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	<title>Cuaresma &#8211; Nuestra Señora del Carmen El Plantio</title>
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		<title>Domingo V Cuaresma</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2025 18:57:39 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">¿Saben qué tienen en común países como Sudán, Nigeria, Indonesia, o Afganistán? En ellos, y siguiendo la <strong>sharía</strong> islámica, hoy las mujeres pueden ser lapidadas por adulterio. Cosas de la modernidad&#8230; por el contrario, los cristianos, una panda de retrógrados, han evangelizado medio mundo enseñando lo que aprenden en este evangelio de hoy: el <strong>perdón</strong>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El mundo en que vivimos, que ha olvidado a Cristo, ha olvidado la belleza de perdonar. ¿Tomaba en <strong>serio</strong> Jesús lo que había hecho aquella mujer o en realidad no tanto? Preguntémosle, evangelio en mano: Maestro, ¿tú qué opinas sobre el adulterio? <em>“Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”</em>. Jesús es <strong>durísimo</strong> en el evangelio con respecto al adulterio, mantiene una línea intolerante con el pecado, siempre dirá “no” al pecado, pero siempre dirá “sí” al pecador. Por eso, Jesús no aprueba lo que hizo la mujer, la perdona por el pecado cometido y a la vez le enseña que no debe hacerlo más.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Antiguamente, hoy, V Domingo de Cuaresma, comenzaba la primera semana de <strong>Pasión</strong>, y la mirada de la Iglesia ya se volvía hacia la cruz, que en muchas iglesias, en muchos de nuestros pueblos, ya se <strong>cubre</strong> hoy hasta que sea desvelada en los oficios del Viernes Santo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>“Mirad que realizo algo nuevo, está brotando, ¿no lo notáis?”</em>, decía así Isaías. Es el <strong>perdón</strong>. Lo nuevo es el perdón, que Dios nos va a dar de una forma inaudita: Cristo, el Hijo de Dios, morirá en la <strong>cruz</strong> para perdonar nuestros pecados. Lo nuevo que está brotando es que no van a <strong>pagar</strong> el pecado los culpables de cometerlo, sino el inocente. Eso es lo que va a suceder el Viernes Santo en la cruz, donde el justo será clavado para que no lo seamos los pecadores.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Al contemplar cómo Jesús le dice a la mujer adúltera <em>“tampoco yo te condeno, vete en paz”</em>, reconozco lo que Jesús va a <strong>decirme</strong> a mí el Viernes Santo. Yo he sido <strong>perdonado</strong> en la cruz de Jesús, yo he nacido de nuevo en la cruz de Jesús, yo he recibido y aprendido el perdón en la cruz de Jesús.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En esa mujer adúltera, Juan el evangelista ve a la <strong>Iglesia</strong>, y he aquí lo nuevo: como es la Iglesia la pecadora, Dios no va a condenarla, sino a perdonarla y a pagar Él por ella. El perdón siempre conlleva, en el que lo da, un sacrificio <strong>propio</strong>, un asumir un peso que era de otro.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Él actúa contra el pecado, nunca contra el pecador: actuando contra el pecado, invita a la <strong>conversión</strong> al pecador. Por el contrario, y lo vemos en el evangelio claramente, Cristo dirige toda su dureza contra aquellos que siempre <strong>critican</strong> y condenan. Ofrece su delicadeza y su misericordia a quien se reconoce pecador, pero <strong>advierte</strong> muy seriamente a quienes, bajo apariencia de estar contra el pecado, en realidad no soportan al pecador.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por eso los más <strong>ancianos</strong> son los primeros que se van, los más conscientes de cuántas veces infringen la Ley de Dios. Qué <strong>paradoja</strong>: la <strong>mujer</strong>, acusada ante todos al principio, al final es la única absuelta de su culpa, mientras que sus <strong>acusadores</strong>, que no han podido lapidarla porque ninguno está sin pecado, se alejan cargando con sus propios pecados.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Así, el evangelio de hoy es una invitación al <strong>arrepentimiento</strong> para poder recibir el perdón, arrepentimiento que conlleva un <strong>cambio</strong> de vida: <em>“En adelante no peques más”</em>. No basta con confesarnos, con escuchar de Cristo que no nos condena: sin <strong>propósito</strong> de enmienda no hay perdón.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pero ¿cómo se puede pedir “no pecar más”? ¿Cómo puede ponernos Jesús ante ese imposible? A la confesión, a la conversión, la sigue una profunda <strong>intimidad</strong> con Dios. Sólo con esa intimidad con Él rechazamos el pecado y tenemos la fuerza para hacer el bien. Jesús no plantea una <strong>perfección</strong> a base de técnicas éticas o morales, sino de querer estar en intimidad con Dios: esa <strong>relación</strong> ayudará a la mujer adúltera a rechazar el pecado, algo que no cabe cerca de Dios. ¿A mis <strong>confesiones</strong> les sigue una mayor relación con Dios? ¿Crezco en oración, en intimidad, en silencio con Dios? ¿Capto en esa actitud un rechazo al mal pensamiento, al juicio ofensivo, a la crítica disfrazada de desahogo? El perdón está a nuestro alcance; frente a los <strong>rencorosos</strong>, revanchistas, orgullosos, etiquetadores, insultones&#8230; Jesús nos ha ofrecido el perdón de Dios desde la cruz.