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	<title>Nuestra Señora del Carmen El Plantio</title>
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		<title>1</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2026/02/26/1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Feb 2026 16:48:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa]]></category>
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<div id="cmsmasters_column_" class="cmsmasters_column one_first">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">El Señor todopoderoso os purifique por el amor<br />
a quienes dispone espiritualmente por la abstinencia.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">El que os ha llevado a privaros de los alimentos<br />
os conceda gozar con él del premio de la felicidad eterna.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Que podáis producir abundantes frutos espirituales<br />
vosotros que, por medio del ayuno,<br />
procuráis vencer las pasiones de la carne.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Con el auxilio de la misericordia divina,<br />
de aquél que, en laTrinidad, único Dios,<br />
vive y reina por los siglos de los siglos.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Si el domingo pasado era Noé el personaje del Génesis que experimentaba la benevolencia de Dios y recibía su alianza, en este segundo domingo es Abraham. Cuando el Padre nos hace escuchar su voz en el evangelio: “Tú eres mi Hijo amado”, resuena de fondo como un eco la historia de Abraham con su hijo amado, Isaac, dispuesto a ser entregado. Si a Abraham su obediencia le vale un pacto, a Cristo su obediencia le vale ser hoy transfigurado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sí, escucha, cristiano, porque si cumples la voluntad del Padre, si ante el desierto y la prueba perseveras en la voluntad del Padre, serás transfigurado. La Pascua de Cristo te transfigurará a imagen de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El mensaje que subyace es claro. Merece la pena volver a mirar a Abraham hoy, dispuesto a sacrificar al heredero de la promesa por hacer la voluntad de Dios. El Padre acepta el sacrificio que no es necesario que llegue a consumar, lo sabemos bien por el canon romano, que nos dice que el Padre aceptó “el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”. Nuestra alianza con Dios se establece en un camino de obediencia. La Cuaresma quiere hacernos volver a la obediencia, una obediencia que se manifiesta en el primer mandamiento: el amor a Dios es definitivo para ser ante todos como el Hijo amado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Dios no está contra nosotros cuando nos pide obediencia, no estaba contra el Hijo. Dios, al contrario, manifiesta su voluntad de salvación cuando respondemos con obediencia. El salmo responsorial se convierte en una promesa y una intención encomiable: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. El motivo del camino vuelve a aparecer, como en el desierto el domingo anterior, pero aquí somos nosotros los que estamos dispuestos a caminar con el Señor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El camino cuaresmal tiene que conducirnos a la Pascua, a la transfiguración. La obediencia del Hijo nos desata de nuestras cadenas, como dice el salmo, para que podamos ofrecer un sacrificio de alabanza. El sacrificio de alabanza no se realiza por nuestra muerte, como tampoco por la de Isaac, sino por nuestra obediencia, como en el caso de Cristo. El bautismo nos convierte en ministros que pueden presentar ante Dios un sacrificio de alabanza, que pueden entregarle nuestra pequeña obediencia como algo que le agrada. La obediencia se aprende en la austeridad.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la Cuaresma nos habla de obediencia en este camino: solamente el que es fiel en lo poco está preparado para gestionar lo mucho. La Cuaresma es tiempo para lo que es poco, en ello es más fácil ser obediente, son menos las distracciones, Dios se hace más cercano, su presencia más viva. En la humildad de la muerte Cristo ha mantenido su obediencia, se ha preparado para gozar de las riquezas de la Pascua, advertidas ya en su transfiguración. El hombre tiene que hacer ese mismo camino. Debe gustar cómo, en el austero sacrificio, experimenta el abrazo consolador del Padre. ¿Cómo aceptamos la austeridad y la pobreza? ¿Buscamos en ellas el abrazo protector del Padre, que guarda siempre su alianza? La vida de la Pascua espera, pero la Iglesia quiere prepararnos bien para ella. Sigamos avanzando, aprendiendo que un sacrificio que agrada al Padre, que nos hace ser hijos amados por Él no pasa por los excesos o defectos, sino por la obediencia. Esta llevará a Cristo a la cruz y a nosotros a su Pascua.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El templo de su cuerpo. Jesús hablaba del templo de su cuerpo, nos dice el evangelio de hoy. El santuario hecho por hombres –dice Marcos, que hoy cede el testigo a Juan- se tiene que venir abajo para que en tres días se levante uno no hecho por hombres. El primer templo, el que Jesús purifica en el evangelio, es testigo de la desobediencia del pueblo a la Ley de Dios, enunciada en la primera lectura. El segundo es la alternativa perfecta, pues manifiesta hasta el último momento la obediencia salvadora.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia anuncia el final del Hijo, su sacrificio profetizado. Estas palabras serán empleadas en su juicio en su contra, pero en adelante, su Cuerpo resucitado será el nuevo templo desde el que se celebrará el culto anunciado a la samaritana, “en espíritu y en verdad”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Pero podemos fijarnos en la enseñanza cuaresmal que nos deja este evangelio: la fe de aquellos que vieron a Jesús purificar el templo. Este signo va a convertirse en prueba segura para los creyentes. Si el domingo pasado la obediencia provocaba el signo, la transfiguración, hoy el signo causa la fe. No se puede avanzar por la Cuaresma sin la fe. El camino por el desierto, entre pobres imágenes y visiones, se ampara en esos pobres signos para creer, y permite que el creyente no se olvide del camino que Jesús le marca, sino que siga avanzando.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El pueblo de Israel será fiel a Dios por el desierto, cumplirá los mandamientos solamente si avanza con fe. En la Cuaresma, el nuevo pueblo de Dios camina hacia la Pascua motivado por la fe en lo poco que ve: le basta para perseverar en la espera de la victoria de Cristo. Solamente la fe puede motivar que, ante un Cristo crucificado, como el que vamos a encontrar al final de este tiempo, el creyente quiera perseverar.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, la obediencia, la fe. Así, la Iglesia va entrando en la dinámica pascual. No es una dinámica que nos resulte extraña, ajena: es la que practicamos cada día en la celebración eucarística. Los signos en ella no hacen que nuestra fe se debilite: al contrario, se hace más fuerte. Los signos son pobres, humildes, pero conducen a un misterio mayor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La primera invitación será entonces a no despreciar lo pequeño al entrar en la celebración, pues tiene la misión de conducirnos a Cristo glorioso, templo nuevo, más grande, invisible. Israel avanzaba en la visión con poco que ver, el signo del maná, los pájaros que les alimentan, las columnas de fuego y nube, eran una invitación a creer, a caminar. ¿Me ayuda a creer lo que veo en la celebración de la Iglesia? ¿Hago la experiencia de buscar el Cuerpo de Cristo, de entrar confiado en él?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Hemos entrado en la segunda parte de la Cuaresma y la enseñanza se vuelve más intensa: sin la fe no podremos afrontar a un maestro que va a caer abajo cual templo arrasado, y nos precipitaremos a la desesperación antes de tiempo, antes de la Pascua. Sólo una intensa fe cuaresmal prepara a una feliz pascua. Solamente podremos, entonces, pedir al Señor en estos días que nos aumente la fe, pues la apariencia de debilidad del Maestro oculta una fuerza sólo a la vista de los corazones creyentes.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La imagen de la serpiente elevada en el estandarte de Moisés para curar a los que eran picados por la serpiente por causa de su incredulidad acerca a la segunda mitad de la Cuaresma la imagen de Cristo elevado en el estandarte de la cruz para curar a los que, heridos de muerte por el pecado, lo contemplen con fe.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia abre esta segunda mitad de la Cuaresma con una preciosa reflexión evangélica: el hombre puede renovarse, participar en la regeneración que Dios quiere para él, si cree en el Hijo del Hombre, muerto y exaltado. La Iglesia nos propone contemplar el plan de amor de Dios por nosotros, que se realiza en la cruz y se acepta por la fe: no somos ingenuos, recordamos las palabras del evangelista Juan, que advierte que cuando vino la luz, los hombres prefirieron las tinieblas. La renovación pascual no es algo mecánico, que viene y ya está: más bien al contrario, conlleva la aceptación del hombre de su propuesta, pues aunque Cristo vino para dar la vida, esta tiene que ser acogida. De lo contrario, dice el evangelio, lo que ha venido Cristo a traer es el juicio. La fe con la que se mire la cruz se manifiesta en que el creyente realiza la verdad, en que obra fielmente, según Cristo y lo que Él nos ha revelado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Que podamos renacer sacramentalmente de las aguas de la fuente bautismal en la noche pascual tiene un proceso de preparación en esa acogida del misterio del amor del Padre por nosotros, que nos ha entregado a su Hijo. Por eso, la palabra proclamada hoy nos advierte: se avecina un drama de dimensiones cósmicas, un drama porque el Hijo del Hombre será entregado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Y ante esa imagen, ¿tú que posición tomas? ¿Crees? El domingo pasado las lecturas nos presentaban la Cuaresma como un camino de fe, y hoy, ante el misterio de la entrega del Hijo, ese camino se endurece y la respuesta ya no puede esperar, es inevitable. No es una respuesta fácil: el libro de las Crónicas nos recuerda que todos despreciaban a los enviados de Dios, se burlaban de los profetas; preferían las tinieblas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Es, entonces, impresionante, cuando aparece la figura de Ciro: a pesar de la falta de fe de los hombres, Dios va a proponer un camino de vuelta a casa. La expiación, el sufrimiento, la toma de conciencia que manifiesta el salmo de hoy, son actitudes necesarias en este momento. Sí, nos hemos alejado de ti, Señor, nuestra Cuaresma es necesaria, como el tiempo de destierro para Israel, pero Tú has sacado un libertador de manera insospechada para mostrarnos tu amor. Este no es Moisés, uno de tu pueblo, es Ciro, un pagano. Uno y otro se verán superados por la entrega del Hijo. Siguiendo a Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir por Cristo”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia descubre entonces un camino de fe que está por encima de pueblos o naciones, que quiere reunir a todos los hijos de Dios dispersos en la noche de Pascua, un camino que nos propone cada domingo: El encuentro de los creyentes, de los que han aceptado la verdad de Jesucristo y la celebran. Dios tira de nosotros hacia sí con lazos de amor, de misericordia, y nos pide avanzar confiados por este camino.<br />
Por eso, si el camino de la larga Cuaresma nos agota, no dejemos de levantar la mirada: Dios sigue ofreciendo su salvación de forma insospechada, allí donde estemos y como nos encontremos.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Ha llegado la hora. La Cuaresma avanza de forma irremediable hacia su gran acontecimiento, anunciado ya en las tentaciones del primer domingo: el grano muere y da fruto. La obediencia producirá un fruto abundante, la salvación eterna, en una alianza definitiva.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para el evangelista Juan, la semilla es el mismo Cristo, que a través de su muerte va a obtener la gracia eterna para todos. No busca Juan ofrecer una mirada antropológica, una actitud humana buena en la humillación y obediencia, sino una mirada teológica, cristológica: el grano que cae es Cristo que muere y es sepultado. Su servicio tampoco es una actitud universal buena, que hay que aprender: su servicio es obtener salvación y vida eterna. Aquí no se trata de hacer por hacer, sino de abajarse para salvar, de morir para dar vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Juan plantea el itinerario que los discípulos han conocido de Cristo desde el principio, un itinerario que el cristiano escucha y recibe desde su propio principio, en el bautismo: el paso por la muerte para la resurrección es completamente normal para el cristiano, tanto como el paso por la tentación para la victoria, con el que se abrían los días cuaresmales.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Querer ver a Jesús, pero verlo bien, no de una manera curiosa sino convencida, es reconocer en Él al que muere, resucita y es glorificado. Es aceptar seguir el mismo camino. Por eso, la hora de Jesús está unida a su gloria, “ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. Sí, la Cuaresma ha sido larga, pero ha llegado la hora. Es el tiempo de la pasión que se acerca, de cubrir cruces, de preparar el corazón para aceptar ese camino.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sutilmente, la Cuaresma se ha convertido en un camino en el que experimentamos una comunión con el Señor. Tu destino y el mío. Esto no es algo anecdótico o folclórico, se trata de tu vida y de la mía con ella. Por eso vuelve a aparecer aquí el tema de la obediencia del Hijo. La obediencia del Hijo se transforma en la obediencia de quien va con Él. La carta a los Hebreos nos recuerda hasta dónde llega esa obediencia: no es una experiencia cómoda, agradable, produce “gritos y lágrimas”.Verdaderamente hace caer el grano de trigo. Sólo así dará vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La obediencia de Jesús no es una impostura, la obediencia del cristiano tampoco. No es una pose humana, es una forma de vida. Si Cristo hace ese camino de perfeccionamiento, de crecimiento en cuanto a que según se va acercando la hora también Él va aceptando el destino que le espera, también así es necesario hacer nosotros. No podemos quedarnos atrás de lo que Dios nos pide. Quien se queda atrás acoge las lágrimas para ver lo que pierde. Quien sigue a Cristo acoge las lágrimas para ver lo que gana.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la obediencia será una actitud pascual, produce “fruto abundante”. No podemos olvidar que la Iglesia nos introduce en este misterio de obediencia pascual cada día en la celebración de la Iglesia: no es nuestra, no la formamos, no la decidimos, sino que la acogemos, la queremos, nos da la gracia de la salvación.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Aquí el misterio pascual se realiza en nosotros de forma clara, somos enterrados para ser resucitados, pero para eso necesitamos un corazón puro, decía el salmo. Con un corazón puro podemos acercarnos a la Semana Santa. Con un corazón limpio veremos a Dios en el camino de la cruz. Con un corazón puro viviremos no por encima del mundo, pero sí elevados con Dios, como fruto abundante.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El deseo de la Iglesia de imitar procesionalmente la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión nos advierte de cómo la Esposa ha captado con profundidad lo que sucedió en aquella primavera en la que Jesús y los suyos entraban en la ciudad santa por las fiestas pascuales. Sin duda, la Iglesia ha captado la necesidad de que el Esposo no avance solo hacia el patíbulo: ella quiere acompañarlo, quiere compartir con Él el trago amargo del sacrificio. ¿Cómo entender, si no, la belleza de la invitación de la Iglesia a que en nuestras comunidades y parroquias imitemos litúrgicamente lo que el Señor hizo? Esto es tan cierto que la lectura de Pablo a los filipenses lo reafirma: “Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. En estos días, Cristo no está solo, Cristo es la cabeza que avanza con su cuerpo. Su padecimiento es para la salvación del mundo, por eso la Iglesia no puede abandonarlo, no puede celebrar sin más, sin moverse del templo, sin repetir con devoción el camino del Señor. Así confiesa además algo que ha aprendido desde muy antiguo: el Señor, el Rey de Israel, el Hijo de David, va a obtener por la cruz su triunfo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La subida de la Iglesia a la ciudad santa es un anuncio del triunfo definitivo que se realizará por su muerte salvadora en la cruz. Aquel camino de alabanzas y honores, de vítores y festejos, se dirige hacia la muerte del hombre, y esta hacia la muerte de la muerte, y por esta a la gloria eterna. Es por esto que la Iglesia quiere estar preparada con esta procesión para celebrar estos misterios en los que se juega la eternidad. El elemento central de la procesión es el borrico en el que avanza Cristo: sólo un rey podía entrar así en la ciudad. Ya hacía años, también en un borrico, Cristo había entrado en Egipto, lugar de la muerte en la tradición de Israel y del Antiguo Testamento, para anunciar lo que se anuncia hoy, lo que se celebra en esta semana. La llave que abre las puertas de la eternidad, del paraíso, que fueron cerradas tras el pecado de Adán, es la obediencia de Cristo. Esta obediencia se manifiesta hoy en la docilidad con la que Jesús acepta este destino macabro entre alabanzas y aclamaciones. Pero no va solo, por eso canta la Iglesia las palabras del Señor en la cruz: ella está unida a Él, ora como Él, y experimenta esa unidad para que no quede duda acerca de nuestras intenciones en esta semana. Con el relato de la pasión según san Marcos que hoy se proclama en el evangelio, la Iglesia realiza un pregón de estas grandes fiestas donde Cristo y la Iglesia van a entrar en la gloria del Padre, gloria que perdimos con nuestro primer padre, Adán. Es cierto que esto no es extraño para nosotros: cada día, esta subida al monte de la gloria se realiza en la celebración sacramental, en la eucaristía. Si en esta semana el ritmo del año litúrgico nos introduce en el mismo acontecimiento histórico de la Pascua, en cada celebración la Iglesia trae la salvación que Cristo obtuvo para nosotros por el Espíritu Santo. Así, la subida a Jerusalén terrestre se convierte en un anuncio de la subida a la Jerusalén celeste.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso, conviene que, en domingo de ramos, nos hagamos las preguntas importantes y concretas: ¿Dónde voy a celebrar la semana santa? ¿Tengo los horarios de las celebraciones litúrgicas, para ordenar el resto del tiempo en función de las mismas? ¿Estoy disponible para colaborar en mi parroquia, teniendo en cuenta la cantidad de preparativos que esta semana requiere? ¿He buscado algún tiempo diario para la oración, algún libro con el que preparar las celebraciones espiritualmente? ¿He confesado sacramentalmente para experimentar esa unión con Cristo que nos ofrece la Iglesia con esta semana? Vivamos intensamente los misterios de nuestra salvación, signo del amor de Dios por nosotros y modelo de la entrega del cristiano cada día en el mundo.</p>
