<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Pascua &#8211; Nuestra Señora del Carmen El Plantio</title>
	<atom:link href="https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/srm-categs/pascua/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Fri, 31 May 2024 19:53:21 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0</generator>
	<item>
		<title>Pentecostés</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/pentecostes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 May 2024 19:53:21 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=15009</guid>

					<description><![CDATA[“Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo” Así dice un personaje en una épica película de los años 80. El miedo intenta...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">“Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo” Así dice un personaje en una épica <strong>película</strong> de los años 80. El miedo intenta <strong>encerrarnos</strong> en nosotros mismos para mantenernos a salvo, como cuando un niño asustado se mete bajo la manta o los <strong>discípulos</strong> se encierran en la casa por lo que puedan hacerles los judíos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pero ese miedo evidencia otro miedo <strong>mayor</strong>: “¿Y si nos hemos pasado? ¿Y si nos hemos <strong>excedido</strong> siguiendo a Jesús? Igual hemos sido muy <strong>radicales</strong>, y se puede creer en Dios sin complicarse tanto la vida como hemos hecho nosotros, que ahora hasta nos persiguen. ¿Y si al final no voy a poder <strong>decidir</strong> por mí mismo, esclavo de Jesús, y voy a perder mi propia vida por haber creído en este Dios?”</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Es un miedo <strong>intemporal</strong>: ¿Podremos seguir creyendo en Dios sin que eso <strong>afecte</strong> a nuestras relaciones, a nuestra familia, a nuestra gestión del dinero, a nuestra opinión sobre la política o sobre la moral? ¿No será <strong>suficiente</strong> que recemos a Dios sin necesidad de líos ni discusiones sobre homosexualidad, o sobre vientres de alquiler o sin esto de la misa dominical? Quizás sea mejor <strong>dejar</strong> a un lado lo que pueda sentar mal a alguien, y ser como <strong>todos</strong>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pero el don del Espíritu Santo viene hoy como victoria frente al miedo. Acude en ayuda de los discípulos en la lectura de <strong>Hechos</strong> precisamente para poner a los discípulos en <strong>medio</strong> de todos los demás, <em>“partos, medos, elamitas&#8230;”</em> con lo que ellos creen y viven. El evangelio no se <strong>esconde</strong>, creer en Jesús no es <strong>intermitente</strong>, ser cristiano supone exponerse.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Cuando, en la noche de <strong>Pascua</strong>, los discípulos tienen la tentación de no salir del cenáculo, es Jesús el que aparece para infundir en ellos el don del Espíritu Santo y vencer en su interior el miedo a <strong>apostar</strong> por la fe en toda circunstancia, vencer la tentación a <strong>reducir</strong> la fe a algunos aspectos o momentos de mi vida, como un compartimento estanco.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Vivimos momentos <strong>complicados</strong> como creyentes, desde el mundo y desde la Católica, que nos pueden hacer <strong>dudar</strong> sobre nuestro objetivo: cuando uno está lejos del triunfo o cuando incluso donde esperábamos apoyo encontramos decepciones, las circunstancias nos pueden llevar a pensar en <strong>huir</strong>, en renunciar, o en dar un paso atrás y encerrarnos sectariamente, como las monjas de Belorado.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Entonces, el Espíritu Santo ayuda a <strong>descubrir</strong> la fuerza del resucitado, que ayuda al que verdaderamente ha creído en Jesús. ¿Hemos sentido la <strong>tentación</strong> de aceptar creer lo que todos para quitarnos de líos, de no decir lo que creemos para que nadie cercano nos mire <strong>raro</strong>? El Espíritu Santo quiere confortarnos y <strong>animarnos</strong> a elegir bien. Porque, en esos casos, la tentación es <strong>cambiar</strong> de objetivo, mudar lo que buscábamos en la vida, conformándonos con algo más <strong>cómodo</strong>, menos comprometedor. Y encerrarnos en nosotros mismos buscando quien nos diga lo que queremos oír, en vez de aceptar la llamada a la <strong>conversión</strong> que es la vida cristiana.