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¿Yo soy de perdonar o de apuntar? ¿la cruz nos recuerda al perdón? Lo sabemos bien: todo aquel que no quiera perdonar <strong>perseguirá</strong> y juzgará a quien perdone y recuerde el perdón que brotó de la cruz de Jesús. Pero si la necesidad del que no quiere perdonar es <strong>eliminar</strong> la cruz del mundo y a los que en ella estamos crucificados, la necesidad del <strong>creyente</strong> es aprender el perdón <em>“hasta setenta veces siete”</em>, al jefe, a mi suegra, al que me critica y al que me decepciona, eliminando el mal, ofreciendo conversión y vida, llevando, siendo la cruz nosotros, como Jesús. Por eso, ninguna cruz <strong>sobra</strong>, en las montañas, en las casas pero, coherentemente, en nuestras vidas. La cruz <strong>construye</strong> el mundo, eliminarla lo destruye; pero la cruz mostrada en la vida, <strong>perdonando</strong> hasta la muerte, como han dado testimonio los mártires a lo largo de veintiún siglos de historia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Lo <strong>nuevo</strong> es el perdón, lo que nos hace crecer, agranda nuestro corazón y mejora el mundo, es el perdón. Seamos <strong>modernos</strong>: que Dios nos perdone siempre y haga de nosotros <strong>instrumentos</strong> de perdón.</span></p>
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		<title>Domingo IV Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/domingo-iv-cuaresma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Mar 2025 17:02:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El evangelio que acabamos de escuchar es un pasaje maravilloso que, sin embargo, deja siempre sentimientos encontrados. Si lo comentan en casa, o al salir de misa, lo podrán comprobar...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">El evangelio que acabamos de escuchar es un pasaje maravilloso que, sin embargo, deja siempre sentimientos <strong>encontrados</strong>. Si lo comentan en casa, o al salir de misa, lo podrán comprobar fácilmente. Ya le sucedía a Jesús, cuando <strong>acogía</strong> a los pecadores o comía con ellos, que en unos generaba esperanza y en otros, murmuración.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">San Lucas, aquel griego converso al cristianismo, quiere reforzar la idea de que Jesús nos ha traído la <strong>misericordia</strong> del Padre, y quiere acoger a todos en su casa, si se deciden a ir. Y eso es una gran <strong>alegría</strong> también hoy, en esta vida llena de dificultades y preocupaciones.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">De hecho, la antigua Iglesia llamaba a este domingo IV de Cuaresma, domingo de <em>laetare</em>, es decir, de la alegría. El IV domingo supone ya tres semanas completas, más de veinte días de Cuaresma, ya hemos pasado el <strong>ecuador</strong> de este tiempo, eso es una alegría. Además, antiguamente, durante la Cuaresma, sólo se hacía una <strong>comida</strong> al día. Llegaba este cuarto domingo y la Iglesia, para animar a los cristianos a perseverar, <strong>permitía</strong> hacer en él más de una comida.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por eso el <strong>salmo</strong> que hemos rezado hoy: <em>“Gustad y ved qué bueno es el Señor”</em>. El Señor nos alimenta, nos permite comer más hoy: ¡Qué bueno es! Ciertamente, nos queda ya tan <strong>lejos</strong> el Miércoles de Ceniza, aquellos primeros propósitos… ¿cómo empezamos la Cuaresma? Miramos hacia atrás y no vemos nada. Pero si miramos hacia <strong>delante</strong>, la Pascua queda lejos, aún a tres semanas… es la crisis de la <strong>mitad</strong> de la Cuaresma.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Así, la Cuaresma es imagen de la <strong>vida</strong>: a la mitad de la vida, se ha perdido ya la <strong>inocencia</strong> del principio, el pecado nos ha vencido en tantas ocasiones en nuestros buenos propósitos, hemos experimentado la decepción por nuestras malas acciones, malas respuestas, omisiones… nos hemos caído, levantado, caído… y entonces la Iglesia nos dice hoy: No ves el final, pero ya puedes <strong>comerlo</strong>. No ves la Pascua, pero mira a Israel, atraviesan el desierto, llegan a la tierra prometida, el <strong>maná</strong> se acaba y comen de verdad. Mira al <strong>hijo</strong> pródigo, alejado del Padre, separado de Dios, volvió a casa y fue revestido y alimentado: <em>“¡estaba muerto y ha revivido!”</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Existe un riesgo grande de acomodarse y <strong>parar</strong>. La vida cristiana ha venido tan a menos que existe la <strong>tentación</strong> de decir: No llego, me conformo con lo que tengo. Me quedo con el maná. Podríamos pensar: mi vida cristiana ya está <strong>hecha</strong>. Ya tengo mis compromisos hechos con Dios, para qué <strong>complicarme</strong>. Una vida que no busca avanzar, crecer, la Pascua, empieza a morir, a apagarse la fe.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Como el hijo <strong>mayor</strong> de la parábola, en casa pero perdido, no entiende dónde está, cree necesitar sus caprichos para poder sentirse hijo. Necesita una <strong>crisis</strong> claramente: la crisis no implica la necesidad de irse, como al hermano pequeño, la crisis puede venir al ver que otros vuelven, y que eso suponga un replanteamiento de la vida de fe: porque a veces nos sentimos <strong>justificados</strong> con lo que hacemos, como si tuvieran que darnos las gracias por <strong>venir</strong> a misa, por ejercer la caridad, por rezar a Dios.