</div>
</div></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>

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			</item>
		<item>
		<title>Bendición para el final de la Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/bendicion-para-el-final-de-la-cuaresma-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 13:50:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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<p style="font-size: 20px; text-align: center;">El Señor todopoderoso os purifique por el amor<br />
a quienes dispone espiritualmente por la abstinencia.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">El que os ha llevado a privaros de los alimentos<br />
os conceda gozar con él del premio de la felicidad eterna.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Que podáis producir abundantes frutos espirituales<br />
vosotros que, por medio del ayuno,<br />
procuráis vencer las pasiones de la carne.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Con el auxilio de la misericordia divina,<br />
de aquél que, en laTrinidad, único Dios,<br />
vive y reina por los siglos de los siglos.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;"><strong>Amén</strong>.</p>
</div>
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<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Si el domingo pasado era Noé el personaje del Génesis que experimentaba la benevolencia de Dios y recibía su alianza, en este segundo domingo es Abraham. Cuando el Padre nos hace escuchar su voz en el evangelio: “Tú eres mi Hijo amado”, resuena de fondo como un eco la historia de Abraham con su hijo amado, Isaac, dispuesto a ser entregado. Si a Abraham su obediencia le vale un pacto, a Cristo su obediencia le vale ser hoy transfigurado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sí, escucha, cristiano, porque si cumples la voluntad del Padre, si ante el desierto y la prueba perseveras en la voluntad del Padre, serás transfigurado. La Pascua de Cristo te transfigurará a imagen de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El mensaje que subyace es claro. Merece la pena volver a mirar a Abraham hoy, dispuesto a sacrificar al heredero de la promesa por hacer la voluntad de Dios. El Padre acepta el sacrificio que no es necesario que llegue a consumar, lo sabemos bien por el canon romano, que nos dice que el Padre aceptó “el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”. Nuestra alianza con Dios se establece en un camino de obediencia. La Cuaresma quiere hacernos volver a la obediencia, una obediencia que se manifiesta en el primer mandamiento: el amor a Dios es definitivo para ser ante todos como el Hijo amado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Dios no está contra nosotros cuando nos pide obediencia, no estaba contra el Hijo. Dios, al contrario, manifiesta su voluntad de salvación cuando respondemos con obediencia. El salmo responsorial se convierte en una promesa y una intención encomiable: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. El motivo del camino vuelve a aparecer, como en el desierto el domingo anterior, pero aquí somos nosotros los que estamos dispuestos a caminar con el Señor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El camino cuaresmal tiene que conducirnos a la Pascua, a la transfiguración. La obediencia del Hijo nos desata de nuestras cadenas, como dice el salmo, para que podamos ofrecer un sacrificio de alabanza. El sacrificio de alabanza no se realiza por nuestra muerte, como tampoco por la de Isaac, sino por nuestra obediencia, como en el caso de Cristo. El bautismo nos convierte en ministros que pueden presentar ante Dios un sacrificio de alabanza, que pueden entregarle nuestra pequeña obediencia como algo que le agrada. La obediencia se aprende en la austeridad.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la Cuaresma nos habla de obediencia en este camino: solamente el que es fiel en lo poco está preparado para gestionar lo mucho. La Cuaresma es tiempo para lo que es poco, en ello es más fácil ser obediente, son menos las distracciones, Dios se hace más cercano, su presencia más viva. En la humildad de la muerte Cristo ha mantenido su obediencia, se ha preparado para gozar de las riquezas de la Pascua, advertidas ya en su transfiguración. El hombre tiene que hacer ese mismo camino. Debe gustar cómo, en el austero sacrificio, experimenta el abrazo consolador del Padre. ¿Cómo aceptamos la austeridad y la pobreza? ¿Buscamos en ellas el abrazo protector del Padre, que guarda siempre su alianza? La vida de la Pascua espera, pero la Iglesia quiere prepararnos bien para ella. Sigamos avanzando, aprendiendo que un sacrificio que agrada al Padre, que nos hace ser hijos amados por Él no pasa por los excesos o defectos, sino por la obediencia. Esta llevará a Cristo a la cruz y a nosotros a su Pascua.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El templo de su cuerpo. Jesús hablaba del templo de su cuerpo, nos dice el evangelio de hoy. El santuario hecho por hombres –dice Marcos, que hoy cede el testigo a Juan- se tiene que venir abajo para que en tres días se levante uno no hecho por hombres. El primer templo, el que Jesús purifica en el evangelio, es testigo de la desobediencia del pueblo a la Ley de Dios, enunciada en la primera lectura. El segundo es la alternativa perfecta, pues manifiesta hasta el último momento la obediencia salvadora.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia anuncia el final del Hijo, su sacrificio profetizado. Estas palabras serán empleadas en su juicio en su contra, pero en adelante, su Cuerpo resucitado será el nuevo templo desde el que se celebrará el culto anunciado a la samaritana, “en espíritu y en verdad”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Pero podemos fijarnos en la enseñanza cuaresmal que nos deja este evangelio: la fe de aquellos que vieron a Jesús purificar el templo. Este signo va a convertirse en prueba segura para los creyentes. Si el domingo pasado la obediencia provocaba el signo, la transfiguración, hoy el signo causa la fe. No se puede avanzar por la Cuaresma sin la fe. El camino por el desierto, entre pobres imágenes y visiones, se ampara en esos pobres signos para creer, y permite que el creyente no se olvide del camino que Jesús le marca, sino que siga avanzando.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El pueblo de Israel será fiel a Dios por el desierto, cumplirá los mandamientos solamente si avanza con fe. En la Cuaresma, el nuevo pueblo de Dios camina hacia la Pascua motivado por la fe en lo poco que ve: le basta para perseverar en la espera de la victoria de Cristo. Solamente la fe puede motivar que, ante un Cristo crucificado, como el que vamos a encontrar al final de este tiempo, el creyente quiera perseverar.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, la obediencia, la fe. Así, la Iglesia va entrando en la dinámica pascual. No es una dinámica que nos resulte extraña, ajena: es la que practicamos cada día en la celebración eucarística. Los signos en ella no hacen que nuestra fe se debilite: al contrario, se hace más fuerte. Los signos son pobres, humildes, pero conducen a un misterio mayor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La primera invitación será entonces a no despreciar lo pequeño al entrar en la celebración, pues tiene la misión de conducirnos a Cristo glorioso, templo nuevo, más grande, invisible. Israel avanzaba en la visión con poco que ver, el signo del maná, los pájaros que les alimentan, las columnas de fuego y nube, eran una invitación a creer, a caminar. ¿Me ayuda a creer lo que veo en la celebración de la Iglesia? ¿Hago la experiencia de buscar el Cuerpo de Cristo, de entrar confiado en él?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Hemos entrado en la segunda parte de la Cuaresma y la enseñanza se vuelve más intensa: sin la fe no podremos afrontar a un maestro que va a caer abajo cual templo arrasado, y nos precipitaremos a la desesperación antes de tiempo, antes de la Pascua. Sólo una intensa fe cuaresmal prepara a una feliz pascua. Solamente podremos, entonces, pedir al Señor en estos días que nos aumente la fe, pues la apariencia de debilidad del Maestro oculta una fuerza sólo a la vista de los corazones creyentes.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La imagen de la serpiente elevada en el estandarte de Moisés para curar a los que eran picados por la serpiente por causa de su incredulidad acerca a la segunda mitad de la Cuaresma la imagen de Cristo elevado en el estandarte de la cruz para curar a los que, heridos de muerte por el pecado, lo contemplen con fe.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia abre esta segunda mitad de la Cuaresma con una preciosa reflexión evangélica: el hombre puede renovarse, participar en la regeneración que Dios quiere para él, si cree en el Hijo del Hombre, muerto y exaltado. La Iglesia nos propone contemplar el plan de amor de Dios por nosotros, que se realiza en la cruz y se acepta por la fe: no somos ingenuos, recordamos las palabras del evangelista Juan, que advierte que cuando vino la luz, los hombres prefirieron las tinieblas. La renovación pascual no es algo mecánico, que viene y ya está: más bien al contrario, conlleva la aceptación del hombre de su propuesta, pues aunque Cristo vino para dar la vida, esta tiene que ser acogida. De lo contrario, dice el evangelio, lo que ha venido Cristo a traer es el juicio. La fe con la que se mire la cruz se manifiesta en que el creyente realiza la verdad, en que obra fielmente, según Cristo y lo que Él nos ha revelado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Que podamos renacer sacramentalmente de las aguas de la fuente bautismal en la noche pascual tiene un proceso de preparación en esa acogida del misterio del amor del Padre por nosotros, que nos ha entregado a su Hijo. Por eso, la palabra proclamada hoy nos advierte: se avecina un drama de dimensiones cósmicas, un drama porque el Hijo del Hombre será entregado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Y ante esa imagen, ¿tú que posición tomas? ¿Crees? El domingo pasado las lecturas nos presentaban la Cuaresma como un camino de fe, y hoy, ante el misterio de la entrega del Hijo, ese camino se endurece y la respuesta ya no puede esperar, es inevitable. No es una respuesta fácil: el libro de las Crónicas nos recuerda que todos despreciaban a los enviados de Dios, se burlaban de los profetas; preferían las tinieblas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Es, entonces, impresionante, cuando aparece la figura de Ciro: a pesar de la falta de fe de los hombres, Dios va a proponer un camino de vuelta a casa. La expiación, el sufrimiento, la toma de conciencia que manifiesta el salmo de hoy, son actitudes necesarias en este momento. Sí, nos hemos alejado de ti, Señor, nuestra Cuaresma es necesaria, como el tiempo de destierro para Israel, pero Tú has sacado un libertador de manera insospechada para mostrarnos tu amor. Este no es Moisés, uno de tu pueblo, es Ciro, un pagano. Uno y otro se verán superados por la entrega del Hijo. Siguiendo a Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir por Cristo”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia descubre entonces un camino de fe que está por encima de pueblos o naciones, que quiere reunir a todos los hijos de Dios dispersos en la noche de Pascua, un camino que nos propone cada domingo: El encuentro de los creyentes, de los que han aceptado la verdad de Jesucristo y la celebran. Dios tira de nosotros hacia sí con lazos de amor, de misericordia, y nos pide avanzar confiados por este camino.<br />
Por eso, si el camino de la larga Cuaresma nos agota, no dejemos de levantar la mirada: Dios sigue ofreciendo su salvación de forma insospechada, allí donde estemos y como nos encontremos.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Ha llegado la hora. La Cuaresma avanza de forma irremediable hacia su gran acontecimiento, anunciado ya en las tentaciones del primer domingo: el grano muere y da fruto. La obediencia producirá un fruto abundante, la salvación eterna, en una alianza definitiva.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para el evangelista Juan, la semilla es el mismo Cristo, que a través de su muerte va a obtener la gracia eterna para todos. No busca Juan ofrecer una mirada antropológica, una actitud humana buena en la humillación y obediencia, sino una mirada teológica, cristológica: el grano que cae es Cristo que muere y es sepultado. Su servicio tampoco es una actitud universal buena, que hay que aprender: su servicio es obtener salvación y vida eterna. Aquí no se trata de hacer por hacer, sino de abajarse para salvar, de morir para dar vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Juan plantea el itinerario que los discípulos han conocido de Cristo desde el principio, un itinerario que el cristiano escucha y recibe desde su propio principio, en el bautismo: el paso por la muerte para la resurrección es completamente normal para el cristiano, tanto como el paso por la tentación para la victoria, con el que se abrían los días cuaresmales.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Querer ver a Jesús, pero verlo bien, no de una manera curiosa sino convencida, es reconocer en Él al que muere, resucita y es glorificado. Es aceptar seguir el mismo camino. Por eso, la hora de Jesús está unida a su gloria, “ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. Sí, la Cuaresma ha sido larga, pero ha llegado la hora. Es el tiempo de la pasión que se acerca, de cubrir cruces, de preparar el corazón para aceptar ese camino.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sutilmente, la Cuaresma se ha convertido en un camino en el que experimentamos una comunión con el Señor. Tu destino y el mío. Esto no es algo anecdótico o folclórico, se trata de tu vida y de la mía con ella. Por eso vuelve a aparecer aquí el tema de la obediencia del Hijo. La obediencia del Hijo se transforma en la obediencia de quien va con Él. La carta a los Hebreos nos recuerda hasta dónde llega esa obediencia: no es una experiencia cómoda, agradable, produce “gritos y lágrimas”.Verdaderamente hace caer el grano de trigo. Sólo así dará vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La obediencia de Jesús no es una impostura, la obediencia del cristiano tampoco. No es una pose humana, es una forma de vida. Si Cristo hace ese camino de perfeccionamiento, de crecimiento en cuanto a que según se va acercando la hora también Él va aceptando el destino que le espera, también así es necesario hacer nosotros. No podemos quedarnos atrás de lo que Dios nos pide. Quien se queda atrás acoge las lágrimas para ver lo que pierde. Quien sigue a Cristo acoge las lágrimas para ver lo que gana.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la obediencia será una actitud pascual, produce “fruto abundante”. No podemos olvidar que la Iglesia nos introduce en este misterio de obediencia pascual cada día en la celebración de la Iglesia: no es nuestra, no la formamos, no la decidimos, sino que la acogemos, la queremos, nos da la gracia de la salvación.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Aquí el misterio pascual se realiza en nosotros de forma clara, somos enterrados para ser resucitados, pero para eso necesitamos un corazón puro, decía el salmo. Con un corazón puro podemos acercarnos a la Semana Santa. Con un corazón limpio veremos a Dios en el camino de la cruz. Con un corazón puro viviremos no por encima del mundo, pero sí elevados con Dios, como fruto abundante.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El deseo de la Iglesia de imitar procesionalmente la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión nos advierte de cómo la Esposa ha captado con profundidad lo que sucedió en aquella primavera en la que Jesús y los suyos entraban en la ciudad santa por las fiestas pascuales. Sin duda, la Iglesia ha captado la necesidad de que el Esposo no avance solo hacia el patíbulo: ella quiere acompañarlo, quiere compartir con Él el trago amargo del sacrificio. ¿Cómo entender, si no, la belleza de la invitación de la Iglesia a que en nuestras comunidades y parroquias imitemos litúrgicamente lo que el Señor hizo? Esto es tan cierto que la lectura de Pablo a los filipenses lo reafirma: “Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. En estos días, Cristo no está solo, Cristo es la cabeza que avanza con su cuerpo. Su padecimiento es para la salvación del mundo, por eso la Iglesia no puede abandonarlo, no puede celebrar sin más, sin moverse del templo, sin repetir con devoción el camino del Señor. Así confiesa además algo que ha aprendido desde muy antiguo: el Señor, el Rey de Israel, el Hijo de David, va a obtener por la cruz su triunfo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La subida de la Iglesia a la ciudad santa es un anuncio del triunfo definitivo que se realizará por su muerte salvadora en la cruz. Aquel camino de alabanzas y honores, de vítores y festejos, se dirige hacia la muerte del hombre, y esta hacia la muerte de la muerte, y por esta a la gloria eterna. Es por esto que la Iglesia quiere estar preparada con esta procesión para celebrar estos misterios en los que se juega la eternidad. El elemento central de la procesión es el borrico en el que avanza Cristo: sólo un rey podía entrar así en la ciudad. Ya hacía años, también en un borrico, Cristo había entrado en Egipto, lugar de la muerte en la tradición de Israel y del Antiguo Testamento, para anunciar lo que se anuncia hoy, lo que se celebra en esta semana. La llave que abre las puertas de la eternidad, del paraíso, que fueron cerradas tras el pecado de Adán, es la obediencia de Cristo. Esta obediencia se manifiesta hoy en la docilidad con la que Jesús acepta este destino macabro entre alabanzas y aclamaciones. Pero no va solo, por eso canta la Iglesia las palabras del Señor en la cruz: ella está unida a Él, ora como Él, y experimenta esa unidad para que no quede duda acerca de nuestras intenciones en esta semana. Con el relato de la pasión según san Marcos que hoy se proclama en el evangelio, la Iglesia realiza un pregón de estas grandes fiestas donde Cristo y la Iglesia van a entrar en la gloria del Padre, gloria que perdimos con nuestro primer padre, Adán. Es cierto que esto no es extraño para nosotros: cada día, esta subida al monte de la gloria se realiza en la celebración sacramental, en la eucaristía. Si en esta semana el ritmo del año litúrgico nos introduce en el mismo acontecimiento histórico de la Pascua, en cada celebración la Iglesia trae la salvación que Cristo obtuvo para nosotros por el Espíritu Santo. Así, la subida a Jerusalén terrestre se convierte en un anuncio de la subida a la Jerusalén celeste.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso, conviene que, en domingo de ramos, nos hagamos las preguntas importantes y concretas: ¿Dónde voy a celebrar la semana santa? ¿Tengo los horarios de las celebraciones litúrgicas, para ordenar el resto del tiempo en función de las mismas? ¿Estoy disponible para colaborar en mi parroquia, teniendo en cuenta la cantidad de preparativos que esta semana requiere? ¿He buscado algún tiempo diario para la oración, algún libro con el que preparar las celebraciones espiritualmente? ¿He confesado sacramentalmente para experimentar esa unión con Cristo que nos ofrece la Iglesia con esta semana? Vivamos intensamente los misterios de nuestra salvación, signo del amor de Dios por nosotros y modelo de la entrega del cristiano cada día en el mundo.</p>