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Jesús, en el evangelio de hoy, aparece para provocar en los Doce un <strong>movimiento</strong> hacia fuera, para llevar el evangelio a las plazas, y hacia dentro, para apoyarse en la fuerza de la comunidad. Creer en Jesús resucitado conlleva hablar y <strong>obrar</strong> según el evangelio siempre, conlleva también experimentar la fe con una <strong>comunidad</strong>, pues la Cabeza, Cristo, está unida a su Cuerpo, la Iglesia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">También porque es con la comunidad con la que se nos <strong>quita</strong> el miedo a pensar que nos pasamos creyendo, con la que se supera la <strong>tentación</strong> de pensar que creyendo o haciendo o yendo menos a la iglesia o con los cristianos me va a ir <strong>mejor</strong>, voy a estar más tranquilo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Hoy las religiones <strong>paganas</strong> amenazan a los cristianos con engañarnos, con <strong>cambiar</strong> nuestros actos cambiando a nuestro Dios por el dios salud, el dios bienestar, el dios igualdad, el dios respeto o el dios dinero, como en el caso de las monjas famosas. Por eso, Pentecostés es crucial hoy para nosotros, porque vence la sectaria <strong>tentación</strong> de pensar “tú a lo tuyo”, recordándonos que somos fermento de <strong>unidad</strong>, llamados a hacer según Dios, abiertos a la verdadera unidad, incluso en las dificultades.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Los antiguos cristianos decían: ¿Para qué se ha <strong>encarnado</strong> Cristo? Y respondían: Para poder <strong>enviar</strong> el Espíritu Santo. El Espíritu viene en nuestra ayuda en esta vida tan dura, viene para que no dejemos de ser lo que somos, para que seamos <strong>auténticos</strong> cristianos, viviendo en la Iglesia. El Espíritu de Dios se nos da y nos <strong>sella</strong>: no somos como todos los que van por la calle, <em>“partos, medos, elamitas…”</em> aunque lo parezcamos. Somos el <strong>fermento</strong> de la masa, la semilla de Dios que hará que Dios brote en todo el mundo, que germine en toda la sociedad, si vencemos el miedo a <strong>arriesgar</strong> y apostamos por la verdadera unidad en Dios. Los <strong>laicos</strong> estáis en el mundo no para encerraros en un templo, sino para, desde aquí, con la fuerza de Dios, <strong>transformar</strong> el mundo, dar testimonio vivo, coherente, pleno. Pero eso se hace no yendo por <strong>libre</strong>, y menos en misa, sino en comunión, trabajando y compartiendo la fe unidos.</span></p>
<p>Haciendo así, la Iglesia <strong>cumplirá</strong> su misión, pero si en la Iglesia cada uno va a lo suyo, esto se acaba, seamos laicos o monjas de clausura. Esta semana no dejemos de <strong>repetir</strong> ante cada tentación o duda: <em>“Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo”</em>. Y venceremos todo miedo, siendo libres y no esclavos, movidos por el Espíritu, no por nuestras fuerzas.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ascensión del Señor</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/ascension-del-senor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2024 15:37:02 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=15001</guid>

					<description><![CDATA[Si alguien no creyente entrara con nosotros a misa un día y escuchara que con unas palabras que decimos y con un gesto con las manos que hacemos, el pan...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">Si alguien no creyente entrara con nosotros a misa un día y escuchara que con unas <strong>palabras</strong> que decimos y con un gesto con las manos que hacemos, el pan y el vino los convertimos en otra cosa, en Cuerpo y Sangre de Cristo, fácilmente podría pensar que hemos hecho algún truco <strong>mágico</strong> o, más fácilmente, que se trata de una forma de hablar, de un <strong>engaño</strong>, porque no ha captado ninguna diferencia entre lo que veía y lo que ve. ¿Sabemos diferenciar la liturgia de la magia?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿En qué <strong>consiste</strong> la celebración de la Iglesia? ¿Qué hacemos aquí? ¿Qué hay de real y qué de ficción? ¿Es una superstición que sólo se supera siendo más <strong>inteligentes</strong>, leyendo más, renunciando a pensar en misa?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La solemnidad de la <strong>Ascensión</strong> que hoy celebramos es el <strong>fundamento</strong> de la diferencia entre la magia y la liturgia. Con su Ascensión al cielo, es decir, a la derecha del Padre, Jesús avisa a los discípulos de que se ha <strong>acabado</strong> el tiempo de verlo como hombre, de tratarlo como hombre, y ha comenzado el tiempo de reconocerlo como “Señor y Mesías”.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Ya no nos <strong>encontramos</strong> con Jesús como aquellos pescadores, ahora nos lo encontramos por medio de signos y palabras. Con su Ascensión al cielo comienza el <strong>tiempo</strong> de la liturgia; hasta entonces no habían existido ni la liturgia ni los sacramentos, cuando Cristo sube al cielo para enviar su Espíritu Santo, <strong>comienza</strong> un tiempo en el que vivimos por la fe.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿Vivir por la fe significa entrar en misa para no <strong>pensar</strong>? Justo es todo lo contrario. Para venir a misa tenemos que poner toda nuestra <strong>inteligencia</strong> en práctica para comprender que, tras cada palabra y cada signo, se encuentra Jesús. Para comprender cómo nos relacionamos con Jesús después de su ascensión no se puede dejar de lado nuestra capacidad de razonar, no basta con los <strong>sentidos</strong>, ni con el corazón, necesitamos aprender a <strong>traducir</strong> lo que sí sucede, o parecerá que hacemos una especie de rito social, supersticioso, vacío e inculto.