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Si pensamos que es así, <strong>necesitamos</strong> una crisis como la del hermano mayor, que le permita romper su <strong>imagen </strong>de sí, que no es de hijo sino de siervo, para descubrir la imagen verdadera de lo que es ser hijo, y reconocer que no hay <strong>lugar</strong> más bello en el mundo que la casa del Padre, que tendríamos que <strong>prolongar</strong> todo lo posible el estar aquí, el venir a misa sin salir huyendo, el dar <strong>gracias</strong> por tener un lugar y una facilidad para el culto, por tener hermanos que celebran con nosotros, que se alegran, porque a veces no parece que nos alegre venir. Vivimos como hijos mayores demasiado tiempo&#8230;</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Y necesitamos peregrinar, <strong>avanzar</strong>, crecer en la certeza de ser <strong>hijos</strong> amados del Padre, que vivimos en el lugar más bello del mundo por pura gracia, y que por pura gracia <em>“todo lo mío es tuyo”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Una fe en la que elegimos ser <strong>prácticos</strong> –y ser prácticos es: no estoy a gusto, <em>“dame la parte de herencia que me toca”</em>&#8211; se enfrenta de lleno con una apuesta plena por la fe: querer ser <strong>auténticos</strong>, vivir en la Iglesia, afrontar las dificultades, peregrinar, profundizar, creer más y mejor.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por otro lado, una fe vivida a <strong>medias</strong> no es una fe vivida, es una fe perdida. Un ejemplo de fe vivida a medias es: A mí, siempre aquí, <em>“nunca me has dado”</em>. Es una fe que está pensando en la <strong>recompensa</strong> constante, en el aplauso, y así no se acoge con <strong>amor</strong> el deseo de mejorar, de cambiar desde los propios errores.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pero el <strong>padre</strong> de la parábola sale al encuentro de los dos hijos, a por uno y otro, los acoge como vienen, y el encuentro genera <strong>alegría</strong>&#8230; o no. Toca elegir. Dios no quiere que vayamos a lo nuestro, ni que nos quedemos a mitad de camino. ¿Qué tengo a medias? ¿En qué tengo que implicarme? ¿Qué debo hacer más en serio?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">La vida de fe parece <strong>difícil</strong>, pero nunca nos detengamos. <strong>Perseveremos</strong> con pasos de conversión que nos acerquen a la bella <strong>santidad</strong> de la casa de Dios.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Domingo III Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/domingo-iii-cuaresma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Mar 2025 19:42:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Los medios de comunicación, la televisión, las redes sociales, nos presentan los sucesos de la vida como si de un espectáculo se tratara. Vemos a periodistas, famosos y anónimos, retratarse...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Los medios de comunicación, la televisión, las redes sociales, nos presentan los sucesos de la vida como si de un <strong>espectáculo</strong> se tratara. Vemos a periodistas, famosos y anónimos, retratarse junto a los ríos que se desbordan como si fuera algo anecdótico.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">No es algo nuevo, también <strong>Moisés</strong> decía, hace más de tres mil años: <em>“Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver por qué no se quema la zarza”</em>. Si hubiera tenido redes sociales, se habría hecho <strong>viral</strong> en poco tiempo. Pero Dios no va por lo curioso, no se deja arrastrar por lo aparente: <em>“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Así le sucede a Jesús en el <strong>evangelio</strong>: frente a la crónica negra, los sucesos que abrirían un telediario, la torre que se cae, los judíos asesinados por Pilato, Él se <strong>conmueve</strong> por el dolor ajeno y nos plantea otra forma de mirar la vida: no seamos espectadores, necesitamos captar todo el sentido de lo que sucede. Nos toca conmovernos, nos toca <strong>cambiar</strong>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Y es entonces cuando el Dios <em>“compasivo y misericordioso”</em> nos plantea la parábola de la <strong>higuera</strong> estéril: las noticias nos recuerdan que nuestro <strong>tiempo</strong> no es infinito, que -jóvenes o mayores- nuestra vida tiene fecha de caducidad, y que el dolor ajeno, el sufrimiento de los cercanos y los lejanos, es una <strong>llamada</strong> urgente a dar frutos de conversión, frutos de santidad. ¿A qué vais a esperar, a otro río que se desborde, a otra guerra?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">La conmoción de Jesús no es postureo, no es vano sentimentalismo: es acción. <em>“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante”</em>. ¿Qué nos conmueve? El tercer domingo de Cuaresma nos ofrece algo conmovedor. Dios mueve el mundo por <strong>amor</strong>. Nosotros sólo sabremos interpretar su movimiento y movernos adecuadamente cuando su amor nos conmueva.