</div>
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</div>

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			</item>
		<item>
		<title>Para orar al final de la Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/para-orar-al-final-de-la-cuaresma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 13:48:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?p=14655</guid>

					<description><![CDATA[]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="cmsmasters_row_" class="cmsmasters_row cmsmasters_color_scheme_default cmsmasters_row_top_default cmsmasters_row_bot_default cmsmasters_row_boxed">
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<div id="cmsmasters_column_" class="cmsmasters_column one_first">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Gloriémonos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo,<br />
y, con el corazón lleno de alegría,<br />
con toda reverencia y gozo espiritual,<br />
celebremos el misterio del Madero.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Nuestro Señor y Salvador, para nuestra salvación,<br />
estuvo colgado en la Cruz y en ella venció al diablo;<br />
en la altitud de esta misma Cruz<br />
pendieron los delitos del primer hombre<br />
y las manos que llevaron a la boca la comida prohibida<br />
fueron atravesadas por la dureza de los clavos.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Por esta Cruz, el apetito de la concupiscencia desordenada,<br />
que suscitó la aparente dulzura del árbol,<br />
fue vencido con la amargura de la hiel,<br />
y el deseo de la gula, al que engañó el atractivo del fruto,<br />
fue refrenado por la aspereza del vinagre.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Por esta Cruz, el veneno que la serpiente<br />
brindó a los primeros hombres,<br />
fue expurgado del pecho de los fieles<br />
por la medicina que brotó del costado de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Finalmente, por esta Cruz,<br />
la confesión del nombre de Cristo<br />
restauró sin duda al hombre expulsado del Paraíso<br />
por haber desobedecido al precepto.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">R/. Amén.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo,<br />
que vive y reina en la Trinidad, un solo Dios,<br />
por los siglos de los siglos.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: center;">R/. Amén.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Si el domingo pasado era Noé el personaje del Génesis que experimentaba la benevolencia de Dios y recibía su alianza, en este segundo domingo es Abraham. Cuando el Padre nos hace escuchar su voz en el evangelio: “Tú eres mi Hijo amado”, resuena de fondo como un eco la historia de Abraham con su hijo amado, Isaac, dispuesto a ser entregado. Si a Abraham su obediencia le vale un pacto, a Cristo su obediencia le vale ser hoy transfigurado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sí, escucha, cristiano, porque si cumples la voluntad del Padre, si ante el desierto y la prueba perseveras en la voluntad del Padre, serás transfigurado. La Pascua de Cristo te transfigurará a imagen de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El mensaje que subyace es claro. Merece la pena volver a mirar a Abraham hoy, dispuesto a sacrificar al heredero de la promesa por hacer la voluntad de Dios. El Padre acepta el sacrificio que no es necesario que llegue a consumar, lo sabemos bien por el canon romano, que nos dice que el Padre aceptó “el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”. Nuestra alianza con Dios se establece en un camino de obediencia. La Cuaresma quiere hacernos volver a la obediencia, una obediencia que se manifiesta en el primer mandamiento: el amor a Dios es definitivo para ser ante todos como el Hijo amado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Dios no está contra nosotros cuando nos pide obediencia, no estaba contra el Hijo. Dios, al contrario, manifiesta su voluntad de salvación cuando respondemos con obediencia. El salmo responsorial se convierte en una promesa y una intención encomiable: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. El motivo del camino vuelve a aparecer, como en el desierto el domingo anterior, pero aquí somos nosotros los que estamos dispuestos a caminar con el Señor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El camino cuaresmal tiene que conducirnos a la Pascua, a la transfiguración. La obediencia del Hijo nos desata de nuestras cadenas, como dice el salmo, para que podamos ofrecer un sacrificio de alabanza. El sacrificio de alabanza no se realiza por nuestra muerte, como tampoco por la de Isaac, sino por nuestra obediencia, como en el caso de Cristo. El bautismo nos convierte en ministros que pueden presentar ante Dios un sacrificio de alabanza, que pueden entregarle nuestra pequeña obediencia como algo que le agrada. La obediencia se aprende en la austeridad.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la Cuaresma nos habla de obediencia en este camino: solamente el que es fiel en lo poco está preparado para gestionar lo mucho. La Cuaresma es tiempo para lo que es poco, en ello es más fácil ser obediente, son menos las distracciones, Dios se hace más cercano, su presencia más viva. En la humildad de la muerte Cristo ha mantenido su obediencia, se ha preparado para gozar de las riquezas de la Pascua, advertidas ya en su transfiguración. El hombre tiene que hacer ese mismo camino. Debe gustar cómo, en el austero sacrificio, experimenta el abrazo consolador del Padre. ¿Cómo aceptamos la austeridad y la pobreza? ¿Buscamos en ellas el abrazo protector del Padre, que guarda siempre su alianza? La vida de la Pascua espera, pero la Iglesia quiere prepararnos bien para ella. Sigamos avanzando, aprendiendo que un sacrificio que agrada al Padre, que nos hace ser hijos amados por Él no pasa por los excesos o defectos, sino por la obediencia. Esta llevará a Cristo a la cruz y a nosotros a su Pascua.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El templo de su cuerpo. Jesús hablaba del templo de su cuerpo, nos dice el evangelio de hoy. El santuario hecho por hombres –dice Marcos, que hoy cede el testigo a Juan- se tiene que venir abajo para que en tres días se levante uno no hecho por hombres. El primer templo, el que Jesús purifica en el evangelio, es testigo de la desobediencia del pueblo a la Ley de Dios, enunciada en la primera lectura. El segundo es la alternativa perfecta, pues manifiesta hasta el último momento la obediencia salvadora.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia anuncia el final del Hijo, su sacrificio profetizado. Estas palabras serán empleadas en su juicio en su contra, pero en adelante, su Cuerpo resucitado será el nuevo templo desde el que se celebrará el culto anunciado a la samaritana, “en espíritu y en verdad”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Pero podemos fijarnos en la enseñanza cuaresmal que nos deja este evangelio: la fe de aquellos que vieron a Jesús purificar el templo. Este signo va a convertirse en prueba segura para los creyentes. Si el domingo pasado la obediencia provocaba el signo, la transfiguración, hoy el signo causa la fe. No se puede avanzar por la Cuaresma sin la fe. El camino por el desierto, entre pobres imágenes y visiones, se ampara en esos pobres signos para creer, y permite que el creyente no se olvide del camino que Jesús le marca, sino que siga avanzando.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El pueblo de Israel será fiel a Dios por el desierto, cumplirá los mandamientos solamente si avanza con fe. En la Cuaresma, el nuevo pueblo de Dios camina hacia la Pascua motivado por la fe en lo poco que ve: le basta para perseverar en la espera de la victoria de Cristo. Solamente la fe puede motivar que, ante un Cristo crucificado, como el que vamos a encontrar al final de este tiempo, el creyente quiera perseverar.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, la obediencia, la fe. Así, la Iglesia va entrando en la dinámica pascual. No es una dinámica que nos resulte extraña, ajena: es la que practicamos cada día en la celebración eucarística. Los signos en ella no hacen que nuestra fe se debilite: al contrario, se hace más fuerte. Los signos son pobres, humildes, pero conducen a un misterio mayor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La primera invitación será entonces a no despreciar lo pequeño al entrar en la celebración, pues tiene la misión de conducirnos a Cristo glorioso, templo nuevo, más grande, invisible. Israel avanzaba en la visión con poco que ver, el signo del maná, los pájaros que les alimentan, las columnas de fuego y nube, eran una invitación a creer, a caminar. ¿Me ayuda a creer lo que veo en la celebración de la Iglesia? ¿Hago la experiencia de buscar el Cuerpo de Cristo, de entrar confiado en él?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Hemos entrado en la segunda parte de la Cuaresma y la enseñanza se vuelve más intensa: sin la fe no podremos afrontar a un maestro que va a caer abajo cual templo arrasado, y nos precipitaremos a la desesperación antes de tiempo, antes de la Pascua. Sólo una intensa fe cuaresmal prepara a una feliz pascua. Solamente podremos, entonces, pedir al Señor en estos días que nos aumente la fe, pues la apariencia de debilidad del Maestro oculta una fuerza sólo a la vista de los corazones creyentes.</p>
</div>
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<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La imagen de la serpiente elevada en el estandarte de Moisés para curar a los que eran picados por la serpiente por causa de su incredulidad acerca a la segunda mitad de la Cuaresma la imagen de Cristo elevado en el estandarte de la cruz para curar a los que, heridos de muerte por el pecado, lo contemplen con fe.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia abre esta segunda mitad de la Cuaresma con una preciosa reflexión evangélica: el hombre puede renovarse, participar en la regeneración que Dios quiere para él, si cree en el Hijo del Hombre, muerto y exaltado. La Iglesia nos propone contemplar el plan de amor de Dios por nosotros, que se realiza en la cruz y se acepta por la fe: no somos ingenuos, recordamos las palabras del evangelista Juan, que advierte que cuando vino la luz, los hombres prefirieron las tinieblas. La renovación pascual no es algo mecánico, que viene y ya está: más bien al contrario, conlleva la aceptación del hombre de su propuesta, pues aunque Cristo vino para dar la vida, esta tiene que ser acogida. De lo contrario, dice el evangelio, lo que ha venido Cristo a traer es el juicio. La fe con la que se mire la cruz se manifiesta en que el creyente realiza la verdad, en que obra fielmente, según Cristo y lo que Él nos ha revelado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Que podamos renacer sacramentalmente de las aguas de la fuente bautismal en la noche pascual tiene un proceso de preparación en esa acogida del misterio del amor del Padre por nosotros, que nos ha entregado a su Hijo. Por eso, la palabra proclamada hoy nos advierte: se avecina un drama de dimensiones cósmicas, un drama porque el Hijo del Hombre será entregado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Y ante esa imagen, ¿tú que posición tomas? ¿Crees? El domingo pasado las lecturas nos presentaban la Cuaresma como un camino de fe, y hoy, ante el misterio de la entrega del Hijo, ese camino se endurece y la respuesta ya no puede esperar, es inevitable. No es una respuesta fácil: el libro de las Crónicas nos recuerda que todos despreciaban a los enviados de Dios, se burlaban de los profetas; preferían las tinieblas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Es, entonces, impresionante, cuando aparece la figura de Ciro: a pesar de la falta de fe de los hombres, Dios va a proponer un camino de vuelta a casa. La expiación, el sufrimiento, la toma de conciencia que manifiesta el salmo de hoy, son actitudes necesarias en este momento. Sí, nos hemos alejado de ti, Señor, nuestra Cuaresma es necesaria, como el tiempo de destierro para Israel, pero Tú has sacado un libertador de manera insospechada para mostrarnos tu amor. Este no es Moisés, uno de tu pueblo, es Ciro, un pagano. Uno y otro se verán superados por la entrega del Hijo. Siguiendo a Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir por Cristo”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia descubre entonces un camino de fe que está por encima de pueblos o naciones, que quiere reunir a todos los hijos de Dios dispersos en la noche de Pascua, un camino que nos propone cada domingo: El encuentro de los creyentes, de los que han aceptado la verdad de Jesucristo y la celebran. Dios tira de nosotros hacia sí con lazos de amor, de misericordia, y nos pide avanzar confiados por este camino.<br />
Por eso, si el camino de la larga Cuaresma nos agota, no dejemos de levantar la mirada: Dios sigue ofreciendo su salvación de forma insospechada, allí donde estemos y como nos encontremos.</p>
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<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Ha llegado la hora. La Cuaresma avanza de forma irremediable hacia su gran acontecimiento, anunciado ya en las tentaciones del primer domingo: el grano muere y da fruto. La obediencia producirá un fruto abundante, la salvación eterna, en una alianza definitiva.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para el evangelista Juan, la semilla es el mismo Cristo, que a través de su muerte va a obtener la gracia eterna para todos. No busca Juan ofrecer una mirada antropológica, una actitud humana buena en la humillación y obediencia, sino una mirada teológica, cristológica: el grano que cae es Cristo que muere y es sepultado. Su servicio tampoco es una actitud universal buena, que hay que aprender: su servicio es obtener salvación y vida eterna. Aquí no se trata de hacer por hacer, sino de abajarse para salvar, de morir para dar vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Juan plantea el itinerario que los discípulos han conocido de Cristo desde el principio, un itinerario que el cristiano escucha y recibe desde su propio principio, en el bautismo: el paso por la muerte para la resurrección es completamente normal para el cristiano, tanto como el paso por la tentación para la victoria, con el que se abrían los días cuaresmales.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Querer ver a Jesús, pero verlo bien, no de una manera curiosa sino convencida, es reconocer en Él al que muere, resucita y es glorificado. Es aceptar seguir el mismo camino. Por eso, la hora de Jesús está unida a su gloria, “ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. Sí, la Cuaresma ha sido larga, pero ha llegado la hora. Es el tiempo de la pasión que se acerca, de cubrir cruces, de preparar el corazón para aceptar ese camino.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sutilmente, la Cuaresma se ha convertido en un camino en el que experimentamos una comunión con el Señor. Tu destino y el mío. Esto no es algo anecdótico o folclórico, se trata de tu vida y de la mía con ella. Por eso vuelve a aparecer aquí el tema de la obediencia del Hijo. La obediencia del Hijo se transforma en la obediencia de quien va con Él. La carta a los Hebreos nos recuerda hasta dónde llega esa obediencia: no es una experiencia cómoda, agradable, produce “gritos y lágrimas”.Verdaderamente hace caer el grano de trigo. Sólo así dará vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La obediencia de Jesús no es una impostura, la obediencia del cristiano tampoco. No es una pose humana, es una forma de vida. Si Cristo hace ese camino de perfeccionamiento, de crecimiento en cuanto a que según se va acercando la hora también Él va aceptando el destino que le espera, también así es necesario hacer nosotros. No podemos quedarnos atrás de lo que Dios nos pide. Quien se queda atrás acoge las lágrimas para ver lo que pierde. Quien sigue a Cristo acoge las lágrimas para ver lo que gana.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la obediencia será una actitud pascual, produce “fruto abundante”. No podemos olvidar que la Iglesia nos introduce en este misterio de obediencia pascual cada día en la celebración de la Iglesia: no es nuestra, no la formamos, no la decidimos, sino que la acogemos, la queremos, nos da la gracia de la salvación.