínculos más fuertes que nuestros biorritmos, un vínculo horizontal, entre nosotros, un vínculo vertical, entre nosotros y Dios.

La Iglesia no es comer, cumplir, coger mi coche y seguir, comer es querer ser un pueblo. Y se demuestra así: “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Jesús no deja una Iglesia como órgano de poder, sino como ámbito de servicio, no construye una estructura donde mandar sino una familia donde ayudarse. Porque la Iglesia no es de este mundo, como no lo es su fundador, y por eso la estructura de orden pasará, la de los santos permanecerá.

El evangelio que acabamos de escuchar es tremendamente fuerte, debió producir tal impacto en los discípulos que Juan lo consideró la eucaristía en acto. El cordero se ha mostrado como el servidor. Sólo el que venga mañana comprenderá qué es servir, ante la cruz. Y sólo el que venga el sábado por la noche descubrirá que el cordero es un león.

Dicen los expertos que la palabra Pascua viene de la raíz del verbo “saltar”. Yahveh ha saltado por encima de los egipcios, nos coge de la mano para saltar con Él. La Semana Santa no es algo que hacemos, sino algo que el Señor hace con nosotros. Lo primero es sustituible por un viaje a donde sea, lo segundo es único. Dios nos coge de la mano para saltar a una tierra nueva, viviendo una vida nueva, la de hijos de Dios, que se desvelará en la Pascua, la de su familia.

Pero ¿no es esto algo que suena a utopía? ¿será posible cambiar algo el mundo, o mi casa, desde abajo? ¿No tendrán que cambiarla los importantes, los jefes, los que salen en las noticias? ¿Qué hacemos los cristianos de El Plantío? Dicho de otra forma, ¿qué tipo de liderazgo, de sociedad, plantea Jesús hoy? Jesús nos anima a saltar con Él, que se agacha, que se quita el manto… “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

En Jesús se dan actividad y proactividad. Y ambas tienen en común el servicio a los hermanos, ¿cómo me pongo yo a disposición de quién? ¿cómo manifiesta mi vida la unidad de la eucaristía, el amor al prójimo? ¿yo qué puedo aportar? Esto no es para algunos, para el cura, es para los que venimos a comer, y es así porque somos nómadas, vamos hacia un destino: “cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”, recordaba san Pablo.

Miramos hacia un salto definitivo, por eso nuestro díptico inicial descubre ahora una tabla más. Nuestro servicio aquí salta hasta la vida eterna. Si nos encerramos en lo nuestro, no saltaremos. Pidamos al Señor que estemos dispuestos a servir como Él sirve, en la Iglesia, que para eso nos ha reunido: porque la eucaristía es para servir, manifiesta su entrega por nosotros, compromete la nuestra con Él en la Iglesia.