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La liturgia <strong>sería</strong> magia si la hiciera solo el sacerdote, como una actuación, o el sacerdote con los fieles, un gran espectáculo, novedoso, divertido, gracioso. Pero no, la liturgia es <strong>misterio</strong> porque Cristo está presente en ella, pero por signos y palabras. Y ahí tiene sentido la <strong>fiesta</strong> de hoy: en su Ascensión, Cristo ha subido a la derecha del Padre para, desde allí, hacerse <strong>presente</strong> aquí enviando su Espíritu Santo, y hacer así que aquí todo sea <strong>real</strong>: Cristo, decía el evangelio, a la derecha de Dios, <em>“cooperaba confirmando la palabra con las señales que lo acompañaban”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Así, por su Ascensión, el cielo y la tierra se <strong>comunican</strong>. Las palabras del Señor en el evangelio nos dan la <strong>seguridad</strong> de la presencia de Cristo allí y aquí: <em>“El Señor esté <strong>con</strong> vosotros”</em>, repetimos una y otra vez, con lo que la cuestión es: ¿qué <strong>hacemos</strong> aquí? Nos <strong>unimos</strong> en la tierra a la alabanza que se está realizando en el cielo.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Como la Ascensión para los discípulos, la misa es el <strong>principio</strong> de una vida de evangelización, de santidad, de hacer las cosas con Dios, pero sobre todo para una vida <strong>eterna</strong>. San Pablo lo decía en la segunda lectura: <em>“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Todo eso se nos <strong>desvela</strong> en la Ascensión del Señor. Por eso, la misa no tiene que <strong>divertirme</strong>, ni que sorprenderme, ni que decirme algo que no sé o que responder a lo que me inquieta: nos tiene que servir para crecer cada día en la <strong>conciencia</strong> de lo que Dios nos da y de lo que nos espera en el cielo, para <strong>acoger</strong> que nos transforme en santos y para animarnos a querer vivir como tales. ¿Con qué <strong>objetivos</strong> vengo a misa?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La liturgia nos da la certeza de que el Señor se hace <strong>presente</strong> en la historia hoy, de que la historia de Cristo no es algo que se guarda como un recuerdo en nuestro corazón, sino que estamos ante un <strong>misterio</strong>: Jesús está junto al Padre, pero como para ir allí ha pasado por hacerse <strong>hombre</strong>, en misa nos <strong>atrae</strong> hacia sí, para que queramos estar con Él, plenamente, y para que aquí vivamos en su voluntad, con Él, santamente.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La celebración de la Iglesia no va de gestos <strong>emotivos</strong> que nos toquen el corazón, ni de cosas diferentes, <strong>bonitas</strong>, impactantes. Eso es lo que Jesús enseña a los discípulos, que no va de eso. Va de <strong>asomarnos</strong>, humildemente, al cielo, va de llenarnos de lo que vemos allí para poder afrontar mejor lo que vemos aquí. Y si no venimos con ganas de traducir, de usar la <strong>inteligencia</strong>, nos conformaremos con creer que aquí se hace magia o que <strong>cumplimos</strong>: ¿cumplimos con el Dios eterno viniendo media hora? Y nada de eso: aquí se nos confirma que el Dios que se fue se queda con nosotros para prepararnos para el cielo.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿Pongo lo mejor de mí cuando <strong>vengo</strong> a misa? ¿Qué me queda de la misa el resto del día? Que el Señor nos ayude a ver bien lo que hacemos aquí, para que no nos quedemos como aquellos galileos, <strong>mirando</strong> al cielo, sin saber bien qué miramos, sino que descubramos a Dios que, desde el cielo, nos llama a vivir en <strong>santidad</strong> todos los días, ofreciendo a otros el Evangelio.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sexto Domingo de Pascua</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/sexto-domingo-de-pascua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 May 2024 11:11:55 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=14987</guid>