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Aquí el misterio pascual se realiza en nosotros de forma clara, somos enterrados para ser resucitados, pero para eso necesitamos un corazón puro, decía el salmo. Con un corazón puro podemos acercarnos a la Semana Santa. Con un corazón limpio veremos a Dios en el camino de la cruz. Con un corazón puro viviremos no por encima del mundo, pero sí elevados con Dios, como fruto abundante.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El deseo de la Iglesia de imitar procesionalmente la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión nos advierte de cómo la Esposa ha captado con profundidad lo que sucedió en aquella primavera en la que Jesús y los suyos entraban en la ciudad santa por las fiestas pascuales. Sin duda, la Iglesia ha captado la necesidad de que el Esposo no avance solo hacia el patíbulo: ella quiere acompañarlo, quiere compartir con Él el trago amargo del sacrificio. ¿Cómo entender, si no, la belleza de la invitación de la Iglesia a que en nuestras comunidades y parroquias imitemos litúrgicamente lo que el Señor hizo? Esto es tan cierto que la lectura de Pablo a los filipenses lo reafirma: “Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. En estos días, Cristo no está solo, Cristo es la cabeza que avanza con su cuerpo. Su padecimiento es para la salvación del mundo, por eso la Iglesia no puede abandonarlo, no puede celebrar sin más, sin moverse del templo, sin repetir con devoción el camino del Señor. Así confiesa además algo que ha aprendido desde muy antiguo: el Señor, el Rey de Israel, el Hijo de David, va a obtener por la cruz su triunfo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La subida de la Iglesia a la ciudad santa es un anuncio del triunfo definitivo que se realizará por su muerte salvadora en la cruz. Aquel camino de alabanzas y honores, de vítores y festejos, se dirige hacia la muerte del hombre, y esta hacia la muerte de la muerte, y por esta a la gloria eterna. Es por esto que la Iglesia quiere estar preparada con esta procesión para celebrar estos misterios en los que se juega la eternidad. El elemento central de la procesión es el borrico en el que avanza Cristo: sólo un rey podía entrar así en la ciudad. Ya hacía años, también en un borrico, Cristo había entrado en Egipto, lugar de la muerte en la tradición de Israel y del Antiguo Testamento, para anunciar lo que se anuncia hoy, lo que se celebra en esta semana. La llave que abre las puertas de la eternidad, del paraíso, que fueron cerradas tras el pecado de Adán, es la obediencia de Cristo. Esta obediencia se manifiesta hoy en la docilidad con la que Jesús acepta este destino macabro entre alabanzas y aclamaciones. Pero no va solo, por eso canta la Iglesia las palabras del Señor en la cruz: ella está unida a Él, ora como Él, y experimenta esa unidad para que no quede duda acerca de nuestras intenciones en esta semana. Con el relato de la pasión según san Marcos que hoy se proclama en el evangelio, la Iglesia realiza un pregón de estas grandes fiestas donde Cristo y la Iglesia van a entrar en la gloria del Padre, gloria que perdimos con nuestro primer padre, Adán. Es cierto que esto no es extraño para nosotros: cada día, esta subida al monte de la gloria se realiza en la celebración sacramental, en la eucaristía. Si en esta semana el ritmo del año litúrgico nos introduce en el mismo acontecimiento histórico de la Pascua, en cada celebración la Iglesia trae la salvación que Cristo obtuvo para nosotros por el Espíritu Santo. Así, la subida a Jerusalén terrestre se convierte en un anuncio de la subida a la Jerusalén celeste.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso, conviene que, en domingo de ramos, nos hagamos las preguntas importantes y concretas: ¿Dónde voy a celebrar la semana santa? ¿Tengo los horarios de las celebraciones litúrgicas, para ordenar el resto del tiempo en función de las mismas? ¿Estoy disponible para colaborar en mi parroquia, teniendo en cuenta la cantidad de preparativos que esta semana requiere? ¿He buscado algún tiempo diario para la oración, algún libro con el que preparar las celebraciones espiritualmente? ¿He confesado sacramentalmente para experimentar esa unión con Cristo que nos ofrece la Iglesia con esta semana? Vivamos intensamente los misterios de nuestra salvación, signo del amor de Dios por nosotros y modelo de la entrega del cristiano cada día en el mundo.</p>
</div>
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		<title>Ejercicio del Examen de conciencia (del Ritual de la Penitencia)</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/ejercicio-del-examen-de-conciencia-del-ritual-de-la-penitencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 13:45:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="cmsmasters_row_" class="cmsmasters_row cmsmasters_color_scheme_default cmsmasters_row_top_default cmsmasters_row_bot_default cmsmasters_row_boxed">
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<div id="cmsmasters_column_" class="cmsmasters_column one_first">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">Introducción</h2>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">1. ¿Voy al sacramento de la penitencia con sincero deseo de purificación, conversión, renovación de vida y amistad más profunda con Dios, o, por el contrario, lo considero como una carga que se ha de recibir las menos veces posibles?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">2. ¿Me olvidé o callé voluntariamente algún pecado grave en las confesiones anteriores?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">3. ¿Cumplí la penitencia que me fue impuesta? ¿Reparé las injusticias que acaso cometí? ¿Me esforcé en llevar a la práctica los propósitos de enmendar la vida según el Evangelio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;"><em><strong>I. Dice el Señor: «Amarás a tu Dios con todo el corazón»</strong></em></p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">1. ¿Tiende mi corazón a Dios de manera que en verdad lo ame sobre todas las cosas en el cumplimiento fiel de sus mandamientos, como ama un hijo a su padre, o, por el contrario, vivo obsesionado por las cosas temporales? ¿Obro en mis cosas con recta intención?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">2. ¿Es firme mi fe en Dios, que nos habló por medio de su Hijo? ¿Me adhiero firmemente a la doctrina de la Iglesia? ¿Tengo interés en mi instrucción cristiana escuchando la Palabra de Dios, participando en la catequesis, evitando cuanto pudiera dañar mi fe? ¿He profesado siempre, con vigor y sin temores, mi fe en Dios? ¿He manifestado mi condición de cristiano en la vida pública y privada?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">3. ¿He rezado mañana y noche? ¿Mi oración es una auténtica conversación -de mente y corazón- con Dios o un puro rito exterior? ¿He ofrecido a Dios mis trabajos, dolores y gozos? ¿Recurro a él en mis tentaciones?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">4. ¿Tengo reverencia y amor hacia el nombre de Dios o le ofendo con la blasfemia, falsos juramentos o usando su nombre en vano? ¿Me he conducido irreverentemente con laVirgen María y los santos?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">5. ¿Guardo los domingos y días de fiesta de la Iglesia participando activa, atenta y piadosamente en la celebración litúrgica, y especialmente en la misa? ¿He cumplido el precepto anual de la confesión y de la comunión pascual?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">6. ¿Tengo, quizá, otros «dioses», es decir: cosas por las que me preocupo y en las que confío más que en Dios, cómo son las riquezas, las supersticiones, el espiritismo o cualquier forma de inútil magia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;"><em><strong>II. Dice el Señor: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado»</strong></em></p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">1. ¿Tengo auténtico amor a mi prójimo o abuso de mis hermanos utilizándolos para mis fines o comportándome con ellos como no quisiera que se comportasen conmigo? ¿Los he escandalizado gravemente con palabras o con acciones?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">2. ¿He contribuido, en el seno de mi familia, al bien y a la alegría de los demás con mi paciencia y verdadero amor? ¿Han sido los hijos obedientes a sus padres, prestándoles respeto y ayuda en sus necesidades espirituales y temporales? ¿Se preocupan los padres de educar cristianamente a sus hijos, ayudándoles con el ejemplo y con la paterna autoridad? ¿Son los cónyuges fieles entre sí en el corazón y en la vida?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">3. ¿Comparto mis bienes con quienes son más pobres que yo? ¿Defiendo en lo que puedo a los oprimidos, ayudo a los que viven en la miseria, estoy junto a los débiles o, por el contrario, he despreciado a mis prójimos, sobre todo a los pobres, débiles, ancianos, extranjeros y hombres de otras razas?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">4. ¿Realizo en mi vida la misión que acepté en mi confirmación? ¿Participo en las obras de apostolado y caridad de la Iglesia y en la vida de mi parroquia? ¿He tratado de remediar las necesidades de la Iglesia y del mundo? ¿He orado por ellas, especialmente por la unidad de la Iglesia, la evangelización de los pueblos, la realización de la paz y la justicia?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">5. ¿Me preocupo por el bien y la prosperidad de la comunidad humana en la que vivo, o me paso la vida preocupado tan sólo de mí mismo? ¿Participo, según mis posibilidades, en la promoción de la justicia, la honestidad de las costumbres, la concordia y la caridad en este mundo? ¿He cumplido con mis deberes cívicos? ¿He pagado mis tributos?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">6. ¿En mi trabajo o empleo soy justo, laborioso, honesto, prestando con amor mi servicio a la sociedad? ¿He dado a mis obreros o sirvientes el salario justo? ¿He cumplido mis promesas y contratos?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">7. ¿He prestado a las legítimas autoridades la obediencia y respeto debidos?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">8.Si tengo algún cargo o ejerzo alguna autoridad, ¿los uso para mi utilidad personal o para el bien de los demás, en espíritu de servicio?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">9. ¿He mantenido la verdad y la fidelidad o he perjudicado a alguien con palabras falsas, con calumnias, mentiras o violación de algún secreto?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">10. ¿He producido algún daño a la vida, la integridad física, la fama, el honor o los bienes de otros? ¿He procurado o inducido al aborto? ¿He odiado a alguien? ¿Me siento separado de alguien por riñas, injurias, ofensas o enemistades? ¿He rehusado por egoísmo, presentarme como testigo de la inocencia de alguien?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">11. ¿He robado o deseado injusta o desordenadamente cosas de otros o les he causado algún daño? ¿He restituido lo robado y he reparado el daño?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">12.Si alguien me ha injuriado, ¿me he mostrado dispuesto a la paz y a conceder, por el amor de Cristo, el perdón, o mantengo deseos de odio y venganza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;"><em><strong>III. Dice el Señor: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto»</strong></em></p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">1. ¿Cuál es la dirección fundamental de mi vida? ¿Me anima la esperanza de la vida eterna? ¿Me esfuerzo en avanzar en la vida espiritual por medio de la oración, lectura y meditación de la Palabra de Dios, la participación en los sacramentos y la mortificación? ¿Estoy esforzándome en superar mis vicios, mis inclinaciones y pasiones malas, como la envidia o la gula en las comidas y bebidas? ¿Me he levantado contra Dios por soberbia o jactancia, o he despreciado a los demás sobreestimándome a mí mismo? ¿He impuesto mi voluntad a los demás en contra de su libertad y derechos?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">2. ¿Qué uso he hecho de mi tiempo, de mis fuerzas, de los dones que Dios me dio? ¿Los he usado en superarme y perfeccionarme a mí mismo? ¿He vivido ocioso o he sido perezoso?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">3. ¿He soportado con serenidad y paciencia los dolores y contrariedades de la vida? ¿He mortificado mi cuerpo para ayudar a completar «lo que falta a la pasión de Cristo»? ¿He observado la ley del ayuno y la abstinencia?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">4. ¿He mantenido mis sentidos y todo mi cuerpo en la pureza y en la castidad como templo que es del Espíritu Santo, llamado a resucitar en la gloria, y como signo del amor fiel que Dios profesa a los hombres, signo que adquiere toda su luz en el matrimonio? ¿He manchado mi carne con la fornicación, con la impureza, con palabras o pensamientos indignos, con torpes acciones o deseos? ¿He condescendido a mis placeres? ¿He mantenido conversaciones, realizado lecturas o asistido a espectáculos y diversiones contrarias a la honestidad humana y cristiana? ¿He incitado al pecado a otros con mi falta de decencia? ¿He observado la ley moral en el uso del matrimonio?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">5. ¿He actuado alguna vez contra mi conciencia, por temor o hipocresía?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">6. ¿He tratado siempre de actuar dentro de la verdadera libertad de los hijos de Dios, según la ley del Espíritu, o soy siervo de mis pasiones?</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Si el domingo pasado era Noé el personaje del Génesis que experimentaba la benevolencia de Dios y recibía su alianza, en este segundo domingo es Abraham. Cuando el Padre nos hace escuchar su voz en el evangelio: “Tú eres mi Hijo amado”, resuena de fondo como un eco la historia de Abraham con su hijo amado, Isaac, dispuesto a ser entregado. Si a Abraham su obediencia le vale un pacto, a Cristo su obediencia le vale ser hoy transfigurado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sí, escucha, cristiano, porque si cumples la voluntad del Padre, si ante el desierto y la prueba perseveras en la voluntad del Padre, serás transfigurado. La Pascua de Cristo te transfigurará a imagen de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El mensaje que subyace es claro. Merece la pena volver a mirar a Abraham hoy, dispuesto a sacrificar al heredero de la promesa por hacer la voluntad de Dios. El Padre acepta el sacrificio que no es necesario que llegue a consumar, lo sabemos bien por el canon romano, que nos dice que el Padre aceptó “el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”. Nuestra alianza con Dios se establece en un camino de obediencia. La Cuaresma quiere hacernos volver a la obediencia, una obediencia que se manifiesta en el primer mandamiento: el amor a Dios es definitivo para ser ante todos como el Hijo amado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Dios no está contra nosotros cuando nos pide obediencia, no estaba contra el Hijo. Dios, al contrario, manifiesta su voluntad de salvación cuando respondemos con obediencia. El salmo responsorial se convierte en una promesa y una intención encomiable: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. El motivo del camino vuelve a aparecer, como en el desierto el domingo anterior, pero aquí somos nosotros los que estamos dispuestos a caminar con el Señor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El camino cuaresmal tiene que conducirnos a la Pascua, a la transfiguración. La obediencia del Hijo nos desata de nuestras cadenas, como dice el salmo, para que podamos ofrecer un sacrificio de alabanza. El sacrificio de alabanza no se realiza por nuestra muerte, como tampoco por la de Isaac, sino por nuestra obediencia, como en el caso de Cristo. El bautismo nos convierte en ministros que pueden presentar ante Dios un sacrificio de alabanza, que pueden entregarle nuestra pequeña obediencia como algo que le agrada. La obediencia se aprende en la austeridad.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la Cuaresma nos habla de obediencia en este camino: solamente el que es fiel en lo poco está preparado para gestionar lo mucho. La Cuaresma es tiempo para lo que es poco, en ello es más fácil ser obediente, son menos las distracciones, Dios se hace más cercano, su presencia más viva. En la humildad de la muerte Cristo ha mantenido su obediencia, se ha preparado para gozar de las riquezas de la Pascua, advertidas ya en su transfiguración. El hombre tiene que hacer ese mismo camino. Debe gustar cómo, en el austero sacrificio, experimenta el abrazo consolador del Padre. ¿Cómo aceptamos la austeridad y la pobreza? ¿Buscamos en ellas el abrazo protector del Padre, que guarda siempre su alianza? La vida de la Pascua espera, pero la Iglesia quiere prepararnos bien para ella. Sigamos avanzando, aprendiendo que un sacrificio que agrada al Padre, que nos hace ser hijos amados por Él no pasa por los excesos o defectos, sino por la obediencia. Esta llevará a Cristo a la cruz y a nosotros a su Pascua.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El templo de su cuerpo. Jesús hablaba del templo de su cuerpo, nos dice el evangelio de hoy. El santuario hecho por hombres –dice Marcos, que hoy cede el testigo a Juan- se tiene que venir abajo para que en tres días se levante uno no hecho por hombres. El primer templo, el que Jesús purifica en el evangelio, es testigo de la desobediencia del pueblo a la Ley de Dios, enunciada en la primera lectura. El segundo es la alternativa perfecta, pues manifiesta hasta el último momento la obediencia salvadora.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia anuncia el final del Hijo, su sacrificio profetizado. Estas palabras serán empleadas en su juicio en su contra, pero en adelante, su Cuerpo resucitado será el nuevo templo desde el que se celebrará el culto anunciado a la samaritana, “en espíritu y en verdad”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Pero podemos fijarnos en la enseñanza cuaresmal que nos deja este evangelio: la fe de aquellos que vieron a Jesús purificar el templo. Este signo va a convertirse en prueba segura para los creyentes. Si el domingo pasado la obediencia provocaba el signo, la transfiguración, hoy el signo causa la fe. No se puede avanzar por la Cuaresma sin la fe. El camino por el desierto, entre pobres imágenes y visiones, se ampara en esos pobres signos para creer, y permite que el creyente no se olvide del camino que Jesús le marca, sino que siga avanzando.