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Dios no quiere establecer con nosotros una relación por <strong>miedo</strong>. No le cae encima la torre de Siloé a los que han sido malos, no es una venganza de Dios por ser más pecadores, dice el Señor. ¿Quién es, sino el Señor, ese jardinero que todo lo que hace le parece <strong>poco</strong>? Si la higuera no da fruto, decide no cortarla y poner más amor. <strong>Nosotros</strong>, cuando no nos responden según lo esperado, ¿pensamos que hemos puesto poco amor y buscamos la manera de poner más amor? ¿o echamos la culpa a quien sea?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pero el Señor, como buen Padre, decide que si no ha convencido es porque su amor no ha bastado. Su paciencia es <strong>esperar</strong> y mejorar otro año, a ver si la higuera da fruto, no es del tipo: “A ver qué pasa este año”, sino del tipo: “Voy a poner todo lo necesario para que dé fruto”.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Todo lo necesario. Nos <strong>sigue</strong> ofreciendo, a partir de lo que sucede en el mundo, pero en la vida de la <strong>Iglesia</strong>, todo lo necesario para nuestra conversión. ¿No nos conmueve cuando, a pesar de nuestra dureza de corazón, Dios sigue poniendo a nuestro alcance nuevas llamadas a creer en Él, a vencer la opresión del pecado, a dar más y mejores frutos?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">A pesar de mis <strong>debilidades</strong>, de que soy inconstante, de mi comodidad, Él no quiere cortar, no está esperando mi pecado para cortar conmigo. Dios ve mi debilidad y me ofrece <strong>más</strong>. ¿Que no ha dado fruto una propuesta? Pues vamos a ofrecer otra. Así es el amor de Dios. Si no nos conmueve, nos seguirá ofreciendo… <strong>hasta</strong> que se acabe el tiempo, o hasta que nos demos cuenta de que es para nosotros. Todo lo que hace para que nos convirtamos, para que vivamos más confiados en Él, para que demos fruto cada día en casa, en el trabajo, en la Iglesia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Así sucede en Dios, y así quiere que suceda en nosotros. Dios espera que su acción <strong>provoque</strong> la nuestra. Cuando no nos paramos de corazón a ver lo que Dios hace, cuando no nos conmovemos, cuando el amor se debilita en nuestro corazón, surge lo contrario, la <strong>omisión</strong>. Me falta una fuerza, el amor de Dios, que me <strong>empuje</strong> a hacer el bien, a anunciar el evangelio, a entregarme en la Iglesia, a rezar cada día, a cambiar mi plan de fin de semana frívolo y lejos de Dios, a sacrificarme más por mi mujer, o mi familia, etc. Que aquí no estamos a verlas venir, sino para <strong>evangelizar</strong>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Cuántos <strong>pecados</strong> de omisión en la Iglesia hoy! Sin duda, el volumen más grande de pecados, seguramente los más graves, son los de omisión, lo que podríamos hacer y no hacemos: sin examinar, sin reconocer, sin confesar, en los que <strong>niego</strong> el amor de Dios por mí. Dejamos de hacer algo que deberíamos haber hecho y parece que no pasa nada, pero en realidad… sin conmoción, yo <strong>soy</strong> la higuera estéril. Pero Dios no se rinde, el amor de Dios no se rinde. Vuelve a la carga: <em>“conozco sus sufrimientos”</em>, decía a Moisés.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Estaría bien <strong>recuperar</strong> algo que la Iglesia siempre ha recomendado, hacer cada noche un pequeño <strong>examen</strong> de conciencia, cinco minutos, precisamente para eso, para descubrir lo que he omitido, lo que no me ha conmovido, lo que he tratado como espectáculo siendo una llamada. Cinco minutos cada noche, una verdadera conmoción.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Domingo de Ramos</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/domingo-de-ramos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Mar 2024 11:36:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En la antigua tradición cristiana, el Domingo de Ramos era una gran fiesta en honor de Cristo Rey. Las palmas, los mantos por el camino, el borrico, los cantos de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">En la antigua tradición cristiana, el Domingo de Ramos era una gran fiesta en honor de Cristo <strong>Rey</strong>. Las palmas, los mantos por el camino, el borrico, los cantos de Hosanna, eran <strong>signos</strong> que identificaban, según los profetas, la llegada de un gran Rey Mesías. A todo eso se sumaba algo fundamental: el cuándo y el dónde. <strong>Donde</strong> llegaba el Rey era a la ciudad de Dios, a Jerusalén, y llegaba a ella <strong>para</strong> celebrar la Pascua de su pueblo, la memoria del paso salvador de Dios para liberar a Israel de la esclavitud en Egipto.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Sin embargo, todos los elementos festivos que han adornado el comienzo de nuestra celebración, todos estos, se han ido <strong>oscureciendo</strong> y se han convertido en una inesperada tormenta en mitad del campo a partir de que ha comenzado la liturgia de la <strong>Palabra</strong>: <em>“Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes”</em>, así decía Isaías. El salmo insistía en el dolor y el daño: <em>“Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos”</em>. San Pablo resumía todo esto de forma preciosa: <em>“se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Una de dos, o el reinado de la procesión ha quedado en <strong>nada</strong>, se ha evaporado, o el reinado se va a ejercer de forma <strong>misteriosa</strong>: sí, se va a ejercer de forma insospechada. La <strong>victoria</strong> de Cristo no depende de grupos de poder, ni de gente influyente, ni de golpes de suerte, Cristo vence con armas insospechadas, la <strong>debilidad</strong>, la mansedumbre, la humildad. Porque la victoria de Cristo no es para este mundo, no busca el poder de este mundo tanto como instaurar el Reino de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">San Marcos destaca en el relato de la Pasión que hemos escuchado, que Jesús, cuando es puesto a prueba, <strong>callaba</strong>. Reina en el silencio. Ante las autoridades judías, ante las romanas, y ante los malhechores con los que lo crucificaron. No hace un signo, que tantas veces le pidieron, no advierte de su poder, no reclama un derecho. Jesús tiene una mirada larga, y una profunda <strong>comunión</strong> con el Padre.