					<description><![CDATA[¿Se han fijado? ¿No les ha llamado nada la atención así, de golpe, al escuchar estas lecturas? Solamente entre la segunda lectura y el evangelio, hasta veinte veces ha aparecido...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">¿Se han fijado? ¿No les ha llamado nada la atención así, de golpe, al escuchar estas lecturas? Solamente entre la segunda lectura y el evangelio, hasta <strong>veinte</strong> veces ha aparecido la palabra “amor” y el verbo “amar”. La síntesis de todas ellas la decía Jesús en el evangelio: <em>“Permaneced en mi amor”</em>, que es la <strong>continuación</strong> del evangelio del domingo pasado, la vid y los sarmientos: <em>“permaneced en mí y yo en vosotros”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Frente a la <strong>tentación</strong>, que igual nos vence en ocasiones, de entender la religión como un elemento <strong>folclórico</strong>, únicamente cultural, o de entenderla como un negocio, un <strong>mercadeo</strong>, de darle a Dios unas cosas a cambio de que nos consiga otras, o de entenderla como una relación <strong>establecida</strong> entre mandamientos que nos da y derechos que adquirimos, la religión cristiana se <strong>caracteriza</strong> por el amor.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Así que, si pensábamos en la religión como en una realidad entre otras, una actividad dominical entre otras, la definición que Juan nos da en estas lecturas, es que la religión es una cuestión de verdadera <strong>necesidad</strong>: san Juan Pablo II decía que “el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (RH 10).</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por eso el tiempo del año en el que la Iglesia nos explica qué es el amor y por qué la religión cristiana es una relación de amor, es el tiempo de <strong>Pascua</strong>, y se debe a que Cristo nos ha ofrecido su amor de una forma concreta, <strong>gráfica</strong>, en el misterio de su muerte y resurrección, que suceden por nosotros, para nuestra salvación.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por eso, el amor no es un <strong>sentimiento</strong> variable, que apetece o no apetece, sino que es una <strong>disposición</strong> permanente, que supera todas las dificultades y debilidades, porque se ha manifestado así en el <strong>sacrificio</strong> de Cristo en la Cruz: <em>“No se haga mi voluntad sino la tuya”</em>. Solamente quien afronta el amor así, no como un derecho, no como un capricho, no como un entretenimiento, comprende el sentido más profundo del amor: <strong>revelar</strong> cómo Dios nos trata a nosotros. Yo te quiero porque Dios me quiere, y para que veas que a ti también te quiere.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El amor de Dios es seguridad, es <strong>estabilidad</strong>, y eso es un ancla ante tantas idas y venidas que tiene la vida, ante tantas amenazas, chantajes, abusos o trampas que muchas veces se <strong>justifican</strong> en el nombre del amor. En el nombre del amor encontramos <strong>firmeza</strong> ante las sacudidas, ante las rachas mejores o peores.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El amor de Dios, el amor verdadero, se pone a <strong>prueba</strong> en la vida; eso es lo que Juan quiere enseñarnos en la segunda lectura y en el evangelio. El amor no es una poesía, ni una canción, es una <strong>experiencia</strong> feliz y permanente, y Juan la ha vivido. Por eso su empeño en explicarlo: el <strong>cristiano</strong> es aquel que ha experimentado el amor de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Es necesaria, entonces, una experiencia de <strong>intimidad</strong> con Dios, pero de “intimidad comunitaria”, no a escondidas, sino en la Iglesia: frente a la superficialidad del mundo, la experiencia profunda de la fe no busca la moda, no es algo que todos quieren. Es algo para los espíritus sutiles y sencillos, delicados y valientes.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Tendremos que preguntarnos si nosotros mismos <strong>buscamos</strong> esa experiencia concreta de intimidad, de escucha, de aprender de Dios en la vida de la Iglesia, y si las cosas más de Dios las hacemos buscando esa intimidad eclesial o nos las <strong>quitamos</strong> de encima de cualquier manera, como una misa mal vivida o una oración sin interés.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Esa relación en intimidad, en obediencia a Dios, no es idea nuestra, no es nuestro deseo de silencio, de oración, de paz, sino que <strong>nace</strong> de Dios: <em>“no me escogisteis vosotros a mí, yo os escogí a vosotros”</em>, nos advierte de quién tiene la <strong>iniciativa</strong> en esa relación, quién la dirige, quién la llena de sentido, no nosotros y nuestras cosas, sino el Señor.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Decía san Juan en la segunda lectura: <em>“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados”</em>. ¿Qué significa esto? ¿Qué <strong>forma</strong> tiene ese amor de Dios por mí? Amor como entrega al otro, como asumir sus errores, como perdón, como dar vida, como regalo, no como derecho.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Esta realidad sigue <strong>vigente</strong>, por mucho que nuestro mundo quiera devaluar y convertir el amor en una excusa para vanidades o para decisiones políticas, mientras la Iglesia, mientras los cristianos, <strong>hablemos</strong> de Jesucristo a otros y sigamos participando en el banquete de ese amor, que es la <strong>misa</strong>, cada domingo. Aquí se nos da el fruto de ese amor, así que tendremos que ser serios y mirar cómo entramos y salimos de misa. En hora, centrados, recogidos, con las lecturas y el corazón preparados. Al menos así. ¿<strong>Acepto</strong> ese amor de Dios? ¿Lo acepto como es, o lo convierto en negocio? Y, ¿quién recibe ese amor? ¿A quién <strong>ofrezco</strong> la estabilidad que recibo de Dios? ¿Experimento cómo el amor de Dios me <strong>sumerge</strong> en la Pascua de Cristo, me da de su muerte para darme de su resurrección?