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El pueblo de Israel será fiel a Dios por el desierto, cumplirá los mandamientos solamente si avanza con fe. En la Cuaresma, el nuevo pueblo de Dios camina hacia la Pascua motivado por la fe en lo poco que ve: le basta para perseverar en la espera de la victoria de Cristo. Solamente la fe puede motivar que, ante un Cristo crucificado, como el que vamos a encontrar al final de este tiempo, el creyente quiera perseverar.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, la obediencia, la fe. Así, la Iglesia va entrando en la dinámica pascual. No es una dinámica que nos resulte extraña, ajena: es la que practicamos cada día en la celebración eucarística. Los signos en ella no hacen que nuestra fe se debilite: al contrario, se hace más fuerte. Los signos son pobres, humildes, pero conducen a un misterio mayor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La primera invitación será entonces a no despreciar lo pequeño al entrar en la celebración, pues tiene la misión de conducirnos a Cristo glorioso, templo nuevo, más grande, invisible. Israel avanzaba en la visión con poco que ver, el signo del maná, los pájaros que les alimentan, las columnas de fuego y nube, eran una invitación a creer, a caminar. ¿Me ayuda a creer lo que veo en la celebración de la Iglesia? ¿Hago la experiencia de buscar el Cuerpo de Cristo, de entrar confiado en él?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Hemos entrado en la segunda parte de la Cuaresma y la enseñanza se vuelve más intensa: sin la fe no podremos afrontar a un maestro que va a caer abajo cual templo arrasado, y nos precipitaremos a la desesperación antes de tiempo, antes de la Pascua. Sólo una intensa fe cuaresmal prepara a una feliz pascua. Solamente podremos, entonces, pedir al Señor en estos días que nos aumente la fe, pues la apariencia de debilidad del Maestro oculta una fuerza sólo a la vista de los corazones creyentes.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La imagen de la serpiente elevada en el estandarte de Moisés para curar a los que eran picados por la serpiente por causa de su incredulidad acerca a la segunda mitad de la Cuaresma la imagen de Cristo elevado en el estandarte de la cruz para curar a los que, heridos de muerte por el pecado, lo contemplen con fe.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia abre esta segunda mitad de la Cuaresma con una preciosa reflexión evangélica: el hombre puede renovarse, participar en la regeneración que Dios quiere para él, si cree en el Hijo del Hombre, muerto y exaltado. La Iglesia nos propone contemplar el plan de amor de Dios por nosotros, que se realiza en la cruz y se acepta por la fe: no somos ingenuos, recordamos las palabras del evangelista Juan, que advierte que cuando vino la luz, los hombres prefirieron las tinieblas. La renovación pascual no es algo mecánico, que viene y ya está: más bien al contrario, conlleva la aceptación del hombre de su propuesta, pues aunque Cristo vino para dar la vida, esta tiene que ser acogida. De lo contrario, dice el evangelio, lo que ha venido Cristo a traer es el juicio. La fe con la que se mire la cruz se manifiesta en que el creyente realiza la verdad, en que obra fielmente, según Cristo y lo que Él nos ha revelado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Que podamos renacer sacramentalmente de las aguas de la fuente bautismal en la noche pascual tiene un proceso de preparación en esa acogida del misterio del amor del Padre por nosotros, que nos ha entregado a su Hijo. Por eso, la palabra proclamada hoy nos advierte: se avecina un drama de dimensiones cósmicas, un drama porque el Hijo del Hombre será entregado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Y ante esa imagen, ¿tú que posición tomas? ¿Crees? El domingo pasado las lecturas nos presentaban la Cuaresma como un camino de fe, y hoy, ante el misterio de la entrega del Hijo, ese camino se endurece y la respuesta ya no puede esperar, es inevitable. No es una respuesta fácil: el libro de las Crónicas nos recuerda que todos despreciaban a los enviados de Dios, se burlaban de los profetas; preferían las tinieblas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Es, entonces, impresionante, cuando aparece la figura de Ciro: a pesar de la falta de fe de los hombres, Dios va a proponer un camino de vuelta a casa. La expiación, el sufrimiento, la toma de conciencia que manifiesta el salmo de hoy, son actitudes necesarias en este momento. Sí, nos hemos alejado de ti, Señor, nuestra Cuaresma es necesaria, como el tiempo de destierro para Israel, pero Tú has sacado un libertador de manera insospechada para mostrarnos tu amor. Este no es Moisés, uno de tu pueblo, es Ciro, un pagano. Uno y otro se verán superados por la entrega del Hijo. Siguiendo a Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir por Cristo”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia descubre entonces un camino de fe que está por encima de pueblos o naciones, que quiere reunir a todos los hijos de Dios dispersos en la noche de Pascua, un camino que nos propone cada domingo: El encuentro de los creyentes, de los que han aceptado la verdad de Jesucristo y la celebran. Dios tira de nosotros hacia sí con lazos de amor, de misericordia, y nos pide avanzar confiados por este camino.<br />
Por eso, si el camino de la larga Cuaresma nos agota, no dejemos de levantar la mirada: Dios sigue ofreciendo su salvación de forma insospechada, allí donde estemos y como nos encontremos.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Ha llegado la hora. La Cuaresma avanza de forma irremediable hacia su gran acontecimiento, anunciado ya en las tentaciones del primer domingo: el grano muere y da fruto. La obediencia producirá un fruto abundante, la salvación eterna, en una alianza definitiva.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para el evangelista Juan, la semilla es el mismo Cristo, que a través de su muerte va a obtener la gracia eterna para todos. No busca Juan ofrecer una mirada antropológica, una actitud humana buena en la humillación y obediencia, sino una mirada teológica, cristológica: el grano que cae es Cristo que muere y es sepultado. Su servicio tampoco es una actitud universal buena, que hay que aprender: su servicio es obtener salvación y vida eterna. Aquí no se trata de hacer por hacer, sino de abajarse para salvar, de morir para dar vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Juan plantea el itinerario que los discípulos han conocido de Cristo desde el principio, un itinerario que el cristiano escucha y recibe desde su propio principio, en el bautismo: el paso por la muerte para la resurrección es completamente normal para el cristiano, tanto como el paso por la tentación para la victoria, con el que se abrían los días cuaresmales.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Querer ver a Jesús, pero verlo bien, no de una manera curiosa sino convencida, es reconocer en Él al que muere, resucita y es glorificado. Es aceptar seguir el mismo camino. Por eso, la hora de Jesús está unida a su gloria, “ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. Sí, la Cuaresma ha sido larga, pero ha llegado la hora. Es el tiempo de la pasión que se acerca, de cubrir cruces, de preparar el corazón para aceptar ese camino.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sutilmente, la Cuaresma se ha convertido en un camino en el que experimentamos una comunión con el Señor. Tu destino y el mío. Esto no es algo anecdótico o folclórico, se trata de tu vida y de la mía con ella. Por eso vuelve a aparecer aquí el tema de la obediencia del Hijo. La obediencia del Hijo se transforma en la obediencia de quien va con Él. La carta a los Hebreos nos recuerda hasta dónde llega esa obediencia: no es una experiencia cómoda, agradable, produce “gritos y lágrimas”.Verdaderamente hace caer el grano de trigo. Sólo así dará vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La obediencia de Jesús no es una impostura, la obediencia del cristiano tampoco. No es una pose humana, es una forma de vida. Si Cristo hace ese camino de perfeccionamiento, de crecimiento en cuanto a que según se va acercando la hora también Él va aceptando el destino que le espera, también así es necesario hacer nosotros. No podemos quedarnos atrás de lo que Dios nos pide. Quien se queda atrás acoge las lágrimas para ver lo que pierde. Quien sigue a Cristo acoge las lágrimas para ver lo que gana.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la obediencia será una actitud pascual, produce “fruto abundante”. No podemos olvidar que la Iglesia nos introduce en este misterio de obediencia pascual cada día en la celebración de la Iglesia: no es nuestra, no la formamos, no la decidimos, sino que la acogemos, la queremos, nos da la gracia de la salvación.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Aquí el misterio pascual se realiza en nosotros de forma clara, somos enterrados para ser resucitados, pero para eso necesitamos un corazón puro, decía el salmo. Con un corazón puro podemos acercarnos a la Semana Santa. Con un corazón limpio veremos a Dios en el camino de la cruz. Con un corazón puro viviremos no por encima del mundo, pero sí elevados con Dios, como fruto abundante.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El deseo de la Iglesia de imitar procesionalmente la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión nos advierte de cómo la Esposa ha captado con profundidad lo que sucedió en aquella primavera en la que Jesús y los suyos entraban en la ciudad santa por las fiestas pascuales. Sin duda, la Iglesia ha captado la necesidad de que el Esposo no avance solo hacia el patíbulo: ella quiere acompañarlo, quiere compartir con Él el trago amargo del sacrificio. ¿Cómo entender, si no, la belleza de la invitación de la Iglesia a que en nuestras comunidades y parroquias imitemos litúrgicamente lo que el Señor hizo? Esto es tan cierto que la lectura de Pablo a los filipenses lo reafirma: “Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. En estos días, Cristo no está solo, Cristo es la cabeza que avanza con su cuerpo. Su padecimiento es para la salvación del mundo, por eso la Iglesia no puede abandonarlo, no puede celebrar sin más, sin moverse del templo, sin repetir con devoción el camino del Señor. Así confiesa además algo que ha aprendido desde muy antiguo: el Señor, el Rey de Israel, el Hijo de David, va a obtener por la cruz su triunfo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La subida de la Iglesia a la ciudad santa es un anuncio del triunfo definitivo que se realizará por su muerte salvadora en la cruz. Aquel camino de alabanzas y honores, de vítores y festejos, se dirige hacia la muerte del hombre, y esta hacia la muerte de la muerte, y por esta a la gloria eterna. Es por esto que la Iglesia quiere estar preparada con esta procesión para celebrar estos misterios en los que se juega la eternidad. El elemento central de la procesión es el borrico en el que avanza Cristo: sólo un rey podía entrar así en la ciudad. Ya hacía años, también en un borrico, Cristo había entrado en Egipto, lugar de la muerte en la tradición de Israel y del Antiguo Testamento, para anunciar lo que se anuncia hoy, lo que se celebra en esta semana. La llave que abre las puertas de la eternidad, del paraíso, que fueron cerradas tras el pecado de Adán, es la obediencia de Cristo. Esta obediencia se manifiesta hoy en la docilidad con la que Jesús acepta este destino macabro entre alabanzas y aclamaciones. Pero no va solo, por eso canta la Iglesia las palabras del Señor en la cruz: ella está unida a Él, ora como Él, y experimenta esa unidad para que no quede duda acerca de nuestras intenciones en esta semana. Con el relato de la pasión según san Marcos que hoy se proclama en el evangelio, la Iglesia realiza un pregón de estas grandes fiestas donde Cristo y la Iglesia van a entrar en la gloria del Padre, gloria que perdimos con nuestro primer padre, Adán. Es cierto que esto no es extraño para nosotros: cada día, esta subida al monte de la gloria se realiza en la celebración sacramental, en la eucaristía. Si en esta semana el ritmo del año litúrgico nos introduce en el mismo acontecimiento histórico de la Pascua, en cada celebración la Iglesia trae la salvación que Cristo obtuvo para nosotros por el Espíritu Santo. Así, la subida a Jerusalén terrestre se convierte en un anuncio de la subida a la Jerusalén celeste.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso, conviene que, en domingo de ramos, nos hagamos las preguntas importantes y concretas: ¿Dónde voy a celebrar la semana santa? ¿Tengo los horarios de las celebraciones litúrgicas, para ordenar el resto del tiempo en función de las mismas? ¿Estoy disponible para colaborar en mi parroquia, teniendo en cuenta la cantidad de preparativos que esta semana requiere? ¿He buscado algún tiempo diario para la oración, algún libro con el que preparar las celebraciones espiritualmente? ¿He confesado sacramentalmente para experimentar esa unión con Cristo que nos ofrece la Iglesia con esta semana? Vivamos intensamente los misterios de nuestra salvación, signo del amor de Dios por nosotros y modelo de la entrega del cristiano cada día en el mundo.</p>
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		<title>Comentario a la Liturgia de la Palabra</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/comentario-a-la-liturgia-de-la-palabra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 13:34:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="cmsmasters_row_" class="cmsmasters_row cmsmasters_color_scheme_default cmsmasters_row_top_default cmsmasters_row_bot_default cmsmasters_row_boxed">
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<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">I Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad del tiempo cuaresmal es una imagen de lo que el pecado ha conseguido para el hombre: el fin de la exuberancia del paraíso, de los ríos, de los frutos, de la vida, en definitiva, para ponernos en un terreno de mucha sequedad, de vacío, sin horizontes. Necesitamos el paraíso, necesitamos las aguas vivas, necesitamos la Pascua. Esta aparece en el horizonte de las lecturas cuaresmales de tal modo que no deberíamos desperdiciar ninguno de los guiños que constantemente nos ofrece la Iglesia por la Palabra de Dios.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Nunca la Iglesia propone la reflexión sobre el pecado si no ofrece de inmediato también una invitación a la conversión, al rescate divino. Así entendemos bien las lecturas de hoy. Las aguas que desbordan todo dominio humano, en la primera lectura, contrastan con el inmenso desierto, seco, caluroso, en el que Cristo afronta la pobreza y angustia del hombre por el pecado. La tentación, la martilleante y provocadora tentación, busca debilitarlo como a sus hermanos. Cristo se presenta en lo seco para ser puesto a prueba. Sabemos bien que el tiempo cuaresmal empieza por aquí: Cristo fue tentado y venció. Tú también lo serás y vencerás.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La tentación invita a Cristo a pensar que no puede afrontar el desierto, que el Dios, demasiado como para rebajarse por esas tierras áridas, de las regiones más deprimidas y hundidas de la tierra. Tú no puedes transformar esto: la desertización avanza, la muerte avanza. Tú no podrás dar vida: aléjate de este mundo de muerte, ponte a salvo, como hizo Noé en el diluvio. Por su pacto, Cristo va a permanecer ahí para ofrecer victoria, su victoria. Así, las aguas que en la primera lectura son signo de muerte, al término de la Cuaresma se convertirán en signo de vida eterna, pues las aguas bautismales esperan al final, en la Pascua. La segunda lectura nos lo advertía, como quien nos chiva algo al oído para que estemos tranquilos: Sí, Señor, Tú has pasado por esto, por eso sabemos el camino por el que nos llevas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El salmo responsorial cantaba: “El Señor enseña el camino a los pecadores”. El Señor nos enseña el camino cuaresmal a los pecadores para que salgamos de él. Nuestros pecados nos han traído hasta aquí, pero Tú nos sacarás de aquí, Tú que has vencido en la Pascua.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Esta es la gran experiencia de la Cuaresma que cada año la Iglesia, con su amorosa pedagogía, nos hace experimentar: ojalá no rechacemos hacer este camino en estos cuarenta días. No neguemos a la madre Iglesia que nos enseñe, que nos eduque. Al contrario, dejémonos adentrar en este camino austero, sin excesos en lo que respiramos, en lo que comemos, en lo que vemos.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, tabú para nuestro tiempo, es buena para el corazón, porque le hace darse cuenta de qué es lo esencial. Le descubre sin qué no podemos pasar. Sin el Señor que nos guíe por sus sendas no podemos pasar. En medio de un mundo que no quiere escuchar la Palabra de Dios, nosotros somos invitados por las lecturas de hoy a buscar la Palabra divina.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para poder afrontar la Cuaresma sin aburrimientos, sin inventos originales, sin impaciencias, es necesario el alimento de la Palabra. De la Palabra de Dios brotarán las aguas de la vida la noche de Pascua, pues a la liturgia de la Palabra le sigue la bautismal: caminemos confiados del pecado a la gracia, del desierto al paraíso.