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, los <strong>ramos</strong> con los que festejamos, ciertamente, la victoria de Cristo, no tienen más poder en este mundo que <strong>recordarnos</strong> el camino elegido por Cristo para salvarnos. Sin más. No hay magia, ni superstición, los ramos no son una antena que capta buenas vibraciones: son un recuerdo de que Cristo será vencedor y rey cuando sea <strong>pisado</strong>, destrozado, como las olivas para hacer aceite. Para recordar eso los guardamos en casa.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Pero san Pablo nos advertía de que no solamente sucede así con Jesús en la Semana Santa, sucede así en toda su <strong>vida</strong>. Es un camino de abajamiento <strong>constante</strong>, es un camino para aprender nosotros, que tendemos a venirnos <strong>arriba</strong>, a exigir, a reclamar, a creernos más fuertes por hablar más alto o más seguido. Esta va a otro ritmo, va de otra cosa. Quien más se <strong>abaja</strong> es quien más refleja y contiene la victoria de Cristo. En mi casa, con mi familia, en mi tiempo de ocio, con lo que tengo. El grano de trigo sólo sirve si cae en tierra y muere, esa es la vida cristiana. ¿Qué tengo que aprender en estos días santos? ¿Cómo los voy a vivir?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Aprendamos a <strong>reinar</strong> con Cristo, reinando como Cristo, que deja la forma de ser fuertes de los hombres en el mayor de los ridículos, en la mayor de las vanidades siendo rey en la <strong>cruz</strong>.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Quinto Domingo de Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/quinto-domingo-de-cuaresma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Mar 2024 07:53:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Cercana ya la Semana Santa, Jesús habla hoy a sus discípulos sobre la muerte. La muerte no es un tema ajeno a nadie, y la cultura de nada y de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">Cercana ya la Semana Santa, Jesús habla hoy a sus discípulos sobre la <strong>muerte</strong>. La muerte no es un tema ajeno a nadie, y la cultura de nada y de muerte que dulcemente se nos intenta imponer, no sólo con el aborto o la eutanasia, sino con una visión de la vida utilitarista y <strong>fugaz</strong>, hacen que no debamos nosotros tampoco rehuir la conversación.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Jesús <strong>anticipaba</strong> su muerte a sus discípulos el domingo pasado, con el misterio de la cruz, hoy es aún más explícito, porque la muerte de Jesús tiene algo muy particular: que <em>“si muere, da mucho fruto”</em>. Su <strong>vida</strong> es el grano de trigo, entregada para dar mucho fruto, y su <strong>muerte</strong> una muerte vicaria: Cristo muere ocupando el lugar de otros.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Así nos recuerda el Vaticano II: <em>“Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre… Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cristo, que no ha cometido pecado, <strong>muere</strong> en la cruz, para que nosotros, que hemos cometido pecado, no padezcamos una muerte de la que no podríamos salir. Así, la victoria de Cristo sobre la muerte <strong>alcanza</strong> a todos.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, para el evangelista Juan, la muerte de Jesús es una glorificación, es <strong>triunfal</strong>, porque obtiene vida, <em>“da mucho fruto”</em>. Pero ¿<strong>cómo</strong> se vence a la muerte? Dice Jesús: <em>“El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”</em>. Esto es lo que sucede en la <strong>Pascua</strong> de Cristo, el grano de trigo cae en tierra, muere, y nos da vida.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿Qué tiene que ver con nuestra vida <strong>cotidiana</strong>? En enero del año 2001, Juan Pablo II publicó para toda la Iglesia la carta <em>Novo Millenio Ineunte</em>. En ella, respondía a la propuesta que dos <strong>griegos</strong> hacen a los apóstoles porque quieren conocer a Jesús. Decía el Papa: <em>“Como aquellos peregrinos de hace dos mil años, los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo «hablar» de Cristo, sino en cierto modo hacérselo «ver». ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio sería, además, enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La manera de ayudar a otros a ver a Jesús consiste en ser <strong>repetidores</strong> de su rostro, con nuestro testimonio, y <strong>contempladores</strong> de Jesús, que captan su presencia en la vida. Ciertamente, no se puede ser cristiano en la distancia, necesitamos estar <strong>cerca</strong> de Jesús si queremos en verdad ser sus discípulos, y eso conlleva acoger sus palabras y darles forma en nuestra vida: <em>“El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará”. </em></span></p>