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Hoy la Palabra de Dios nos invita a no afrontar la religión con frivolidad, sino como <strong>relación</strong> estable con Dios para dar vida a otros, como hace la vid con los sarmientos.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Buen Pastor</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/el-buen-pastor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Apr 2024 08:35:48 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=14969</guid>

					<description><![CDATA[Aunque la figura del pastor divino hoy no esté muy de moda ni resulte especialmente llamativa, para los primeros cristianos siempre fue una imagen fundamental, de lo más reconfortante para...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">Aunque la figura del pastor divino hoy no esté muy de moda ni resulte especialmente llamativa, para los primeros cristianos siempre fue una imagen fundamental, de lo más <strong>reconfortante</strong> para explicar lo nuclear de la fe, por eso siempre la liturgia la propone en el tiempo de Pascua. <em>“Yo soy el Buen Pastor”</em>, dice el Señor en el evangelio de hoy.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Para todo el antiguo Israel, en Oriente Medio, y en Grecia, el <strong>rey</strong> era el pastor de su pueblo, el jefe del pueblo debe tener la misma <strong>solicitud</strong> hacia los suyos que el pastor divino, debe conducirlos a Dios. El buen pastor no da a las ovejas lo que estas <strong>quieren</strong>, esta es una comprensión posmoderna de lo que es un pastor, el buen pastor las <strong>conduce</strong> a verdes praderas, guía al pueblo de Dios al Paraíso. El buen pastor ofrece la <strong>gracia</strong> de Dios para que la libertad del hombre siga a la gracia, para que la oveja obedezca a la voz del pastor, que la conoce, no para someter la gracia de Dios al capricho de los hombres.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Sin embargo, ¿cómo ha conseguido Cristo esa <strong>autoridad</strong> de buen pastor? ¿por qué su empeño en pastorearnos, a pesar de nuestra negativa? ¿de dónde saca esa capacidad para pastorear, para pedir a otros que vayan tras él, que le crean y, en el colmo de la osadía, que le obedezcan? <em>“Yo doy mi vida por las ovejas”</em>, dice. Está tan convencido del evangelio que hasta dio la vida por ello. Jesús ofrece una <strong>coherencia</strong> entre su vida y su muerte. La mejor forma de querer decir a otros lo que han de hacer, es evidente, pasa por un testimonio que se da con la propia vida, con el <strong>ejemplo</strong>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Esa coherencia suya tiene una sorpresa en su interior. Dicho por Él mismo en el evangelio: <em>“Tengo poder para entregarla… y tengo poder para recuperarla”</em>. Jesús no sólo muere por su anuncio, <strong>resucita</strong> por ello: en Él no hay sólo coherencia, hay también <strong>verdad</strong>. Hay gente coherente en muchos lugares, buenos y malos. La coherencia, para merecer del todo la pena, ha de ponerse, como hace Jesús, en la verdad.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, Jesús es buen pastor no sólo porque no abandona a sus ovejas ante el pecado, el peligro o la muerte, sino porque, además, <strong>ofrece</strong> vida eterna. No es sólo que Jesús haya sido <em>“la piedra desechada por los arquitectos”</em>, sino que se ha convertido en piedra <strong>angular</strong>. Pastores hay muchos, pero buenos, que conduzcan a la verdad, está Jesús resucitado. Él nos conduce a la vida eterna pasando Él por la muerte. El pastor acepta ser <strong>víctima</strong>, se convierte en el chivo expiatorio que carga con nuestros pecados, y desde el silencio y la <strong>obediencia</strong> manifiesta la santidad de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Así, ha <strong>sublimado</strong> la antigua figura del pastor. Cristo ha cumplido verdaderamente el mito de Orfeo, no ha <strong>bajado</strong> a los infiernos a rescatar a Eurídice de la muerte, sino a toda la humanidad perdida por el pecado, no ha hecho una trampa para bajar <strong>vivo</strong> al Hades, ha entrado en la muerte entregando la propia vida por nosotros. Por eso, aunque pueda parecer <strong>piedra</strong> desechada, en realidad se ha manifestado como necesario.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cada día <strong>necesitamos</strong> su salvación, su vida, cada día necesitamos ser <strong>pastoreados</strong> por Él. Los cristianos no mostramos que sea necesario un buen pastor si nos <strong>conformamos</strong> en nuestra vida de fe, si ya la hemos limitado, <strong>encajonado</strong> en ritos a nuestra manera. Entonces no somos pastoreados, somos oveja perdida y, lo que es peor, <strong>convencida</strong> de que no es así.