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Si el domingo pasado era Noé el personaje del Génesis que experimentaba la benevolencia de Dios y recibía su alianza, en este segundo domingo es Abraham. Cuando el Padre nos hace escuchar su voz en el evangelio: “Tú eres mi Hijo amado”, resuena de fondo como un eco la historia de Abraham con su hijo amado, Isaac, dispuesto a ser entregado. Si a Abraham su obediencia le vale un pacto, a Cristo su obediencia le vale ser hoy transfigurado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sí, escucha, cristiano, porque si cumples la voluntad del Padre, si ante el desierto y la prueba perseveras en la voluntad del Padre, serás transfigurado. La Pascua de Cristo te transfigurará a imagen de Cristo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El mensaje que subyace es claro. Merece la pena volver a mirar a Abraham hoy, dispuesto a sacrificar al heredero de la promesa por hacer la voluntad de Dios. El Padre acepta el sacrificio que no es necesario que llegue a consumar, lo sabemos bien por el canon romano, que nos dice que el Padre aceptó “el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”. Nuestra alianza con Dios se establece en un camino de obediencia. La Cuaresma quiere hacernos volver a la obediencia, una obediencia que se manifiesta en el primer mandamiento: el amor a Dios es definitivo para ser ante todos como el Hijo amado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Dios no está contra nosotros cuando nos pide obediencia, no estaba contra el Hijo. Dios, al contrario, manifiesta su voluntad de salvación cuando respondemos con obediencia. El salmo responsorial se convierte en una promesa y una intención encomiable: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. El motivo del camino vuelve a aparecer, como en el desierto el domingo anterior, pero aquí somos nosotros los que estamos dispuestos a caminar con el Señor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El camino cuaresmal tiene que conducirnos a la Pascua, a la transfiguración. La obediencia del Hijo nos desata de nuestras cadenas, como dice el salmo, para que podamos ofrecer un sacrificio de alabanza. El sacrificio de alabanza no se realiza por nuestra muerte, como tampoco por la de Isaac, sino por nuestra obediencia, como en el caso de Cristo. El bautismo nos convierte en ministros que pueden presentar ante Dios un sacrificio de alabanza, que pueden entregarle nuestra pequeña obediencia como algo que le agrada. La obediencia se aprende en la austeridad.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la Cuaresma nos habla de obediencia en este camino: solamente el que es fiel en lo poco está preparado para gestionar lo mucho. La Cuaresma es tiempo para lo que es poco, en ello es más fácil ser obediente, son menos las distracciones, Dios se hace más cercano, su presencia más viva. En la humildad de la muerte Cristo ha mantenido su obediencia, se ha preparado para gozar de las riquezas de la Pascua, advertidas ya en su transfiguración. El hombre tiene que hacer ese mismo camino. Debe gustar cómo, en el austero sacrificio, experimenta el abrazo consolador del Padre. ¿Cómo aceptamos la austeridad y la pobreza? ¿Buscamos en ellas el abrazo protector del Padre, que guarda siempre su alianza? La vida de la Pascua espera, pero la Iglesia quiere prepararnos bien para ella. Sigamos avanzando, aprendiendo que un sacrificio que agrada al Padre, que nos hace ser hijos amados por Él no pasa por los excesos o defectos, sino por la obediencia. Esta llevará a Cristo a la cruz y a nosotros a su Pascua.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El templo de su cuerpo. Jesús hablaba del templo de su cuerpo, nos dice el evangelio de hoy. El santuario hecho por hombres –dice Marcos, que hoy cede el testigo a Juan- se tiene que venir abajo para que en tres días se levante uno no hecho por hombres. El primer templo, el que Jesús purifica en el evangelio, es testigo de la desobediencia del pueblo a la Ley de Dios, enunciada en la primera lectura. El segundo es la alternativa perfecta, pues manifiesta hasta el último momento la obediencia salvadora.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia anuncia el final del Hijo, su sacrificio profetizado. Estas palabras serán empleadas en su juicio en su contra, pero en adelante, su Cuerpo resucitado será el nuevo templo desde el que se celebrará el culto anunciado a la samaritana, “en espíritu y en verdad”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Pero podemos fijarnos en la enseñanza cuaresmal que nos deja este evangelio: la fe de aquellos que vieron a Jesús purificar el templo. Este signo va a convertirse en prueba segura para los creyentes. Si el domingo pasado la obediencia provocaba el signo, la transfiguración, hoy el signo causa la fe. No se puede avanzar por la Cuaresma sin la fe. El camino por el desierto, entre pobres imágenes y visiones, se ampara en esos pobres signos para creer, y permite que el creyente no se olvide del camino que Jesús le marca, sino que siga avanzando.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El pueblo de Israel será fiel a Dios por el desierto, cumplirá los mandamientos solamente si avanza con fe. En la Cuaresma, el nuevo pueblo de Dios camina hacia la Pascua motivado por la fe en lo poco que ve: le basta para perseverar en la espera de la victoria de Cristo. Solamente la fe puede motivar que, ante un Cristo crucificado, como el que vamos a encontrar al final de este tiempo, el creyente quiera perseverar.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La austeridad, la obediencia, la fe. Así, la Iglesia va entrando en la dinámica pascual. No es una dinámica que nos resulte extraña, ajena: es la que practicamos cada día en la celebración eucarística. Los signos en ella no hacen que nuestra fe se debilite: al contrario, se hace más fuerte. Los signos son pobres, humildes, pero conducen a un misterio mayor.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La primera invitación será entonces a no despreciar lo pequeño al entrar en la celebración, pues tiene la misión de conducirnos a Cristo glorioso, templo nuevo, más grande, invisible. Israel avanzaba en la visión con poco que ver, el signo del maná, los pájaros que les alimentan, las columnas de fuego y nube, eran una invitación a creer, a caminar. ¿Me ayuda a creer lo que veo en la celebración de la Iglesia? ¿Hago la experiencia de buscar el Cuerpo de Cristo, de entrar confiado en él?</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Hemos entrado en la segunda parte de la Cuaresma y la enseñanza se vuelve más intensa: sin la fe no podremos afrontar a un maestro que va a caer abajo cual templo arrasado, y nos precipitaremos a la desesperación antes de tiempo, antes de la Pascua. Sólo una intensa fe cuaresmal prepara a una feliz pascua. Solamente podremos, entonces, pedir al Señor en estos días que nos aumente la fe, pues la apariencia de debilidad del Maestro oculta una fuerza sólo a la vista de los corazones creyentes.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La imagen de la serpiente elevada en el estandarte de Moisés para curar a los que eran picados por la serpiente por causa de su incredulidad acerca a la segunda mitad de la Cuaresma la imagen de Cristo elevado en el estandarte de la cruz para curar a los que, heridos de muerte por el pecado, lo contemplen con fe.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia abre esta segunda mitad de la Cuaresma con una preciosa reflexión evangélica: el hombre puede renovarse, participar en la regeneración que Dios quiere para él, si cree en el Hijo del Hombre, muerto y exaltado. La Iglesia nos propone contemplar el plan de amor de Dios por nosotros, que se realiza en la cruz y se acepta por la fe: no somos ingenuos, recordamos las palabras del evangelista Juan, que advierte que cuando vino la luz, los hombres prefirieron las tinieblas. La renovación pascual no es algo mecánico, que viene y ya está: más bien al contrario, conlleva la aceptación del hombre de su propuesta, pues aunque Cristo vino para dar la vida, esta tiene que ser acogida. De lo contrario, dice el evangelio, lo que ha venido Cristo a traer es el juicio. La fe con la que se mire la cruz se manifiesta en que el creyente realiza la verdad, en que obra fielmente, según Cristo y lo que Él nos ha revelado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Que podamos renacer sacramentalmente de las aguas de la fuente bautismal en la noche pascual tiene un proceso de preparación en esa acogida del misterio del amor del Padre por nosotros, que nos ha entregado a su Hijo. Por eso, la palabra proclamada hoy nos advierte: se avecina un drama de dimensiones cósmicas, un drama porque el Hijo del Hombre será entregado.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Y ante esa imagen, ¿tú que posición tomas? ¿Crees? El domingo pasado las lecturas nos presentaban la Cuaresma como un camino de fe, y hoy, ante el misterio de la entrega del Hijo, ese camino se endurece y la respuesta ya no puede esperar, es inevitable. No es una respuesta fácil: el libro de las Crónicas nos recuerda que todos despreciaban a los enviados de Dios, se burlaban de los profetas; preferían las tinieblas.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Es, entonces, impresionante, cuando aparece la figura de Ciro: a pesar de la falta de fe de los hombres, Dios va a proponer un camino de vuelta a casa. La expiación, el sufrimiento, la toma de conciencia que manifiesta el salmo de hoy, son actitudes necesarias en este momento. Sí, nos hemos alejado de ti, Señor, nuestra Cuaresma es necesaria, como el tiempo de destierro para Israel, pero Tú has sacado un libertador de manera insospechada para mostrarnos tu amor. Este no es Moisés, uno de tu pueblo, es Ciro, un pagano. Uno y otro se verán superados por la entrega del Hijo. Siguiendo a Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir por Cristo”.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La Iglesia descubre entonces un camino de fe que está por encima de pueblos o naciones, que quiere reunir a todos los hijos de Dios dispersos en la noche de Pascua, un camino que nos propone cada domingo: El encuentro de los creyentes, de los que han aceptado la verdad de Jesucristo y la celebran. Dios tira de nosotros hacia sí con lazos de amor, de misericordia, y nos pide avanzar confiados por este camino.<br />
Por eso, si el camino de la larga Cuaresma nos agota, no dejemos de levantar la mirada: Dios sigue ofreciendo su salvación de forma insospechada, allí donde estemos y como nos encontremos.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Ha llegado la hora. La Cuaresma avanza de forma irremediable hacia su gran acontecimiento, anunciado ya en las tentaciones del primer domingo: el grano muere y da fruto. La obediencia producirá un fruto abundante, la salvación eterna, en una alianza definitiva.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Para el evangelista Juan, la semilla es el mismo Cristo, que a través de su muerte va a obtener la gracia eterna para todos. No busca Juan ofrecer una mirada antropológica, una actitud humana buena en la humillación y obediencia, sino una mirada teológica, cristológica: el grano que cae es Cristo que muere y es sepultado. Su servicio tampoco es una actitud universal buena, que hay que aprender: su servicio es obtener salvación y vida eterna. Aquí no se trata de hacer por hacer, sino de abajarse para salvar, de morir para dar vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Juan plantea el itinerario que los discípulos han conocido de Cristo desde el principio, un itinerario que el cristiano escucha y recibe desde su propio principio, en el bautismo: el paso por la muerte para la resurrección es completamente normal para el cristiano, tanto como el paso por la tentación para la victoria, con el que se abrían los días cuaresmales.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Querer ver a Jesús, pero verlo bien, no de una manera curiosa sino convencida, es reconocer en Él al que muere, resucita y es glorificado. Es aceptar seguir el mismo camino. Por eso, la hora de Jesús está unida a su gloria, “ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. Sí, la Cuaresma ha sido larga, pero ha llegado la hora. Es el tiempo de la pasión que se acerca, de cubrir cruces, de preparar el corazón para aceptar ese camino.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Sutilmente, la Cuaresma se ha convertido en un camino en el que experimentamos una comunión con el Señor. Tu destino y el mío. Esto no es algo anecdótico o folclórico, se trata de tu vida y de la mía con ella. Por eso vuelve a aparecer aquí el tema de la obediencia del Hijo. La obediencia del Hijo se transforma en la obediencia de quien va con Él. La carta a los Hebreos nos recuerda hasta dónde llega esa obediencia: no es una experiencia cómoda, agradable, produce “gritos y lágrimas”.Verdaderamente hace caer el grano de trigo. Sólo así dará vida.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La obediencia de Jesús no es una impostura, la obediencia del cristiano tampoco. No es una pose humana, es una forma de vida. Si Cristo hace ese camino de perfeccionamiento, de crecimiento en cuanto a que según se va acercando la hora también Él va aceptando el destino que le espera, también así es necesario hacer nosotros. No podemos quedarnos atrás de lo que Dios nos pide. Quien se queda atrás acoge las lágrimas para ver lo que pierde. Quien sigue a Cristo acoge las lágrimas para ver lo que gana.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso la obediencia será una actitud pascual, produce “fruto abundante”. No podemos olvidar que la Iglesia nos introduce en este misterio de obediencia pascual cada día en la celebración de la Iglesia: no es nuestra, no la formamos, no la decidimos, sino que la acogemos, la queremos, nos da la gracia de la salvación.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Aquí el misterio pascual se realiza en nosotros de forma clara, somos enterrados para ser resucitados, pero para eso necesitamos un corazón puro, decía el salmo. Con un corazón puro podemos acercarnos a la Semana Santa. Con un corazón limpio veremos a Dios en el camino de la cruz. Con un corazón puro viviremos no por encima del mundo, pero sí elevados con Dios, como fruto abundante.</p>
</div>
<div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">El deseo de la Iglesia de imitar procesionalmente la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión nos advierte de cómo la Esposa ha captado con profundidad lo que sucedió en aquella primavera en la que Jesús y los suyos entraban en la ciudad santa por las fiestas pascuales. Sin duda, la Iglesia ha captado la necesidad de que el Esposo no avance solo hacia el patíbulo: ella quiere acompañarlo, quiere compartir con Él el trago amargo del sacrificio. ¿Cómo entender, si no, la belleza de la invitación de la Iglesia a que en nuestras comunidades y parroquias imitemos litúrgicamente lo que el Señor hizo? Esto es tan cierto que la lectura de Pablo a los filipenses lo reafirma: “Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. En estos días, Cristo no está solo, Cristo es la cabeza que avanza con su cuerpo. Su padecimiento es para la salvación del mundo, por eso la Iglesia no puede abandonarlo, no puede celebrar sin más, sin moverse del templo, sin repetir con devoción el camino del Señor. Así confiesa además algo que ha aprendido desde muy antiguo: el Señor, el Rey de Israel, el Hijo de David, va a obtener por la cruz su triunfo.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">La subida de la Iglesia a la ciudad santa es un anuncio del triunfo definitivo que se realizará por su muerte salvadora en la cruz. Aquel camino de alabanzas y honores, de vítores y festejos, se dirige hacia la muerte del hombre, y esta hacia la muerte de la muerte, y por esta a la gloria eterna. Es por esto que la Iglesia quiere estar preparada con esta procesión para celebrar estos misterios en los que se juega la eternidad. El elemento central de la procesión es el borrico en el que avanza Cristo: sólo un rey podía entrar así en la ciudad. Ya hacía años, también en un borrico, Cristo había entrado en Egipto, lugar de la muerte en la tradición de Israel y del Antiguo Testamento, para anunciar lo que se anuncia hoy, lo que se celebra en esta semana. La llave que abre las puertas de la eternidad, del paraíso, que fueron cerradas tras el pecado de Adán, es la obediencia de Cristo. Esta obediencia se manifiesta hoy en la docilidad con la que Jesús acepta este destino macabro entre alabanzas y aclamaciones. Pero no va solo, por eso canta la Iglesia las palabras del Señor en la cruz: ella está unida a Él, ora como Él, y experimenta esa unidad para que no quede duda acerca de nuestras intenciones en esta semana. Con el relato de la pasión según san Marcos que hoy se proclama en el evangelio, la Iglesia realiza un pregón de estas grandes fiestas donde Cristo y la Iglesia van a entrar en la gloria del Padre, gloria que perdimos con nuestro primer padre, Adán. Es cierto que esto no es extraño para nosotros: cada día, esta subida al monte de la gloria se realiza en la celebración sacramental, en la eucaristía. Si en esta semana el ritmo del año litúrgico nos introduce en el mismo acontecimiento histórico de la Pascua, en cada celebración la Iglesia trae la salvación que Cristo obtuvo para nosotros por el Espíritu Santo. Así, la subida a Jerusalén terrestre se convierte en un anuncio de la subida a la Jerusalén celeste.</p>
<p style="font-size: 20px; text-align: left;">Por eso, conviene que, en domingo de ramos, nos hagamos las preguntas importantes y concretas: ¿Dónde voy a celebrar la semana santa? ¿Tengo los horarios de las celebraciones litúrgicas, para ordenar el resto del tiempo en función de las mismas? ¿Estoy disponible para colaborar en mi parroquia, teniendo en cuenta la cantidad de preparativos que esta semana requiere? ¿He buscado algún tiempo diario para la oración, algún libro con el que preparar las celebraciones espiritualmente? ¿He confesado sacramentalmente para experimentar esa unión con Cristo que nos ofrece la Iglesia con esta semana? Vivamos intensamente los misterios de nuestra salvación, signo del amor de Dios por nosotros y modelo de la entrega del cristiano cada día en el mundo.</p>
</div>
</div></div>
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</div>
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</div>

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		<title>Para orar con los salmos</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/para-orar-con-los-salmos-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 13:13:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">I Domingo de Cuaresma<br />
Salmo 24</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Señor, enséñame tus caminos,<br />
instrúyeme en tus sendas:<br />
haz que camine con lealtad;<br />