<p><span style="color: #333333;">El misterio de la <strong>Pasión</strong> de Cristo, grano de trigo que cae en tierra y muere, está íntimamente unido al de la Pasión de la <strong>Iglesia</strong>. Si la entrega de Cristo queda <strong>sola</strong>, es estéril, parece sin más el sacrificio de un buen hombre, un idealista. Pero si la entrega de Cristo conlleva la <strong>aceptación</strong> de la entrega de sus discípulos, eso significa que la Iglesia ha hecho suyo ese mensaje y está dispuesta a entregarse porque Jesús es el <strong>Hijo</strong> de Dios. Aquí no buscamos buena gente, buscamos hijos de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Y los hijos de Dios, <strong>rescatados</strong> de la muerte por Cristo, estamos llamados a <strong>imitarlo</strong> afrontando la vida como respuesta a una llamada de Dios, que conlleva la muerte para <strong>pasar</strong> a la eternidad.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Nuestra vida es una <strong>vocación</strong>, Dios nos llama a ser grano de trigo que cae en tierra y muere. En el estado y <strong>momento</strong> de vida que nos encontremos, se verá el <strong>rostro</strong> de Cristo en el mundo y se expandirá su cultura de la vida, solamente si somos capaces de <strong>aceptar</strong> ser el grano de trigo que cae en tierra y muere, es decir, dispuestos a no hacer a nuestra manera y luego meter a Dios, sino dispuestos a hacer la <strong>voluntad</strong> de Dios, dando vida así alrededor, llevando a Cristo.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Hoy la Iglesia celebra el Día del <strong>seminario</strong>, la crisis vocacional que vive la Iglesia no es al sacerdocio, es a <strong>asumir</strong> la vida cristiana como un grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto abundante. No es que pronto no tendremos un cura que celebre nuestra boda o bautizo cuando queramos, es que pronto estaremos como tantos lugares en España llevan veinte años, si desde nuestra <strong>propia</strong> vida, desde nuestras casas, desde nuestras propias familias, no enseñamos a <strong>entregar</strong> la vida, en vez de a <strong>protegerla</strong> entre algodones y comodidades. Seguir a Cristo, que otros puedan <strong>ver</strong> a Jesús, se hace así. El resto son detalles secundarios. ¿Cuál es nuestra <strong>prioridad</strong> en Semana Santa? ¿Estamos pensando en vacaciones o en celebraciones? ¿En que nos sirvan o en ofrecernos?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La vida o la muerte entran en nosotros de una forma <strong>cotidiana</strong>, que Jesús pone a nuestro alcance y que nosotros podemos <strong>elegir</strong>: elijamos bien.</span></p>
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		<title>Cuarto Domingo de Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/cuarto-domingo-de-cuaresma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tanter]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Mar 2024 07:50:21 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">La Iglesia dedica cuarenta días a preparar la noche de Pascua y cincuenta días después a explicarla por el simple motivo de que cambiar <strong>inercias</strong> es muy difícil, y la Pascua supone una nueva dinámica ante la vida, realmente <strong>inspiradora</strong> ante tantas cosas que nos pasan. La liturgia de la Palabra quiere explicarnos hoy en qué consiste la <strong>misericordia</strong>, con las palabras de san Pablo: Dios <strong>responde</strong> al pecado con el amor. <em>“Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cuando vemos a alguien hacer algo <strong>mal</strong>, nos sale con mucha más facilidad juzgar, o quejarnos, o ir a contarle a alguien lo que hemos visto, que ofrecerle un <strong>bien</strong> inmerecido. Pero Dios, ante el pecado del hombre, lejos de todo eso, se <strong>entrega</strong>. Veamos los casos extremos y los cotidianos. Se deja entregar por <strong>Judas</strong>, y no le responde con un mal, sino que muere también por él; se deja entregar por Pilato, al que no responde con un mal deseo, sino que muere también por él. ¿Cuál es la <strong>respuesta</strong> de Dios al pecado del hombre? Le ofrece la vida eterna. Responde al mal a fuerza de bien. Contra el <strong>rechazo</strong> que recibe, Él ofrece salvación.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Nosotros vivimos en un mundo que rara vez acepta responder al mal con el bien. ¿<strong>Recuerdan</strong> cuál ha sido la última vez que alguien les ha hecho un mal, aunque sea pequeño, y han decidido responderle con un bien? El <strong>cambio</strong> de inercia más vital y optimista que conocemos se da en la noche de Pascua. <em>“Estando muertos, Dios nos ha hecho vivir con Cristo”</em>. En palabras de Juan: <em>“tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”</em>. Este cambio de <strong>actitud</strong> no viene de la marca de cereales del desayuno, ni del modelo de coche que tengamos, ni del sol o la lluvia de la mañana. <em>“Esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cristo no nos ha abandonado en el mal, no nos ha señalado, sino que nos <strong>ofrece</strong> la curación, pero si nosotros mismos no la queremos coger, nosotros nos juzgamos. Eso decía el evangelio de hoy. Ante el <strong>pecado</strong> del hombre, el que yo cometo y reconozco, Cristo no se <strong>separa</strong> de nosotros, como si no nos conociera. Al contrario, se <strong>acerca</strong> más, tanto como para ponerse Él en nuestro lugar y asumir la culpa que nos corresponde. Se <strong>cambia</strong> por nosotros. ¿Quién asume nuestro mal en la vida, nuestros errores? ¿Quién lo hace y <strong>calla</strong>? ¿Lo hacemos nosotros con los demás? Es una nueva dinámica, una inercia transformada.