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Pero dice san <strong>Ambrosio</strong> de Milán, en su comentario al Salmo 118: “Ven, Señor Jesús, ven a buscar a tu servidor, ven a buscar a tu oveja fatigada, ven pastor… Ven sin hacerte ayudar, sin hacerte anunciar; hace tiempo que espero tu venida. Sé que vendrás, pues “no he olvidado tu voluntad”. Ven sin vara, sólo con tu amor y tu espíritu de dulzura. No dudes en dejar en las montañas a tus noventa y nueve ovejas, pues las que están en las montañas no pueden ser atacadas por lobos rapaces… Ven a mí que soy acechado por los ataques de lobos peligrosos. Ven a mí, que, expulsado del Paraíso, soy probado por las mordeduras y el veneno de la serpiente y me he extraviado lejos del rebaño de arriba. Pues también a mí, tú me habías colocado allá arriba, pero los lobos de la noche me han alejado del redil… Llévame sobre tu cruz que es la salvación de los que están extraviados, que es el único reposo de los fatigados, la única en quien vivirán todos los que mueren”.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿Me dejo <strong>pastorear</strong>? ¿Experimento la tentación de decirle a Dios que “ya”, que es suficiente? O me repito cada día, a cada propuesta de ser llevado, que yo <strong>ya</strong> sé, que yo ya tengo, que yo ya hago… eso es decirle, no a Dios, sino al mundo, a los que me ven, que <strong>no</strong> necesitamos pastor, sino esclavo, que no necesitamos a Dios, sino a quien nos obedezca.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Así, podemos creer que el <strong>cura</strong> bueno es el que me da lo que yo quiero, lo que entiendo que necesito, el que me sigue la propuesta; y no: el cura bueno es el que me <strong>contrasta</strong>, el que me ayuda a elegir a Jesucristo, a ir al cielo, a hacer su camino de obediencia.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La Iglesia necesita aprender un <strong>camino</strong> de obediencia y santidad, y sin esta elección, todo es superficial y caprichoso. Pidamos luz al Señor para ver cada día que necesitamos ser pastoreados por su <strong>gracia</strong>, no a nuestro gusto, sí hacia el Paraíso.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Domingo de la Divina Misericordia</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/domingo-de-la-divina-misericordia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Apr 2024 20:45:20 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=14952</guid>

					<description><![CDATA[La relación de Jesús con sus discípulos sufre un punto y aparte en el evangelio que acabamos de escuchar. Como la energía, las relaciones no se crean ni se destruyen,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">La relación de Jesús con sus discípulos sufre un punto y aparte en el evangelio que acabamos de escuchar. Como la energía, las relaciones no se crean ni se destruyen, sólo se <strong>transforman</strong>, y Jesús va a transformar la relación con los suyos después de <strong>aparecer</strong> por dos veces ante ellos en el cenáculo. Hasta hoy, Jesús les decía: <em>“bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron”</em>. Pero, a partir de ahora, <em>“bienaventurados los que crean sin haber visto”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Este evangelio en el que unos ven y otro no ve, unos creen porque han visto y otro quiere creer pero necesita ayuda para ello, no puede creer sin ver, sino que necesita apoyo para poder realizar su deseo, marca el <strong>final</strong> de una etapa; hasta aquí ha llegado el tiempo de los <strong>testigos</strong>, y ahora empieza el tiempo de los <strong>creyentes</strong>. Los testigos son los que han tenido una relación natural con Jesús, los creyentes somos los que tenemos una relación sobrenatural con Jesús.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Una de las dificultades para los cristianos es <strong>empeñarnos</strong> en vivir las cosas con Jesús de forma <strong>natural</strong>, en vivir los sacramentos de forma natural, como quien hace cualquier otra cosa, cuando suponen un tipo de relación totalmente diferente, basado precisamente en lo que <strong>no</strong> vemos, y nos empeñamos en fiarnos de lo que vemos, en montar <strong>espectáculos</strong> visuales que nos engañan más que nos dan testimonio de la verdad.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Los discípulos ofrecen a Tomás la ayuda necesaria, pero Tomás aún se resiste: él ha sido un testigo, necesita seguirlo siendo, <strong>necesita</strong> la resurrección como parte de su testimonio. Nosotros no. Nosotros <strong>creemos</strong> en el testimonio de aquellos primeros testigos que nos dicen: <em>“Hemos visto al Señor”</em>. Y en la fe de aquellos, <strong>venimos</strong> a los sacramentos, no a un espectáculo.