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Recuerda, Señor,<br />
que tu ternura y tu misericordia son eternas. Acuérdate de mí con misericordia,<br />
por tu bondad, Señor.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">El Señor es bueno y es recto,<br />
y enseña el camino a los pecadores;<br />
hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.<br />
Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos. Líbranos de todas nuestras angustias, oh Dios, que amas con ternura,<br />
porque es a ti a quien elevamos nuestras almas.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">No te acuerdes de nuestros pecados de juventud ni de la ignorancia que entonces nos guiaba;<br />
y si, por negligencia, caímos en algún pecado perdónanos movido por tu clemencia.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén.</strong></p>
</div>
</div></div>
<div id="cmsmasters_column_wztoh8oznq" class="cmsmasters_column one_half">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">II Domingo de Cuaresma<br />
Salmo 115</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Tenía fe, aun cuando dije:<br />
«¡Qué desgraciado soy!»<br />
Mucho le cuesta al Señor<br />
la muerte de sus fieles.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Señor, yo soy tu siervo,<br />
siervo tuyo, hijo de tu esclava:<br />
rompiste mis cadenas.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Te ofreceré un sacrificio de alabanza,<br />
invocando tu nombre, Señor.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Cumpliré al Señor mis votos<br />
en presencia de todo el pueblo,<br />
en el atrio de la casa del Señor,<br />
en medio de ti, Jerusalén.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos.Tú, Señor, que lavas de los pecados<br />
y consuelas sin tardanza el alma<br />
del que te invoca con fidelidad,<br />
te pedimos que, liberados de los peligros del infierno<br />
y destruida la muerte del pecado,<br />
nos conduzca de nuevo al país de la vida.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
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<div id="cmsmasters_column_3etktan0e3" class="cmsmasters_column one_half">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">III Domingo de Cuaresma<br />
Salmo 18</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">La ley del Señor es perfecta<br />
y es descanso del alma;<br />
el precepto del Señor es fiel<br />
e instruye a los ignorantes.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Los mandatos del Señor son rectos<br />
y alegran el corazón;<br />
la norma del Señor es límpida<br />
y da luz a los ojos.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">El temor del Señor es puro<br />
y eternamente estable;<br />
los mandamientos del Señor son verdaderos<br />
y enteramente justos.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Más preciosos que el oro,<br />
más que el oro fino;<br />
más dulces que la miel<br />
de un panal que destila.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos. Oh Dios, fuente de toda bondad, fruto de un tálamo virginal<br />
tú nos salvaste y nos elevaste a la derecha del Padre.<br />
Te suplicamos, por tu gran misericordia,<br />
que, habiendo sido convertidos por tu ley,<br />
iluminados por tus preceptos<br />
e instruidos por tus palabras,<br />
merezcamos ser purificados<br />
tanto de los males que nos son ajenos<br />
como de los pecados que desconocemos</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
<div id="cmsmasters_column_612jlqvrxe" class="cmsmasters_column one_half">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">IV Domingo de Cuaresma<br />
Salmo 136</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Junto a los canales de Babilonia<br />
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;<br />
en los sauces de sus orillas<br />
colgábamos nuestras cítaras.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;<br />
nuestros opresores, a divertirlos:<br />
«Cantadnos un cantar de Sión.»</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">¡Cómo cantar un cántico del Señor<br />
en tierra extranjera!<br />
Si me olvido de ti, Jerusalén,<br />
que se me paralice la mano derecha.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Que se me pegue la lengua al paladar<br />
si no me acuerdo de ti,<br />
si no pongo a Jerusalén<br />
en la cumbre de mis alegrías.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos. Dios todo poderoso, que nos libras de toda esclavitud,<br />
concédenos cantar tus alabanzas con espiritual armonía,<br />
y así como el peso del pecado<br />
hizo antes que fuésemos desterrados,<br />
el poder de tu diestra nos dé la libertad<br />
y nos haga de nuevo ciudadanos del cielo.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
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<div id="cmsmasters_column_mff7vl737i" class="cmsmasters_column one_half">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">V Domingo de Cuaresma<br />
Salmo 50</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Misericordia, Dios mío, por tu bondad,<br />
por tu inmensa compasión borra mi culpa;<br />
lava del todo mi delito,<br />
limpia mi pecado.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oh Dios, crea en mí un corazón puro,<br />
renuévame por dentro con espíritu firme;<br />
no me arrojes lejos de tu rostro,<br />
no me quites tu santo espíritu.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Devuélveme la alegría de tu salvación,<br />
afiánzame con espíritu generoso:<br />
enseñaré a los malvados tus caminos,<br />
los pecadores volverán a ti.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos. Oh DiosTrinidad, cuyo nombre es inefable,<br />
e inagotable la misericordia,<br />
a ti, que purificas el abismo del corazón humano<br />
y haces que sea más blanco que la nieve,<br />
te pedimos que renueves en nuestro interior<br />
tu espíritu de santidad,<br />
por el que podemos cantar tus alabanzas.<br />
Fortalecidos así por un espíritu firme y magnánimo<br />
alcanzaremos las moradas eternas de la Jerusalén celestial.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
<div id="cmsmasters_column_ny5pwx027q" class="cmsmasters_column one_half">
<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h2 style="text-align: center;">VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos<br />
Salmo 21</h2>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Al verme, se burlan de mí,<br />
hacen visajes, menean la cabeza:<br />
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;<br />
que lo libre, si tanto lo quiere.»</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Me acorrala una jauría de mastines,<br />
me cerca una banda de malhechores;<br />
me taladran las manos y los pies,<br />
puedo contar mis huesos.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Se reparten mi ropa,<br />
echan a suertes mi túnica.<br />
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;<br />
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Contaré tu fama a mis hermanos,<br />
en medio de la asamblea te alabaré.<br />
Fieles del Señor, alabadlo;<br />
linaje de Jacob, glorificadlo;<br />
temedlo, linaje de Israel.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Gloria.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Oremos. Señor y Dios nuestro, misericordioso hasta el extremo,<br />
que por nosotros bajaste al seno de una virgen,<br />
fuiste condenado a muerte de cruz,<br />
taladrado por los clavos<br />
después que tus vestidos fueran repartidos a suertes,<br />
y resucitaste libre del abismo:<br />
te pedimos que no olvides este santo intercambio,<br />
ya que arrancaste a tu pueblo de las fauces del león,<br />
así como salvaste a nuestros padres que esperaron en ti.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 20px;">Por Jesucristo nuestro Señor.<br />
<strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>

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			</item>
		<item>
		<title>Letanías de la Palabra de Dios</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/letanias-de-la-palabra-de-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 12:16:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<h3 style="text-align: center;"><em><strong>(inspiradas en la Verbum Domini, de Benedicto XVI)</strong></em></h3>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que existía desde el principio</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que permanece para siempre</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que eres el fundamento de toda la realidad</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios por medio de quien fue creado todo</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que has dejado oír tu voz en los profetas</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que te preparaste un cuerpo en María</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que se ha hecho pequeña</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que te hiciste carne y acampaste entre nosotros</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que te hiciste cosustancial a nosotros</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que ofrece testimonio perenne de sí mismo</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios predicada por los apóstoles</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios en la que, confiados, echamos las redes</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios de la Nueva y Eterna Alianza</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que enmudece en el misterio de la cruz</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios encarnada, crucificada y resucitada</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que ilumina al mundo</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios en quien el Padre ya lo ha hablado todo</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que por obra del Espíritu Santo te expresas como palabra humana</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que nace del seno de la Iglesia por el Espíritu</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios dirigida al hombre</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que nos haces capaces de escuchar y responder al Padre Jesús, Palabra de Dios que nos haces capaces de afrontar la vida cotidiana</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que desenmascara el pecado para nosotros</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que el hombre reconoce en la Iglesia</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios de la que se alimentan los santos</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que tu sierva, la Iglesia, escucha</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que se hace sacramentalmente carne en la eucaristía Jesús, Palabra de Dios que forma el corazón de los ministros de la Palabra</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que es norma de vida para los consagrados</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que ayuda a los laicos a discernir la voluntad del Padre Jesús, Palabra de Dios que da vida al mundo</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios confirmada por el testimonio de los cristianos</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Jesús, Palabra de Dios que crea la comunión y es fuente de la alegría</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Oremos. Señor Jesucristo,<br />
tú eres el Verbo que te has hecho carne<br />
de manera que el seno virginal te concibiera por la sombra del Altísimo<br />
y para darte a luz no tuviera que abrirse<br />
la puerta del cuerpo materno.<br />
Acepta benigno nuestro culto en esta solemnidad<br />
y penetra bondadoso en nuestro corazón.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Que sólo tú tengas entrada a la mansión,<br />
que para ti solo hemos preparado,<br />
para que complaciéndote tú mismo<br />
en la pureza de nuestras almas<br />
te dignes ser guardián de tu propia obra<br />
y mores en ella perpetuamente. <strong>Amén</strong>.</p>
<p style="text-align: center; font-size: 22px;">Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro,<br />
que con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios,<br />
vive y reina por los siglos de los siglos. <strong>Amén</strong>.</p>
</div>
</div></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>

]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Espiritualidad litúrgica: la Cuaresma en diez pasos&#8230;</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/espiritualidad-liturgica-la-cuaresma-en-diez-pasos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 12:14:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?p=14634</guid>

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<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<p class="p1">1. ¿Qué es la Cuaresma? Es un camino que la Iglesia –no sólo tú o yo- realiza durante cuarenta días, desde el Miércoles de Ceniza hasta la celebración del Triduo Pascual, que es la fiesta más importante del año para los cristianos. En ese camino, los que estamos bautizados hacemos penitencia como preparación para la fiesta de Pascua, y oramos intensamente por los que no están bautizados pero van a ser bautizados en esa noche, en la Vigilia Pascual. Por eso, para todos es un camino de conversión, de poner lo primero a Dios, pues ponemos tantas cosas por delante de Él&#8230;</p>
<p class="p1">2. ¿Por qué empieza la Cuaresma con el rito de la imposición de la ceniza, en el Miércoles de Ceniza? La imposición de la ceniza es un antiguo rito penitencial, que servía para indicar que somos conscientes de nuestra pobreza, de que fuimos formados del polvo, del barro, y que necesitamos la ayuda de Dios para ser buenos, para ser santos, para ser algo valioso y eterno como Él es. De hecho, al imponernos la ceniza escuchamos: “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Hasta el día de nuestra muerte, tratemos de hacer las cosas como Dios quiere, para que del polvo seamos resucitados por la fuerza de la Pascua, a la vida eterna.</p>
<p class="p1">3. ¿Por qué una Cuaresma, cuarenta días? Cuarenta días ayunó Jesús en el desierto, como preparación para comenzar su tarea de anuncio del Reino de Dios. Cuarenta días ayunó Moisés antes de recibir la Ley de Dios, los Diez Mandamientos, y cuarenta días ayunó Elías antes de experimentar la presencia de Dios a su lado. Cuarenta años pasó Israel en el desierto, antes de entrar en la tierra prometida. Por eso, el número cuarenta tiene un profundo mensaje: es tiempo de preparación. ¡Piensa que luego vienen aún más, cincuenta, de celebración! Lo que viene es muy importante, y se prepara profundamente, intensamente, tal y como el Señor, y como Él tantos grandes santos, nos han enseñado en la historia de la salvación. Cuarenta no es un capricho, es reconocernos herederos, miembros de un pueblo que busca a Dios, que quiere encontrar a Dios, reconocerlo y estar con Él para siempre.</p>
<p class="p1">4. ¿Cuál es la principal propuesta que la Iglesia nos hace a los cristianos en este tiempo? Alimentarnos&#8230; con la Palabra de Dios. Así le dice Jesús a Satanás, en el evangelio: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4). Nosotros no cambiamos por iniciativa propia, la Cuaresma no es un proyecto personal, fruto de nuestra inteligencia o bondad: cambiamos porque Dios nos dirige su palabra, y por ella nos llama y nos anima a ir haciendo en nuestra vida según Él quiere. Así, no es nuestra imaginación o nuestro cálculo el que nos hace avanzar, sino leer cada día un poco de la Sagrada Escritura, y hacer silencio en lo profundo del corazón cada día con esa palabra, en cada momento, ante todo lo que vivamos.</p>
<p class="p1">5. ¿Cuáles son los elementos más característicos de la Cuaresma? La Iglesia nos propone cada año tres ejercicios a practicar, siguiendo el evangelio del mismo Miércoles de Ceniza (Mt 6, 1-18): el ayuno, la oración y la limosna. No son ejercicios de superación personal, que nos vuelvan vanidosos, son una respuesta al amor de Dios, a su misericordia con nosotros: por eso, con ellos queremos mostrar que lo primero para nosotros es el amor de Dios y el amor al prójimo. Conviene que estos tres ejercicios tengan su forma propia y peculiar en este tiempo, porque el amor no se improvisa, sino que las cosas importantes se piensan, se preparan y se ponen en práctica.</p>
<p class="p1">6. ¿Hay algunas formas más oportunas para rezar en este tiempo? Hay, sin duda, un texto por encima de todos los demás, que la Iglesia nos propone para la Cuaresma: son los relatos de la Pasión del Señor. En cualquiera de los cuatro evangelios, se nos cuenta el camino hacia la muerte de Cristo, que acepta obediente por nuestros pecados. Meditarlo durante estos cuarenta días es una forma preciosa de preparar las fiestas de Pascua. Y más aún, si vamos a visitar o a hacer compañía a alguien enfermo, leerles ese texto les ayudará a darse cuenta de lo unidos que están en su dolor a Jesús, que padeció por nosotros. Por eso, la Iglesia recomienda en Cuaresma el ejercicio delVia Crucis, siguiendo el camino de la cruz del Señor.</p>
<p class="p1">7. ¿Qué es eso del ayuno? Desde muy antiguo, los cristianos han preparado las grandes fiestas con ayunos y lecturas de la Palabra de Dios. Ayunar es hacer sitio a vivir de la Palabra de Dios, y la Iglesia lo manda, para los mayores de 18 años y menores de 60, el Miércoles de Ceniza, que tiene un sentido penitencial, y el Viernes Santo, que tiene un sentido pascual, de preparación para la fiesta. Los ayunos consisten en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche. Otra cosa distinta es la abstinencia, que la Iglesia manda desde los 14 años en adelante para todos los viernes del año (aunque se puede cambiar por otra forma de penitencia, salvo en viernes de Cuaresma, que no se puede cambiar por nada), que es una forma de recordar que en un viernes, la carne de Cristo colgó del madero por nuestros pecados. Ayunamos o nos abstenemos de comer algo como un signo, porque lo que queremos es ayunar del pecado; no tendría sentido abstenerse de comer carne, que es un esfuerzo mínimo, pero no abstenerse de juzgar o de tener envidia, esfuerzos verdaderamente valiosos.</p>