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Fíjense qué cerca estamos ya con estas lecturas del <strong>Viernes</strong> Santo, pues esto es lo que sucederá entonces. El Señor no da un paso atrás y nos dice: “Ya te lo dije”. O dos pasos atrás y nos dice: “Culpa tuya”. Se <strong>acerca</strong> a nosotros lo suficiente como para que Dios lo <strong>confunda</strong> con nosotros, que para eso se ha hecho hombre, y sube a la <strong>cruz</strong> sin decir ni pío, sin reclamar su inocencia, convencido de que hace bien. No reclama su inocencia por mí.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Y el <strong>Padre</strong> secunda el plan, deja que el Hijo se entregue y padezca en la cruz, y Él, a cambio, nos da la vida eterna. Nos da el <strong>Espíritu</strong> Santo, para que también nosotros podamos <strong>hacer</strong> como han hecho el Padre y el Hijo: podemos <strong>elegir</strong> bien. ¿A quién que nos haya hecho mal, le responderíamos con un bien? La manera <strong>humana</strong> de responder está aquí claramente <strong>mejorada</strong> por la manera cristiana: es una perspectiva nueva, que no tiene el mundo, que está en el evangelio, que se nos ha dado a nosotros, de la que nos hemos <strong>beneficiado</strong>: ¿la ofrecemos a otros?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">San <strong>Juan</strong> de la Cruz lo dice así: “Donde no hay amor, por amor y sacarás amor”. Esto es <strong>cambiar</strong> una dinámica: a un mal, otro mal, y otro, y otro… la <strong>cadena</strong> se vuelve infinita, hasta que alguien decide no dejar en evidencia al que ha hecho mal haciendo otro mal, sino eligiendo hacerle un bien. Y entonces <strong>invierte</strong> la dinámica del mundo. Sólo un un corazón lleno del amor de Dios, es capaz de no reaccionar ante un mal con un mal, sino con un bien. Pero esa gente <strong>cambia</strong> el mundo. Esa gente, que obra como Cristo ha obrado en la cruz por nosotros, le da la <strong>vuelta</strong> a este mundo cada día más malvado y egoísta, como se le da la vuelta a un calcetín, y nos <strong>ilumina</strong> a encontrar un nuevo camino.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">En el fondo, eso es la <strong>cruz</strong> de Cristo, un faro desde el que Cristo proyecta una <strong>luz</strong> para elegir y obrar bien. Es la luz de su amor. Cuando, ante las <strong>contrariedades</strong>, ante la tentación del pecado, ante el sufrimiento o la injusticia, el miedo o la amenaza, ante un fallo tras otro, desesperamos, es porque hemos bajado la cabeza y hemos <strong>dejado</strong> de ver, como la serpiente en el estandarte, la cruz. Necesitamos <strong>volver</strong> ante la cruz y dejar que nos ilumine, porque la cruz ha cambiado la inercia <strong>mortal</strong> de nuestra vida.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Es lo <strong>cristiano</strong> responder al mal con el bien. Es cristiano perdonar el mal con el bien del amor. ¿Yo vivo como cristiano? ¿<strong>Respondo</strong> al mal con el bien, al desprecio con amor? Eso es lo que hemos aprendido de Cristo, eso es ser cristiano. Que el Señor, con su cruz, nos <strong>ilumine</strong> esta semana para vivir como cristianos el camino hacia la Pascua.</span></p>
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		<title>Tercer Domingo de Cuaresma</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/31toa-2023/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LeWOBNXbfa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Mar 2024 05:00:27 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hemos terminado el primer bloque de la Cuaresma, las dos primeras semanas, con sus evangelios dominicales fijos, las tentaciones en el desierto y la transfiguración en el monte. Comenzamos hoy...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">Hemos terminado el primer bloque de la Cuaresma, las dos primeras semanas, con sus evangelios dominicales fijos, las tentaciones en el desierto y la transfiguración en el monte. Comenzamos hoy tres semanas de evangelios dominicales variables, que contienen un mensaje fundamental: Jesús <strong>anuncia</strong> en ellos su muerte y resurrección.</span></p>