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">¿En qué consiste la divina <strong>misericordia</strong> de Dios con nosotros? Nos lo decía la oración primera de la misa: <em>“Dios de misericordia infinita, que reafirmas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido”</em>. Su misericordia es que de su corazón abierto han <strong>brotado</strong> los sacramentos, dones de su gracia, en los que <strong>reconocemos</strong> al Señor, no lo vemos, pero creemos, y por eso somos bienaventurados.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, no se puede vivir una relación con Jesús si no es en la vida de la <strong>Iglesia</strong>. No se puede conocer a Jesús si no es en la vida de la Iglesia, ni se puede creer a Jesús sin la vida de la Iglesia. La referencia a la <strong>comunidad</strong> cristiana en la primera lectura se ve reafirmada en el evangelio de hoy: Tomás necesita al Señor, pero también necesita el testimonio de los discípulos, la primera comunidad, el núcleo más cercano a Jesús, para creer en Él. Hoy ya no se puede creer ni vivir como creyentes <strong>sin</strong> la Iglesia, nos guste esta mucho o poco.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Decía Benedicto XVI: <em>“Permitidme que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros”</em>. No sólo si creo en Jesús no puedo ir por mi cuenta, sino que si <strong>quiero</strong> creer en Jesús no puedo ir por mi cuenta.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Mi párroco, el Papa, la monja del colegio, el cristiano de la casa de al lado o mi padre serán unos cristianos más o menos <strong>ejemplares</strong>, como lo eran Pedro, Juan o Tomás, pero al <strong>margen</strong> de la Iglesia no hay fe, hay superstición, con capa de religión o sin ella.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Y eso significa no que me sé el <strong>Credo</strong>, sino que lo sé explicar y lo creo a pies juntillas; significa que <strong>celebro</strong> los sacramentos con la Iglesia, no a mi bola, los celebro enteros y como la Iglesia manda, no a mi manera; significa que <strong>vivo</strong> como la Iglesia enseña, ya se trate de compartir mis bienes o mi tiempo, de no derrochar lo que tengo, de defender la vida, de la visión de la Iglesia sobre las relaciones prematrimoniales o los métodos de reproducción sexual, de vivir el ocio en cristiano, de la caridad con el prójimo, de no hablar de otros a sus espaldas para criticar, de perdonar o pedir perdón, o de no hacer acepción de personas.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">He ahí nuestro <strong>ser</strong> Iglesia, nuestro testimonio de Jesucristo, independientemente de que este <strong>convenza</strong> o no, que tampoco los once en el cenáculo consiguieron convencer a su propio amigo a pesar de estar una semana entera con él diciéndole que habían visto al Señor. ¿Cómo es mi vida en la Iglesia? ¿Mi fe busca ser <strong>coherente</strong> o es aparente? ¿Busco el <strong>consuelo</strong> en lo sensible o me fío de la Iglesia a pesar de lo que no veo o no siento?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Ha pasado el tiempo de lo <strong>inmediato</strong>, pasó de moda hace dos mil años: hoy, creer en Jesús, es <strong>por</strong> la Iglesia, y se hace como Él ha dejado, <em>“porque es eterna su misericordia”</em>.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Domingo de Resurrección</title>
		<link>https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/sermon/domingo-de-resurreccion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[belen]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Apr 2024 10:08:02 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://parroquiaelplantio.archimadrid.es/?post_type=sermon&#038;p=14945</guid>

					<description><![CDATA[Decía en el siglo IV san Juan Crisóstomo: “¿Por qué estaban los lienzos colocados a un lado y el pañuelo doblado en otro? Para que te dieras cuenta de que...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #333333;">Decía en el siglo IV san Juan Crisóstomo: <em>“¿Por qué estaban los lienzos colocados a un lado y el pañuelo doblado en otro? Para que te dieras cuenta de que no fue labor de hombres con prisa o nervios poner los paños en un lugar y el pañuelo en otro”</em>. Ningún hombre ha hecho esto que ven María, Pedro y Juan.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, con lo que ven y con lo que no ven, Juan <strong>cree</strong>. Los signos nos animan a creer, a dar el <strong>salto</strong> de la fe, nos sitúan ante una frontera de libertad nueva, desconocida, no sometida a lo que vemos, sino capaz de <strong>llevarnos</strong> de lo que vemos a lo que escapa a nuestra vista pero es regido por el único que es: el autor de la escena que Juan contempla en el evangelio de hoy.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Solamente la <strong>fe</strong> permite a Juan descubrir que se encuentra ante algo <strong>nuevo</strong>, un avance superior para el hombre y su existencia, incomparable, inalcanzable para un desarrollo científico fuera de la <strong>imaginación</strong> de aquel joven pescador: existe un poder <strong>transformador</strong> en el mundo que no viene de los hombres, viene de Dios.