<p class="p1">8. ¿Es importante confesarse en Cuaresma? La confesión es la forma sacramental por la que manifestamos una actitud de arrepentimiento y conversión ante nuestros pecados, por eso es muy recomendable especialmente en este tiempo del año. Estaría muy bien que la preparáramos con un buen examen de conciencia, profundo, humilde, y que con ella iniciáramos la Cuaresma, para que antes de entrar en la Semana Santa (no dejándolo para el último momento, el Jueves o el Viernes Santo, con prisas), repitiéramos con la misma intensidad para preparar la fiesta de Pascua. La Cuaresma es tiempo para experimentar que el Señor nos acompaña y anima a pesar de nuestras debilidades y pecados, y que justamente por su amor, podemos encontrar las fuerzas necesarias para convertir nuestra vida a lo que Él desea que hagamos. Una Cuaresma sin confesión, sin una buena confesión, es algo raro, algo incompleto, que tiene que hacernos meditar por qué sucede eso y qué estamos buscando en este tiempo. Así que sí, la Cuaresma tiene como un elemento esencial no la ceniza, no los ramos, y sí la confesión, por encima de todo lo demás.</p>
<p class="p1">9. ¿Entonces la Cuaresma es un camino de amor? Sí, sobre todo, es un camino de amor. Dios liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto precisamente por su amor, “porque es eterna su misericordia”, y al amor se responde con amor. Convertirnos no es perfeccionarnos, no es un camino de superación, de revisión, de “puesta a punto”, tanto como un volver a lo primero, un tiempo para reconocer que Dios es lo primero y que amarlo sobre todas las cosas es lo primero que nos ha pedido. De ese amor sale una forma propia del cristiano de vivir este tiempo, que los demás notan y de la que se benefician. Pensemos en quién recibe más amor de nuestra parte en Cuaresma. Es el amor el que nos hace cambiar a lo que Dios espera de nosotros y la Iglesia necesita. Es el amor el que hace que no seamos polvo eternamente, sino hijos amados de Dios. Es el amor el que nos anima a perseverar en nuestra vida de fe. Por eso, la Cuaresma nos llama a mirar, sobre todo, el lugar que el amor a Dios y al prójimo ocupan en nuestra vida.</p>
<p class="p1">10. ¿Algún consejo más para vivir estos días? Pues sobre todo: la primera parte de la Cuaresma, las primeras semanas, las lecturas de la misa nos van a enseñar que verdaderamente necesitamos todos cambiar de vida, vivir determinadas virtudes, practicar el amor al prójimo. Vamos a intentarlo. Pero después, las últimas semanas, nos van a enseñar a caminar de la mano del Señor hacia Jerusalén, hacia su pasión. Será entonces tiempo de contemplar cómo avanza el Señor hacia la cruz, por nuestra salvación. Entonces, será Él quien haga, nosotros los que lo contemplemos. Aprovechemos la Cuaresma para aprender a no querer hacer tanto, y a saber dejarnos hacer: Dios hace nuestra salvación, y nosotros&#8230; nosotros nos preparamos para acogerla y agradecérselo.</p>
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		<title>La Cuaresma en el “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia” (Congregación del culto divino, 2001)</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/la-cuaresma-en-el-directorio-sobre-la-piedad-popular-y-la-liturgia-congregacion-del-culto-divino-2001/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 12:12:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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<p class="p1">En el tiempo de Cuaresma</p>
<p class="p1">124. La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).</p>
<p class="p1">En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.</p>
<p class="p1">125. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.</p>
<p class="p1">A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.</p>
<p class="p1">También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma- Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual. 126. La divergencia existente entre la concepción litúrgica y la visión popular de la Cuaresma, no impide que el tiempo de los «Cuarenta días» sea un espacio propicio para una interacción fecunda entre Liturgia y piedad popular.</p>
<p class="p1">Un ejemplo de esta interacción lo tenemos en el hecho de que la piedad popular favorece algunos días, algunos ejercicios de piedad y algunas actividades apostólicas y caritativas, que la misma Liturgia cuaresmal prevé y recomienda. La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un «ejercicio» que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma)</p>
<p class="p1">La veneración de Cristo crucificado</p>
<p class="p1">127. El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa In Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la «Adoración de la santa Cruz».</p>
<p class="p1">Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.</p>
<p class="p1">Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.</p>
<p class="p1">128. Las expresiones de devoción a Cristo crucificado, numerosas y variadas, adquieren un particular relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran reliquias, consideradas auténticas, del lignum Crucis. La «invención de la Cruz», acaecida según la tradición durante la primera mitad del siglo IV, con la consiguiente difusión por todo el mundo de fragmentos de la misma, objeto de grandísima veneración, determinó un aumento notable del culto a la Cruz.</p>
<p class="p1">En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.</p>
<p class="p1">No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.</p>
<p class="p1">129. El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el «Ecce homo», el Cristo vilipendiado, «con la corona de espinas y el manto de púrpura» (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn 19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición.</p>
<p class="p1">Estas expresiones de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y patrística.</p>
<p class="p1">La lectura de la Pasión del Señor</p>
<p class="p1">130. La Iglesia exhorta a los fieles a la lectura frecuente, de manera individual o comunitaria, de la Palabra de Dios. Ahora bien, no hay duda de que entre las páginas de la Biblia, la narración de la Pasión del Señor tiene un valor pastoral especial, por lo que, por ejemplo, el Ordo unctionis infirmorum eorumque pastoralis curae sugiere la lectura, en el momento de la agonía del cristiano, de la narración de la Pasión del Señor o de algún paso de la misma.</p>
<p class="p1">Durante el tiempo de Cuaresma, el amor a Cristo crucificado deberá llevar a la comunidad cristiana a preferir el miércoles y el viernes, sobre todo, para la lectura de la Pasión del Señor.</p>
<p class="p1">Esta lectura, de gran sentido doctrinal, atrae la atención de los fieles tanto por el contenido como por la estructura narrativa, y suscita en ellos sentimientos de auténtica piedad: arrepentimiento de las culpas cometidas, porque los fieles perciben que la Muerte de Cristo ha sucedido para remisión de los pecados de todo el género humano y también de los propios; compasión y solidaridad con el Inocente injustamente perseguido; gratitud por el amor infinito que Jesús, el Hermano primogénito, ha demostrado en su Pasión para con todos los hombres, sus hermanos; decisión de seguir los ejemplos de mansedumbre, paciencia, misericordia, perdón de las ofensas y abandono confiado en las manos del Padre, que Jesús dio de modo abundante y eficaz durante su Pasión.</p>
<p class="p1">Fuera de la celebración litúrgica, la lectura de la Pasión se puede «dramatizar» si es oportuno, confiando a lectores distintos los textos correspondientes a los diversos personajes; asimismo, se pueden intercalar cantos o momentos de silencio meditativo.</p>
<p class="p1">El «Vía Crucis»</p>
<p class="p1">131. Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el «huerto llamado Getsemani» (Mc 14,32) el Señor fue «presa de la angustia» (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cfr. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cfr. Jn 19,40-42).</p>
<p class="p1">Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.</p>
<p class="p1">132. El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las «caídas de Cristo» bajo el peso de la Cruz; la devoción a los «caminos dolorosos de Cristo», que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las «estaciones de Cristo», esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.</p>
<p class="p1">En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.</p>
<p class="p1">133. El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo (cfr. Lc 12,49-50) y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los últimos días de su Esposo y Señor.</p>
<p class="p1">En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23)</p>
<p class="p1">Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.</p>
<p class="p1">134. Para realizar con fruto el Vía Crucis pueden ser útiles las siguientes indicaciones:</p>
<p class="p1">&#8211; la forma tradicional, con sus catorce estaciones, se debe considerar como la forma típica de este ejercicio de piedad; sin embargo, en algunas ocasiones, no se debe excluir la sustitución de una u otra «estación» por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo, y que no se consideran en la forma tradicional;</p>
<p class="p1">&#8211; en todo caso, existen formas alternativas del Vía Crucis aprobadas por la Sede Apostólica o usadas públicamente por el Romano Pontífice: estas se deben considerar formas auténticas del mismo, que se pueden emplear según sea oportuno;</p>
<p class="p1">&#8211; el Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección; tomando como modelo la estación de la Anastasis al final del Vía Crucis de Jerusalén, se puede concluir el ejercicio de piedad con la memoria de la Resurrección del Señor.</p>
<p class="p1">135. Los textos para el Vía Crucis son innumerables. Han sido compuestos por pastores movidos por una sincera estima a este ejercicio de piedad y convencidos de su eficacia espiritual; otras veces tienen por autores a fieles laicos, eminentes por la santidad de vida, doctrina o talento literario.</p>
<p class="p1">La selección del texto, teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo, se deberá hacer considerando sobre todo las características de los que participan en el ejercicio de piedad y el principio pastoral de combinar sabiamente la continuidad y la innovación. En todo caso, serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo.</p>
<p class="p1">Un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.</p>
<p class="p1">El «Vía Matris»</p>
<p class="p1">136. Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.</p>
<p class="p1">Como Cristo es el «hombre de dolores» (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en «reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz» (Col 1,20), así María es la «mujer del dolor», que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).</p>
<p class="p1">Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los «siete dolores» de Santa MaríaVirgen.</p>
<p class="p1">Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete «estaciones», que corresponden a los «siete dolores» de la Madre del Señor.</p>
<p class="p1">137. El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.</p>
<p class="p1">El Vía Matris tiene como máxima expresión la «Piedad», tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.</p>
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		<title>Cuaresma en la “Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales” (Congregación del culto divino, 1988)</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/2024/03/13/cuaresma-en-la-carta-circular-sobre-la-preparacion-y-celebracion-de-las-fiestas-pascuales-congregacion-del-culto-divino-1988/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Mar 2024 12:10:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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<div class="cmsmasters_column_inner"><div class="cmsmasters_text">
<p class="p1">I. El tiempo de Cuaresma</p>
<p class="p1">6. «La celebración anual de la cuaresma es un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la Pascua».</p>
<p class="p1">«El tiempo de cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la «elección» y los «escrutinios», como por la catequesis; los fieles, por su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales».</p>
<p class="p1">Las celebraciones propias del tiempo de Cuaresma</p>
<p class="p1">11. Los domingos de Cuaresma tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan en estos domingos han de anticiparse al sábado. Las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias obligatorias.</p>
<p class="p1">12. Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la catequesis del misterio pascual y de los sacramentos, explicando con mayor profundidad los textos del leccionario y, de modo especial, las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del Bautismo y de los demás sacramentos, así como la misericordia de Dios.</p>
<p class="p1">13. Los pastores expondrán la Palabra de Dios, más a menudo y con mayor empeño, ya en las homilías de los días de feria, ya en las celebraciones de la Palabra de Dios, ya en las celebraciones penitenciales, ya en las predicaciones especiales propias de este tiempo, ya en las visitas que hagan a las familias o grupos de familias para su bendición anual. Los fieles participen frecuentemente a las Misas feriales, y, si no les es posible, se les invitará al menos a leer, en familia o privadamente las lecturas del día.</p>
<p class="p1">14. «El tiempo de Cuaresma conserva su carácter penitencial». «Incúlquese a los fieles por medio de la catequesis la naturaleza propia de la penitencia, que junto con las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios».</p>
<p class="p1">La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: la práctica externa de la penitencia, tanto de los individuos como de toda la comunidad ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo, sin embargo no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los hermanos.</p>
<p class="p1">No se olvide tampoco de la participación de la Iglesia en la acción penitencial, e insístase en la oración por los pecadores, introduciéndola frecuentemente en la oración universal.</p>
<p class="p1">15. Recomiéndase a los fieles una participación más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y las tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la Penitencia, y puedan así participar con el alma purificada en los misterios pascuales. Es muy conveniente que el sacramento de la Penitencia se celebre, durante el tiempo de Cuaresma, según el rito para reconciliar varios penitentes con la confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el Ritual Romano.</p>
<p class="p1">Los pastores estarán más disponibles para el ejercicio del ministerio de la reconciliación, y darán facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia ampliando los horarios para las confesiones individuales.</p>
<p class="p1">16. Todas las diversas manifestaciones de la observancia cuaresmal han de contribuir a mostrar y fomentar la vida de la Iglesia local. Por esta razón se recomienda que se mantengan y renueven las asambleas de la Iglesia local según el modelo de las antiguas «Estaciones» romanas. Estas asambleas de fieles pueden ser convocadas, especialmente presididas por el Pastor de diócesis, o junto a los sepulcros de los santos, o en las principales iglesias de la ciudad, o en los santuarios, o en otros lugares tradicionales de peregrinación que sean más frecuentados en la diócesis.</p>
<p class="p1">17. «En tiempo de Cuaresma queda prohibido adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto», como corresponde al carácter penitencial de este tiempo.</p>
<p class="p1">18. Asimismo desde el comienzo de la Cuaresma hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya en ninguna celebración, incluidas las solemnidades y las fiestas.</p>
<p class="p1">19. Los cantos de las celebraciones, y especialmente de la Misa, así como los de los ejercicios piadosos, han de ser conformes al espíritu de este tiempo y corresponder lo más posible a los textos litúrgicos.</p>
<p class="p1">Foméntense los ejercicios piadosos que responden mejor al carácter del tiempo de Cuaresma, como es el «Via Crucis», y sean imbuidos del espíritu de la liturgia, de suerte que conduzcan a los fieles a la celebración del misterio pascual de Cristo.</p>
<p class="p1">c) Elementos propios para determinados días de la Cuaresma</p>
<p class="p1">21. El miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha mantenido hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, se quiere significar la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la Penitencia, en los días que preceden a la Pascua.</p>
<p class="p1">La bendición e imposición de la ceniza se puede hacer o durante la Misa o fuera de la misma. En este caso se inicia con la liturgia de la Palabra y se concluye en la oración de los fieles.</p>
<p class="p1">22. El miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y que comporta la abstinencia y el ayuno.</p>
<p class="p1">23. El Domingo I de Cuaresma es el comienzo del venerable sacramento de la observancia cuaresmal anual. En la Misa de este día utilícense elementos que subrayen su importancia, por ejemplo la procesión de entrada con el canto de las letanías de los Santos. Es conveniente que el Obispo celebre dentro de la Misa del Domingo I de Cuaresma el rito de la elección de los catecúmenos en la iglesia catedral o en otra iglesia, de acuerdo con las exigencias pastorales.</p>
<p class="p1">24. Las perícopas evangélicas de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro, propias de los domingos III, IV y V de Cuaresma del año A, dada su importancia en relación con la iniciación cristiana, pueden leerse también en los años B y C, especialmente allí donde hay catecúmenos.</p>
<p class="p1">25. En el IV domingo de Cuaresma («Laetare»), así como en las solemnidades y fiestas, se permiten los instrumentos musicales y adornar el altar con flores. En el mencionado domingo se pueden usar ornamentos de color rosado.</p>
<p class="p1">26. La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de las iglesias, a partir del domingo V de Cuaresma, puede conservarse, a juicio de la Conferencia de los Obispos. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes santo, y las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.</p>
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