<p><span style="color: #333333;"><em>“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”</em>. La purificación del templo de Jerusalén es una acción <strong>profética</strong> de Jesús, un gesto con un significado propio, el nuevo templo es su propio <strong>cuerpo</strong>: ¿Qué significa esa expresión? Que todo lo que hagamos <strong>unidos</strong> a Jesús, como miembros de su cuerpo, es oración -o debe serlo- que alaba a Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Jesús anuncia en el templo de Jerusalén que la <strong>perspectiva</strong> del templo nuevo es su propia Ley y que hay una forma nueva de <strong>relacionarse</strong> con Dios. Cuando <strong>Israel</strong> atravesó el mar Rojo, después de haber salido corriendo de Egipto en la noche, después de contemplar cómo se abrían y se cerraban las aguas para ellos, no esperaban encontrar el inmenso <strong>desierto</strong> que encontraron, nada más que arena en el horizonte. Después de que su moral subiera por las nubes con toda aquella <strong>fantasía</strong> realizada por Dios, al empezar a caminar por el desierto fácilmente todo se desmoronaba para ellos. Ya no <strong>comprendían</strong> ni cómo iba a ser su vida ni qué podían esperar de ese Dios suyo que les había liberado de forma maravillosa.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Y Dios le da a su pueblo una <strong>ley</strong>. La hemos escuchado en la primera lectura. Una ley para tener <strong>estabilidad</strong>, para saber cómo relacionarse con Él y cómo relacionarse entre ellos. Para que no echemos en saco roto todo lo que hemos vivido, para que tengamos una buena relación, sigamos esta Ley.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Al principio, Israel <strong>cuida</strong> mucho esa Ley de Dios, busca poner los medios necesarios para que todo sea según la voluntad de Dios, así <strong>pasan</strong> de los diez mandamientos a una ley de seiscientos diecinueve preceptos. Paradójicamente, cuantos más preceptos añadían, más iban <strong>revolviendo</strong> la relación con su Dios. Realmente, no hay nada nuevo bajo el sol.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cuando Jesús se presenta en el evangelio de hoy en el <strong>templo</strong> de esa forma tan curiosa, viene a mostrar que las leyes que habían creado eran abusivas, pero, sobre todo, que no <strong>llevaban</strong> a los hombres a Dios, sino a ellos mismos. El templo ya no era casa donde encontrar a Dios, sino cueva donde hacer <strong>mal</strong> y de forma autónoma bajo excusa de ser gente de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Es decir, uno podía <strong>ir</strong> al templo a las horas mandadas, hacer las oraciones propias, y ofrecer a Dios los bienes reglamentados, pero luego salir del templo y <strong>olvidarse</strong> de Dios y del prójimo, no sólo al margen de la Ley de Dios, sino además <strong>excusándose</strong> en que a Dios ya le había dado lo que debía. Realmente, no hay nada nuevo bajo el sol.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cuando, en el año 70 d.C. <strong>Tito</strong> y sus legiones destruyen el templo de Jerusalén, ya no había duda de lo que Jesús había dicho. Que Jesús sea el templo, como nos enseña san Juan, significa que nuestra vida <strong>entera</strong> es dirigida a Dios, es <strong>alabanza</strong> para gloria de su nombre, porque nosotros vivimos en Dios. Ya los antiguos decían que con el bautismo comenzaba la vida “en Cristo”. Estamos <strong>en</strong> Él trabajando, paseando, durmiendo, en misa o entre amigos, en domingo por la mañana y en viernes por la noche.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Ni siquiera el <strong>cumplimiento</strong> riguroso de algunos preceptos, tan importantes como la misa dominical o tan sencillos como el de la abstinencia cuaresmal, ni siquiera el emplear el nombre de Dios a todas horas o hacerse cruces, son <strong>suficientes</strong> para mostrar el seguimiento fiel de Jesús: es la <strong>vida</strong> la que lo demuestra. Y si reducimos la fe a un rato semanal o a un compromiso personal, íntimo, la <strong>destrucción</strong> que estamos preparando no es la del templo de Jerusalén, es la de la Iglesia.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Se puede ser obispo, monja o laico: <strong>todos</strong> vivimos, somos el templo de Jesús, y eso nos muestra una <strong>autoridad</strong> nueva, la que viene no de la Ley, sino de su cumplimiento, de la verdadera <strong>entrega</strong> de la vida como ofrenda a Dios. La autoridad de hacer lo que Dios manda, que es la autoridad del <strong>Hijo</strong>, que anuncia hoy su muerte y resurrección, es la autoridad que nos interesa: ni las medallas, ni los honores, ni los títulos; la vida, porque la vida está en un templo, no de cuatro paredes, sino de Cristo y su creación.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La relación con Dios no consiste en que yo te <strong>doy</strong> cosas y Tú me dejas hacer lo que yo quiero, o me das lo que yo quiero. La relación con Dios no es un <strong>trato</strong>: vengo a verte y haces esto, voy a misa y haces lo otro.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La <strong>entrega</strong> de Cristo manifiesta que la relación con Dios no se realiza desde actos externos, <strong>aislados</strong> de las decisiones importantes de la vida, como si la fe o la religión fueran una relación <strong>empresarial</strong>, sin efecto fuera del horario de trabajo. ¿Dónde me <strong>olvido</strong> de lo que Cristo quiere? ¿Qué palabras, críticas, quejas, no son <strong>coherentes</strong> con la entrega de la vida?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">No hay autoridad como la entrega de la vida, no hay incoherencia mayor que <strong>arrinconar</strong> la fe en un momento del día o de la semana. La Cuaresma nos pone ante nuestra vida para <strong>contrastar</strong> qué tipo de relación tenemos con Cristo y su Iglesia, porque sólo caben dos posibilidades en esto, o construimos o destruimos lo que Él ha <strong>levantado</strong> para nosotros en la cruz.00</span></p>
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