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">La <strong>resurrección</strong> de Jesucristo supone un nuevo paradigma desde el que entender la vida, uno que Jesús ya nos había dejado hace quince días: <em>“En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”</em>. No es difícil pensar que, cuando Juan escribió eso, tenía en su mente la <strong>imagen</strong> imborrable del sepulcro vacío.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Podía haber estado vacío por muchas causas, pero ya el Crisóstomo nos orientaba. El poder de resucitar de Dios <strong>destruye</strong> el límite de esta vida, la idea de que esto es lo mejor que podemos tener, de que hay que <strong>ambicionar</strong> en el presente porque no hay futuro: el mundo considera que para ser <strong>eternos</strong> hay que cuidarse mucho y dieta sana. Reservarse. O hacer algo muy grande o ser famosos, aunque sea por algo malo.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Jesucristo nos ofrece una gran novedad: para ser eternos sólo hay que <strong>entregarse</strong> confiadamente a Dios. El Espíritu Santo, “Señor y dador de vida”, ha resucitado al Hijo de Dios por voluntad del Padre. El que ha conseguido una vida, eterna y diferente, ha sido el Señor. <em>“Es el Señor quien lo ha hecho, su diestra es excelsa. Ha sido un milagro patente”</em>.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por eso, en la mañana de Pascua, la Iglesia aprende a <strong>contemplar</strong> todo lo creado de una forma nueva, es una nueva creación, la luz, las criaturas, el hombre, todo ha sido <strong>renovado</strong> porque lo que parecía poder era vano, lo que parecía fuerte, la muerte, era débil, lo que parecía débil, el hombre, ahora puede ser eterno por Cristo. Nuestra vida se enfrenta ahora a una <strong>lucha</strong> constante entre vivir sin fe, vivir sin Pascua, vivir sin el Resucitado, o ver los signos y creer, la vida <strong>nueva</strong> que ridiculiza nuestra ambición y le ofrece la libertad de <strong>seguir</strong> al Señor viviente, al Señor de la historia.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Juan entendió que la tumba vacía, las sábanas… estaban ahí por mano de Dios, y que era de su <strong>incumbencia</strong>. Que ya no se podía desentender. Él, pobre pecador, no podía vivir al margen de Jesús. Y nos lo cuenta porque así espera Dios que nos suceda a nosotros… Cristo tiene el poder de transformar las vidas, de <strong>convertir</strong> vidas de muerte en vidas eternas, vidas sin esperanza, como aquella mujer y aquellos discípulos, en <strong>testigos</strong>, personas de esperanza, personas de Pascua.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Cristo nos pone ante un montón de cosas que nos vienen <strong>mal</strong>, que no nos encajan, que nos exigen lo que no esperábamos, como un sepulcro vacío, y nos plantea <strong>mirarlas</strong> desde la fe. Y entonces, a ver le seguirá creer. Y a creer le seguirá una vida nueva. Así, los antiguos cristianos, comprenden que si <strong>maravilloso</strong> fue el poder creador de Dios, mucho más maravilloso, insuperable, es su poder recreador. El poder de hacer <strong>nuevas</strong> las cosas, las intenciones, las relaciones, las personas, el poder de mejorarlas.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Tenemos ante nosotros un <strong>sepulcro</strong> vacío: ahora, ¿aceptamos que Dios lo domina todo, la vida y la muerte, o nos enfadamos? ¿aceptamos que Dios nos llama a recrear nuestra vida, o seguimos como si nada? ¿nos dejamos recrear, recrear nuestras palabras, nuestros hábitos, nuestras comodidades, nuestra perspectiva, o seguimos pensando que <strong>nada</strong> ha cambiado? Si maravilloso fue el poder creador de Dios, aún más maravilloso es su poder recreador, que se ha mostrado en el día de Pascua. ¿Cómo hemos vivido estos <strong>días</strong> santos? Ante el sepulcro vacío, ¿nos han merecido la pena?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Nuestra vida es <strong>pasajera</strong>, también nos alcanzará, un día, un sepulcro: ¿Vamos, como Juan, bautizados, <strong>creyentes</strong>, o aferrados a nosotros mismos? ¿Qué <strong>retrasa</strong> mi vida de discípulo? ¿Qué hace mi andar más lento? Las cosas no resucitan, resucitan los <strong>bautizados</strong>: ese es el mensaje de la Pascua. También en nuestro último día habrá un sepulcro vacío. Al ver el sepulcro del Señor vacío, Juan creyó que también su sepulcro se vaciaría el último día. Que la <strong>muerte</strong> había perdido su poder. Que ahora todo era diferente, que las <strong>prioridades</strong> cambiaban, que el Señor iba a ser lo primero. ¿Qué no tiene que ser lo primero?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">No os <strong>quedéis</strong> en el sepulcro, que está vacío, ni en tantas realidades aparentes, están vacías. <strong>Elegid</strong> lo primero al Señor, sin disimulo, confiad en Él y dad <strong>testimonio</strong> del que vive. Desde hoy.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
